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Innovación y Educación

Mucho más que “sentirse bien”: ¿qué es la salud mental y cómo empezar a cuidarla?

Tener salud mental no implica un estado perfecto de felicidad, sino la capacidad de relacionarse con otras personas, sostener vínculos afectivos, manejar frustraciones y adaptarse a momentos difíciles sin quedar emocionalmente paralizado.
21 de mayo, 2026 - 14:40
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Por mucho tiempo, la salud mental fue entendida solo como la ausencia de trastornos psicológicos.   Foto: Unifranz
Por mucho tiempo, la salud mental fue entendida solo como la ausencia de trastornos psicológicos. Foto: Unifranz

La Paz, 21 de mayo de 2026 (AND).- Dormir mal, vivir agotado, responder mensajes a medianoche, perder interés por actividades diarias y sentir ansiedad y estrés todo el tiempo se volvió tan normal que muchos jóvenes ya no saben cuándo dejaron de estar bien. La salud mental atraviesa una de sus peores crisis y el problema es que millones de personas están aprendiendo a vivir con el desgaste emocional como si fuera parte natural de la vida.

“Cuando el sufrimiento empieza a interferir con la vida diaria, ya no hablamos simplemente de estrés; hablamos de una señal que merece atención y acompañamiento profesional porque está en riesgo nuestra salud mental”, explica James Robles, director de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).

Por mucho tiempo, la salud mental fue entendida solo como la ausencia de trastornos psicológicos. Si una persona no tenía depresión severa, ansiedad extrema o una enfermedad psiquiátrica diagnosticada, se asumía que estaba “bien”. Sin embargo, especialistas en salud emocional advierten que el concepto va mucho más allá y atraviesa aspectos cotidianos de la vida que muchas veces pasan desapercibidos.

“La salud mental permite desarrollar el potencial, enfrentar situaciones estresantes, trabajar productivamente y contribuir a la comunidad”, explicó Carlos Gómez Restrepo, psiquiatra y Decano de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia, durante su participación en el V Congreso Internacional de Salud de Unifranz, realizado recientemente en la ciudad de Cochabamba.

La definición parece simple, pero en realidad es mucho más compleja. Tener salud mental no implica un estado perfecto de felicidad, sino la capacidad de relacionarse con otras personas, sostener vínculos afectivos, manejar frustraciones y adaptarse a momentos difíciles sin quedar emocionalmente paralizado.

“Freud decía que una persona con salud mental es alguien que puede amar y trabajar”, recordó Gómez Restrepo. Esa frase, añadió, muestra que el bienestar emocional está directamente relacionado con la capacidad de construir relaciones sanas y desarrollar un proyecto de vida.

El problema es que la vida moderna parece ir justamente en dirección contraria. El aumento de la ansiedad, la hiperconectividad, el aislamiento social, la presión académica y laboral y las secuelas emocionales posteriores a la pandemia han convertido el agotamiento en algo cotidiano, especialmente entre jóvenes y estudiantes universitarios.

¿Cuándo el estrés deja de ser normal?

La Organización Mundial de la Salud alerta que los trastornos mentales se encuentran entre las principales causas de discapacidad en el mundo. Ansiedad y depresión son hoy algunos de los problemas más frecuentes, particularmente en la población joven.

Para Robles, el estrés cotidiano forma parte natural de la vida. Todos sentimos presión antes de un examen, una entrega importante o una situación difícil. Es incómodo, sí, pero generalmente pasa y nuestro cuerpo vuelve a sentirse en equilibrio.

El problema aparece cuando ese malestar deja de ser temporal y empieza a instalarse en la vida diaria. “Hay tres aspectos que observamos: cuánto dura, qué tan intenso es y cuánto afecta la vida diaria”, señaló.

Según manifiesta, las señales de alerta suelen aparecer cuando la persona comienza a experimentar cansancio constante, desmotivación, dificultad para disfrutar actividades que antes generaban bienestar, problemas de sueño, cambios en la alimentación o dificultades de concentración.

Muchas veces las personas normalizan el agotamiento emocional hasta que llegan al límite. En especial entre universitarios, donde vivir bajo presión constante suele asumirse como parte normal de la rutina académica.

El riesgo, según Gómez Restrepo está en que si no hay atención o apoyo adecuado “uno puede pasar de un estado saludable a problemas emocionales y luego a trastornos mentales”.

Los pequeños hábitos que protegen la salud mental

Aunque muchas personas asocian el cuidado emocional únicamente con terapia psicológica o atención médica, la salud mental también se construye en hábitos cotidianos.

“Siempre les digo a los estudiantes algo que parece simple, pero es muy cierto: la salud mental no se construye con grandes acciones una vez al año; se construye en pequeños hábitos todos los días”, afirma Robles.

Uno de los principales desafíos actuales es el exceso de conexión digital. La sobreestimulación constante, la presión de responder permanentemente y la dificultad para desconectarse afectan directamente el descanso y el equilibrio emocional.

“Vivimos hiperconectados y nuestro cerebro prácticamente no descansa”, explica. Por eso recomienda acciones simples como evitar revisar el celular antes de dormir o apenas despertar.

El descanso también aparece como un elemento central. “Hemos aprendido a sentir culpa por descansar, cuando en realidad el descanso es una necesidad, no un premio”, sostiene.

A esto se suma la importancia de la actividad física y los vínculos personales. “El ejercicio ayuda a regular el estrés y mejora el estado de ánimo”, indica Robles. Además considera fundamental construir espacios seguros donde las personas puedan expresar cansancio, tristeza o vulnerabilidad sin sentirse juzgadas.

“Necesitamos espacios donde podamos decir ‘hoy no estoy bien’ o ‘necesito ayuda’, sin sentir que ser vulnerables es una debilidad”, agrega.

La presión de aparentar que todo está bien

Paradójicamente, aunque las nuevas generaciones hablan más sobre ansiedad, estrés o bienestar emocional, pedir ayuda sigue siendo difícil. Para Robles, una de las razones está relacionada con la presión social y la imagen que proyectan las redes sociales. 

“Las redes muestran una realidad editada donde todos parecen exitosos, felices y productivos. Entonces, reconocer que uno está pasando un mal momento puede sentirse como admitir un fracaso, cuando en realidad es un acto de valentía”, explica.

El miedo al juicio también sigue presente. Muchos estudiantes todavía sienten temor de acudir a terapia psicológica por miedo a ser etiquetados o considerados débiles.

Además, existe otro problema, la normalización del sufrimiento emocional. “Se piensa que dormir poco, vivir con ansiedad o estar agotado permanentemente es parte de ser universitario. Pero no debería ser así”, afirma Robles.

Universidades más humanas

Frente al aumento de problemas emocionales entre jóvenes, las universidades empiezan a asumir un rol más activo en la prevención y el acompañamiento psicológico. Por ello del 25 al 29 de mayo, Unifranz desarrollará la “Semana de la Salud Mental”, una iniciativa orientada a promover el bienestar emocional y fortalecer herramientas de autocuidado dentro de la comunidad universitaria.

La propuesta incluirá actividades enfocadas en contención emocional, capacitación en Primeros Auxilios Psicológicos y promoción de redes de apoyo entre estudiantes. Además, buscará reforzar la idea de que la salud mental forma parte del proyecto de vida y no debe entenderse únicamente como un tema clínico.

“Aprender a gestionar el estrés, la frustración, el tiempo o las emociones debería ser una habilidad tan importante como cualquier contenido académico”, sostiene Robles.

El especialista considera que el reto actual no es solamente atender crisis emocionales, sino prevenirlas antes de que aparezcan. “Ya no podemos esperar a que un estudiante llegue al límite para recién intervenir”, concluye.

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