
Sucre, 2 de abril de 2025 (ANF).- Emanuel cumplirá 10 años este 15 de abril. Su padre, Mario, dice que lo celebrarán en casa, con una torta sin gluten y sin lácteos, porque la alimentación de su hijo es parte de un delicado equilibrio que debe mantener mes a mes. "Cuidar a un niño con autismo te puede costar mucho dinero, más de Bs 3.500 al mes", explica.
Entre la fisioterapia, las consultas con el audiólogo, el psicólogo conductual y el psiquiatra, además de la medicación y una dieta especializada, la suma se acumula como una obligación silenciosa.
Emanuel vive con Trastorno del Espectro Autista (TEA), una condición que lo hace ver y sentir el mundo de manera distinta. No es una enfermedad, ni algo que se cura. "No es contagiosa", recalca la psicóloga Gabriela Gantier. "Así nacen las personas. Hasta ahora, no hemos encontrado un origen exacto ni una causa específica".
Mario y su hijo viven en Tarija. En una ciudad que avanza entre el bullicio y las tradiciones, Emanuel encuentra refugio en la rutina. Le gustan los patrones, las luces suaves y el orden. "Si algo le incomoda, es mejor evitarlo", aconseja Gantier.
Subrayando la importancia de conocer las sensibilidades de cada persona con TEA. “Cada uno tiene características diferentes. Algunos niños tienen inteligencia bastante adelantada, mientras que otros enfrentan dificultades en el aprendizaje”, sostiene según Periodismo Que Cuenta.
El costo de una condición invisible
Mario es parte de un grupo de padres que lucha por una ley específica para atender a las personas con TEA. "El Estado tarda mucho en tramitar un carné de discapacidad. Y cuando finalmente lo entregan, certifican a nuestros hijos como si fueran enfermos mentales. Es como si estuviéramos locos", lamenta.
La falta de un diagnóstico temprano y preciso es otro obstáculo. "En Bolivia no hay laboratorios especializados para diagnosticar el grado de autismo. Desde Tarija, solíamos ir a Salta, en Argentina, donde tenían equipos de precisión. Ahora, con la crisis, todo se ha vuelto inalcanzable".
No todas las personas con autismo necesitan medicación, pero algunos fármacos pueden ayudar a tratar síntomas como la ansiedad, la hiperactividad o los problemas del sueño. Emanuel, por ejemplo, toma melatonina para descansar mejor. Para la hiperactividad e impulsividad, algunos especialistas recetan metilfenidato o atomoxetina.
Para la irritabilidad y agresividad, risperidona o aripiprazol. Y en casos de ansiedad y depresión, los psiquiatras pueden indicar inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, como fluoxetina o sertralina. "Pero siempre debe ser indicado y monitoreado por un especialista", recalca la psicóloga Gantier.
Autismo: entender la diferencia
El autismo es un espectro, lo que significa que no hay un solo tipo de autismo, sino muchas formas en las que se presenta. "Imagínalo como una radio que sintoniza una frecuencia distinta a la mayoría", explica la psicóloga. "Algunas personas con autismo hablan poco o nada, mientras que otras pueden hablar mucho sin captar bien las señales sociales".
En la escuela, muchos niños con TEA enfrentan desafíos. "Es clave que los maestros adapten sus estrategias de enseñanza", dice Gabriela Gantier. Crear un ambiente estructurado, con horarios visuales y rutinas predecibles, puede hacer una gran diferencia. Además, las instrucciones deben ser claras y concretas, evitando frases ambiguas o sarcásticas. "Si un profesor le dice a un niño con autismo ‘ponte las pilas’, probablemente no entenderá qué significa".
Mario recuerda los primeros años de Emanuel en la escuela. "Algunos profesores lo entendían, otros no. Una vez lo obligaron a mirar a los ojos cuando él simplemente no podía. Se sintió tan incómodo que terminó llorando".
La inclusión en el aula es un reto diario. "Si un niño tiene sensibilidad auditiva, permitirle usar auriculares puede marcar la diferencia. También es clave fomentar la empatía entre sus compañeros y ofrecerle alternativas si no se siente cómodo en actividades grupales".
El autismo no se trata de cambiar a las personas, sino de entenderlas y apoyarlas en su camino. Mario lo tiene claro: "Lo único que quiero es que Emanuel sea feliz y que la sociedad aprenda a ver la vida desde su frecuencia".
/Periodismo Que Cuenta/ANF/
Articulo sin comentarios