La Paz, 18 de enero de 2026 (AND).- La contaminación por residuos sólidos en lagos bolivianos como el Titicaca se ha convertido en una amenaza persistente para los ecosistemas acuáticos y las comunidades que dependen de ellos. Frente a este escenario, un grupo de futuros ingenieros desarrolló un robot submarino ROV (Remotely Operated Vehicle) capaz de detectar y recolectar desechos bajo el agua mediante visión artificial, combinando tecnología, innovación y conciencia ambiental.
La iniciativa fue impulsada por estudiantes de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Franz Tamayo y se consolidó como uno de los proyectos ganadores de las V Jornadas de Investigación de Unifranz. El equipo fue liderado por el docente Francisco Araníbar Ortiz, quien explicó que “la inspiración llegó a nuestro equipo cuando fuimos invitados a una competencia de submarinos robóticos. Era un reto que integraba hardware y software, y nos motivó a crear una herramienta capaz de reconocer y recolectar residuos bajo el agua mediante visión artificial”.
El académico añadió que este tipo de tecnología puede operar “sin ningún problema en aguas contaminadas como las del lago Titicaca”, cuerpo de agua que enfrenta una grave crisis ambiental. Estudios del investigador Carlos Revilla señalan que cada año ingresan alrededor de siete mil toneladas de plásticos y aguas residuales provenientes de ríos de El Alto y municipios vecinos, lo que refuerza la urgencia de programas de limpieza apoyados en innovación tecnológica.
El desarrollo del ROV se basó en una metodología de aprendizaje práctico. “Contamos con un tanque de lastre que permite al submarino hundirse, emerger y mantenerse estable en el agua. Además, integramos cuatro motores para dirigirlo en distintos ángulos y una luz que mejora la visibilidad en las profundidades”, explica Daniel Apo Quispe, estudiante de sexto semestre. Sobre los siguientes pasos, añade: “por ahora, la transmisión del robot es vía cable, pero queremos escalarlo para incorporar señales mediante fibra óptica”.
Esa experiencia formativa también marcó a los estudiantes. “El robot submarino nos enseñó que cada error es una oportunidad para aprender, y cada desafío, un paso hacia la innovación”, comenta Isaac Leonardo Mealla Pozos.
El núcleo del proyecto está en el software y la inteligencia artificial. Ignacio Zárate detalla que trabajaron con redes neuronales convolucionales: “hemos entrenado la inteligencia artificial como si fuera un niño, alimentándola con miles de imágenes de plásticos, metales y otros desechos”. Gracias a ello, el robot “aprendió a diferenciar los residuos y marcarlos con colores en tiempo real”. El sistema fue optimizado con algoritmos en Python y validado mediante curvas ROC, con resultados positivos en pruebas controladas.
Para Christopher Rodríguez Ayala, el proyecto fue una experiencia integral: “aprendimos a usar motores brushless, microcontroladores y nuevos sistemas de cableado. Fue un verdadero laboratorio de creatividad e ingeniería”. José Fernández Pozo resume el espíritu del equipo: “este robot no solo limpia, sino que también representa lo que somos capaces de hacer como estudiantes comprometidos con el planeta”.
Araníbar concluye: “la tecnología no solo debe servir para automatizar procesos, sino también para resolver problemas reales. Nuestra meta es perfeccionar el sistema para que pueda operar en lagos como el Titicaca sin afectar la fauna ni la flora”.
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