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Opinión

Aranceles de Trump: Es de sentido común no tener una guerra con un gigante

4 de Abril, 2025
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El pasado miércoles, Donald Trump volvió a sacudir el escenario global. Desde los jardines de la Casa Blanca, anunció la implementación de su política de "aranceles recíprocos", incrementando los gravámenes a las importaciones en el mercado estadounidense.

El incremento del 10% fue para los países amigos o aquellos que no tienen una importante participación en las compras norteamericanas. Es el menos severo, es para que sepan que a los aliados o los que no representan una amenaza los tiene siempre presente y valora su apoyo o comportamiento, caso de Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador. Para los adversarios, el tratamiento fue distinto: los aranceles varían entre un 20% y casi un 50%, dependiendo del país.

Lo hecho puso fin a las reglas de gobernanza comercial global, dinamitando el edificio de la Organización Mundial de Comercio (OMC), metafóricamente hablando, construido durante décadas; redefiniendo las reglas del comercio internacional bajo una lógica de "la ley del más fuerte".

Aunque muchos auguran el inicio de una guerra comercial, un incremento arancelario generalizado a todos los productos estadounidenses por parte de países de pequeño o mediano porte es improbable. Algunos podrían ajustar sus aranceles para ciertos productos estadounidenses, pero serán casos aislados. De ocurrir, sería una protesta simbólica, no una medida que busque afectar significativamente a la economía de Estados Unidos.

En relaciones internacionales el poder cuenta y nadie en su sano juicio patearía en la canilla  al gigante,  arriesgándose a sufrir graves consecuencias. Hay que mantener los pies en la tierra y la cabeza fría. Un antecedente claro de lo que no se debe hacer, es lo que ocurrió con el presidente Gustavo Petro, quien, tras enfrentarse a Trump, tuvo que dar marcha atrás y moderar su retórica antiestadounidense.

Distinto es el caso de economías de peso más o menos equivalente, como China, la Unión Europea en su conjunto o India. Estas no solo están entre las mayores economías del mundo, sino que tienen además un rol protagónico en el comercio internacional.

India ya enfrentó un incremento de aranceles unilaterales impuestos por Estados Unidos durante el primer mandato de Trump y respondió estratégicamente. Aplicó incrementos selectivos a sectores sensibles de la economía estadounidense con fuerte influencia política, promoviendo que  Washington negocie. 

En el caso de China, con un comercio bilateral de USD 595,83 mil millones el 2023 (las exportaciones de Estados Unidos a China son USD 147,80 mil millones y las importaciones USD 448,03 mil millones), tiene el músculo para levantar el guante y responder, así lo hizo anteriormente con Trump. Sin embargo, ambos gigantes saben que escalar el conflicto comercial implicaría graves daños mutuos, por lo que mas temprano que tarde se sentarán en la mesa de negociaciones.

Ni duda cabe, el caso de la Unión Europea es particular. Siendo el mayor aliado estratégico durante años, Trump no ha tenido consideraciones para con ellos. La presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen  dijo que si el conflicto comercial no se soluciona aplicarán un paquete de contramedidas. Los Europeos saben que la disuasión es combinación de recompensas y amenazas y en ese orden actuarán.

Para los atentos analistas, lo que ocurrió ya se veía venir. Trump durante su primer período, objetó la designación de los jueces del órgano de solución de disputas de la OMC. Desde entonces, las normas comerciales perdieron relevancia, ya que de nada sirven las normas si no existe un mecanismo de solución de diferencias ante el incumplimiento; y durante el gobierno del Presidente demócrata Joe Biden nada se hizo para remediar esta situación. Según estadísticas el 2023, el 70% de las disputas en la OMC involucraban a los Estados Unidos, por lo cual es razonable deducir que su estrategia de solución es mediante el unilateralismo coercitivo.

Nos guste o no, el mundo es lo que es y no lo que nos gustaría que sea, por ello en el análisis de las relaciones internacionales se ha impuesto la escuela realista. 

La política de Trump refleja ese realismo descarnado donde el poder económico se impone sobre el multilateralismo. Sin embargo esto no significa que el mundo acepte pasivamente la “ley de la jungla”, la respuesta será oportuna, pragmática y estratégica. Por ahora lo razonable es evitar una guerra comercial total, pero ello en ningún caso debe ser entendido como sumisión. Como dijo Sun Tzu: "La mejor victoria es vencer sin combatir".

El autor es graduado de la Organización Mundial de Comercio