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Opinión

Superávit, déficit fiscal y crecimiento

21 de marzo, 2023 - 09:32
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GERMÁN MOLINA DIAZ

Durante el siglo XX y XXI algunos países organizan su producción y distribución económica de transición hacia el socialismo como también viene sucediendo en Bolivia con el Modelo de Economía Social Comunitaria y Productiva (MESCP) desde el 2006 hasta la actualidad.

La construcción de un sistema económico alternativo al capitalismo no es reciente y novedoso, porque fue presentado hace más de 61 años atrás durante un simposio internacional por varios economistas de diferentes nacionalidades y publicado en 1961 del siglo XX en Tokio, Japón con el título ¿A dónde va el capitalismo?, de Shigeto Tsuru, que textualmente señala: “…la estrategia de la transición al socialismo destacando la forma del excedente, utilizando todas las ocasiones que se presentan para poner sobre el tapete la cuestión y debilitar la presión del capital privado sobre el excedente, transformándolo gradualmente en un fondo sujeto al control social…”.

Funciona el mencionado proceso de transición hacia el socialismo únicamente si logra las siguientes condiciones:  control total del poder; elevados recursos económicos; clientelismo político; debilidad institucional; políticas públicas diseñadas y aprobadas de arriba hacia abajo y aceptadas por los ciudadanos.

En el siglo XX fue el economista John Maynard Keynes[1] planteó que la política de expandir el gasto público tenía que ser de naturaleza transitoria hasta que se reactive el sector privado y luego se retornaría a los presupuestos equilibrados y reducción de la deuda pública.  No sólo se refirió al gasto público y a su déficit asociado, sino que también fue muy específico respecto a que el gasto público no debía desplazar al gasto privado o que las empresas públicas sustituyan empresas privadas.

El economista Milton Friedman premio nobel de economía de 1976 en uno de sus ensayos sobre la estructura fiscal señala que: “Desde el punto de vista cíclico, el cambio operado en el carácter de los gastos y entradas del Estado es más importante que el cambio de su volumen.”  Específicamente se refería al seguro contra la desocupación y un programa agrario destinado a sostener los precios de los productos agrícolas, desde el punto de vista cíclico de la economía.

La publicación del libro El Mito del Déficit La Teoría Monetaria Moderna y el nacimiento de la economía de la gente el 2020 de la profesora de economía en la Stony Book University Stephanie Kelton señala que: “...establece que para los Estados es el emisor monopolista de moneda fiduciaria y los déficit fiscales son buenos para la economía, es decir, plantea sustituir el enfoque actual, marcado por la obsesión con los resultados presupuestarios, por otro que priorice los resultados humanos sin dejar de admitir y respetar las verdaderas restricciones de recursos a las que se enfrenta la economía.”  En realidad, afirma que a diferencia de lo que ocurre con las familias el gobierno federal emite el dinero que gasta, refiriéndose a los Estados Unidos.  Por otra parte, la moneda del dólar americano es un dinero que tiene las funciones de: transacción, precaución, custodia de valor y unidad de cuenta, es decir, para realizar las transacciones de comercio interno e internacional, crédito externo, remesas, inversión extranjera directa, movimientos de capital, pago a organismos internacionales y otros en la economía norteamericana y el resto de los países del mundo.

Contra la Teoría Monetaria Moderna mencionada anteriormente, el profesor de economía Juan Ramón Rallo en la IE University plantea que: “…son completamente ilusorias y sus riesgos inflacionistas totalmente reales.”  Su enfoque es de economía de mercado y por lo tanto manifiesta que el dinero es una institución que surge espontáneamente del mercado sin necesidad de que ningún Estado lo imponga de forma centralizada, asimismo, enfatiza que el dinero fiduciario no es más que un título de deuda pública que se rige por las mismas leyes que el resto de pasivos estatales y en consecuencia la amortización de la deuda pública mediante la emisión de dinero no permitirá que un Estado salga de su situación de insolvencia, sino que se constituiría en una refinanciación.

Por lo mencionado, el equilibrio fiscal de cada gestión de un país es conveniente, y también mantener el equilibrio Inter temporal, es decir que déficits fiscal transitorios deben ser compensados con superávit sustanciales[2].

En política fiscal el sentido común, la experiencia nacional e internacional recomiendan que debe ser contra cíclica y estabilizadora, esto es: expansiva del gasto fiscal cuando hay indicios de recesión y contractiva del gasto fiscal cuando la expansión empieza a atentar contra el equilibrio externo, o cuando aparece presiones inflacionarias y supera las restricciones de utilizar las fuentes de financiamiento.

La política fiscal es la más política de las políticas macroeconómicas. Involucra la capacidad de disciplinarse ante necesidades múltiples y numerosos beneficiarios y grupos de interés frente a recursos públicos limitados. Es tal vez el mejor exponente de la capacidad de gobernabilidad del sistema económico, social político y medio ambiente.  Solo con muy buenas instituciones y reglas del juego transparentes se convierte en un instrumento de política macroeconómica. De lo contrario no es posible contar con la política fiscal como instrumento macroeconómico.

La contrapartida del déficit fiscal global es el endeudamiento.  En cambio, la contrapartida del superávit fiscal global es el ahorro financiero del sector público que permite financiar los gastos de capital y la acumulación de depósitos fiscales establecidos anualmente mediante la aprobación del presupuesto público.

Sobre la teoría de los determinantes del gasto de gobierno (G) no existe unanimidad, sin embargo, es razonable suponer que el gasto del gobierno (G) y los impuestos (T) son variables de política económica, específicamente denominada política fiscal que tiene efectos sobre el equilibrio macroeconómico. 

Las funciones primarias del “Gobierno” desarrolladas por el economista especialista en Hacienda Pública Richard Musgrave son: estabilización; distribución y asignación.

El “Gobierno” es el que asume la responsabilidad en el diseño y ejecución de la política económica para resolver el problema que afecta a sus ciudadanos.

El marco institucional, conceptual y procedimientos en el sector fiscal establecen equilibrar los gastos y los impuestos como condición básica de garantizar la fortaleza de las finanzas públicas.

El agente económico “Gobierno” tiene tres formas directas de financiar el déficit fiscal: la primera mediante endeudamiento tanto nacional como extranjero, la segunda con reducción de las reservas internacionales netas (RIN) y la tercera con emisión monetaria.  En todos los casos señalados se hallan determinados riesgos. La primera un excesivo endeudamiento que posteriormente se tiene que honrar la fe del Estado que para cumplirla traerá consigo recurrir a las RIN que son limitados ya que estas son finitas; la segunda el tipo de cambio será afectado dependiendo del stock de las reservas internacionales netas y de si es un régimen de tipo de cambio fijo o flotante, y la tercera el financiamiento con emisión monetaria tiende a afectar al nivel de precios de la economía. 

¿Cómo está el crecimiento económico de Bolivia al transitar del superávit al déficit fiscal?

A partir del 2006 hasta la actualidad durante casi 17 años el Estado boliviano asume el rol central en la economía de control de la economía, buscando resolver el problema del crecimiento económico y de la distribución del ingreso, estimulando la demanda agregada que es uno de los conceptos que se utilizan para justificar las políticas activistas de gasto público de transición hacia el socialismo.

Durante casi 17 años del MESCP se tuvo 8 años continuos de superávit fiscal y 10 años continuos de déficit fiscal, considerando la gestión gubernamental transitoria de la Señora Jeanine Añez.

La política fiscal de expansión del gasto público comenzó el primer período presidencial del Señor Evo Morales y fue acompañado de un superávit fiscal respecto al PIB hasta los primeros cuatro años de los cinco de su segundo período presidencial y a partir del 2014 se inició el déficit fiscal global respecto al PIB de forma creciente hasta el programado para el 2023.

El superávit fiscal respecto al PIB acumulado 2006-2013 alcanzo un 14,4 por ciento, y el déficit fiscal respecto al PIB acumulado 2014-2023 registro un 78,3 por ciento, que significa un desequilibrio fiscal respecto al PIB acumulado elevado de -63,9 por ciento y por lo tanto no se alcanzó el equilibrio fiscal Inter temporal.  Por otra parte, el promedio anual del superávit fiscal respecto al PIB fue 1,8 por ciento y del déficit fiscal respecto al PIB el promedio anual fue -7,83.  Con relación al crecimiento económico el promedio anual de 5,01 por ciento durante el período del superávit fiscal respecto al PIB y de 3,26 por ciento en el período de déficit fiscal respecto al PIB.

Durante los periodos de superávit y déficit fiscal global respecto al PIB tuvieron la finalidad de estimular el crecimiento económico estimulando la demanda agregada, sin embargo, los datos de crecimiento del PIB no son los esperados como el registrando el 2020 el más elevado déficit fiscal respecto al PIB de 12,7 % y una fuerte contracción económica de 8,7 por ciento. El 2021 el déficit fiscal respecto al PIB alcanza casi tres veces el registrado el 2014 y el crecimiento económico del mismo año aumenta 0,6 puntos porcentuales respecto al mismo período. La previsión para el 2023 aún mantiene un elevado déficit fiscal de 8,5 por ciento y una tasa de crecimiento económico menor en 0.64 puntos porcentuales respecto al 2014, es decir, los impulsos fiscales no fueron efectivos (ver cuadro 1). 


¿Qué se debe hacer?

La economía boliviana hasta la actualidad mantiene los problemas estructurales que son: mercado interno pequeño; elevado sector informal; base tributaria que no incorpora a los cooperativistas mineros, cocaleros, gremialistas; rentista dependiente de la explotación de recursos naturales no renovables, centralista y protagonismo del Estado en todos los ámbitos de la economía. 

Uno de los problemas centrales no es únicamente el gasto público que tiene que ser de calidad y efectivo, sino es también su financiamiento, que tiene que ser con ingresos genuinos generados con la recaudación de impuestos y otros.

Si no se logra cubrir con los ingresos genuinos y otros el gasto público, otra alternativa  es recurrir a los inversionistas privados otorgándoles un clima favorable, incentivos fiscales, institucionalidad, justicia y libertad económica.  Por el lado del gasto público, es reducir gastos corrientes como son: avión presidencial, autos blindados, pasajes, viáticos, publicidad, remodelaciones, muebles, compra de equipamiento, etc., y en gastos de capital asignar a proyectos de inversión pública eficiente con tasas de retorno asegurados. Otra medida consiste en utilizar una combinación de ajuste de los ingresos y del gasto público señalado anteriormente.

Se tiene que diseñar e implementar una política económica a reestablecer los equilibrios interno y externo del país, que en el corto plazo significa un elevado costo social y lograr un beneficio social en el mediano plazo para toda la sociedad, según leyes y principios económicos, para lograr un crecimiento económico sostenible. Es importante armonizar la política, economía, sociedad y medio ambiente; aprender de lo que no se debe hacer con medidas económicas que luego son revertidas y establecer una línea de base para determinar el estado de la economía, para resolver los problemas económicos identificados de manera integral y atenuar lo más posible el costo social a la población de ingresos bajos y fijos. Los ciudadanos de nuestro país son los principales protagonistas en la realidad económica diaria que, si no son atendidas en dar solución a sus problemas económicos que viven, entonces salen a las calles en protestas contra las políticas económicas que no logran satisfacer sus demandas, y se erosiona las bases sólidas de un crecimiento económico sostenible. 


[1]John M. Keynes. Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. México, Fondo de Cultura Económica, 1974, pp.334-335. “[...]mientras el ensanchamiento de las funciones de gobierno, que supone la tarea de ajustar la propensión a consumir con el aliciente para invertir, parecería a un publicista del siglo XIX o a un financiero norteamericano contemporáneo una limitación espantosa al individualismo, yo la defiendo, por el contrario, tanto porque son el único medio practicable de evitar la destrucción total de las formas económicas existentes, como por ser condición del funcionamiento afortunado de la iniciativa individual.”

[2]"El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a otros países debe eliminarse, para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado." Cita de Marco Tulio Cicerón, Año 55 a.C.

Germán Molina Diaz Economista, miembro de número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas, docente de la UCB e Investigador asociado del Instituto de Investigaciones Socio Económicos (IISEC) de la UCB

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