
La división y disputa por la sigla, la profundización de la crisis económica, la ingobernabilidad legislativa, las elecciones judiciales, el manejo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) y la tendencia fraccionaria de la oposición tradicional; han sido los temas que han cobrado relevancia y marcado la agenda política en el año que se va.
En orden de importancia, en lo que sigue, efectuaremos una evaluación de estos seis temas que estuvieron presentes en primeras planas y portadas el 2024. No sin antes, advertir que los escenarios y su evolución política, en nuestro país, son siempre cambiantes y llenos de sorpresas.
Iniciemos la faena con la división y la pugna en el seno del Movimiento al Socialismo (MAS). Sin duda, fue el tema político de mayor relevancia por su trascendencia, sus efectos y los enormes daños provocados. La obstinación de Morales de adueñarse de la sigla y ser candidato a cualquier costo, han forjado pérdidas económicas que ascienden a los 3.000 millones de dólares, en dos espantosos bloqueos.
Morales, en su primera batalla en las calles, por la sigla y su candidatura, organiza un bloqueo de carreteras, afectando los accesos y conexiones vitales entre oriente y occidente, que se prolongó durante 16 días. La “bandera” del bloqueo fue la inmediata convocatoria a elecciones judiciales y la cesación de los magistrados auto prorrogados. Morales, con las elecciones judiciales, procuraba un cambio en la composición de los magistrados del TCP, para revertir la Sentencia Constitucional 1010/23, que lo inhabilita definitivamente. La posibilidad de revertir la sentencia y su interpretación, implica contar nuevamente con el control de los magistrados. Sin considerar el inmenso costo y daños provocados, ese fue, en el fondo, el motivo egoísta del terrible bloqueo.
El segundo bloqueo, organizado, en esta ocasión, para conseguir impunidad (ante una posible aprehensión por los procesos que se le sigue por los delitos de estupro y trata y tráfico) y habilitación; se extendió durante 21 días, con enormes daños e incalculables perjuicios. Cínicamente, Morales justifico el bloqueo, mencionando que se trataba de una “rebelión del movimiento indígena para defender la patria de su grave crisis económica e institucional”.
En ambas batallas, fue el gran perdedor, no consiguió nada. Al final, acabo perdiendo la sigla. Sin embargo, obstinado, todavía se considera candidato. Ojalá que, con su tozudes, no provoque más daños y siga destruyendo el país. En total, el 2024, bloqueo durante 37 días, afectando espantosamente a los sectores productivos, industriales, agropecuarios, exportadores, transportistas y otros, quienes reportaron pérdidas millonarias. En ese sentido, Morales con su ambición, fue el que más daño provoco a la economía del país. Puede ser proclamado, como el peor y más fatídico personaje.
En el ámbito económico, el 2024, se profundizo la crisis que se instaló con la caída de la renta petrolera. Esta, no alcanza hoy, ni al 30% de lo que se percibía, por eso concepto, el 2014. La iliquidez de divisas es brutal. No hay dólares para comprar combustibles. La escases será permanente. Por ello, ya no será extraño, las enormes e inacabables filas por gasolina y diésel. El 2024, nos acercamos al peligroso escenario de un “paro energético”.
La falta de dólares y el irregular aprovisionamiento de combustibles, ha iniciado una sostenida escalada de precios. A la par de la subida de precios, hay un peligroso incremento de los niveles de intolerancia. Por ello, en el fondo, el principal enemigo de la gestión de Luis Arce, no fue Evo Morales; fue la economía. En la medida en que el gobierno no tenga la capacidad de estabilizar los precios y proveer regularmente combustibles, el acortamiento de mandato acecha peligrosamente. La gestión económica, por decir lo menos, fue catastrófica. El padre de los “Chuquiago boys”, se aplazó estrepitosamente.
Ahora bien, producto de la “guerra” interna en el partido de gobierno, el 2024, se ahondo la ingobernabilidad legislativa. La disputa visceral masista cambio radialmente la correlación de fuerzas en el legislativo. No hay bancadas mayoritarias. Es un verdadero “parto” consensuar y aprobar una ley. La gestión que finaliza debe ser una de las más funestas en la historia del órgano legislativo. El desarrollo, de casi todas sus sesiones, son todo un bochorno, con deleznables espectáculos. En ese sentido, la Asamblea Legislativa, bien puede ser representada en la figura de un “retrete”. Es fuerte el aroma a estiércol que despide.
A su vez, el manejo del TCP, el 2024, fue, en sumo grado, perverso. Con sus fallos y sentencias, se convirtió en el brazo derecho del gobierno y en la máxima instancia de poder. El “guardián” de la Constitución, insólitamente, se ubico por encima de los otros poderes del Estado, atropellándolos en cada momento. Manipulo a su antojo la convocatoria y las elecciones de las máximas autoridades del poder judicial. De acuerdo con los intereses del ejecutivo, insólitamente se realizarán de modo parcial. En ese sentido, el año que se va, ha sido histórico. Nunca antes se había observado a un Tribunal Constitucional, usurpando funciones de los otros poderes del Estado.
Finalmente, el año que nos deja, también fue miserable en el campo político de la oposición. Hay una tendencia, estúpida y necia, hacia la fragmentación. La oposición no consigue salir de su laberinto. Son incapaces de leer e interpretar adecuadamente los escenarios políticos. Hay cerca de una decena de pre candidatos, sin ninguna tendencia a conformar un bloque único, para aprovechar la oportunidad histórica y derrotar al MAS dividido. Las circunstancias son inmejorables, pero son necios.
El 2024, como se ve, no fue un buen año. Todo lo contario, la clase política solo exhibió sus miserias.
El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón