La Paz, 10 de marzo de 2026 (AND).- El desafío del cambio climático ya no se discute únicamente en conferencias internacionales o informes científicos. También se aborda en las aulas universitarias, donde una nueva generación de profesionales se prepara para integrar sostenibilidad, economía y decisiones financieras. En este escenario surge la figura del economista verde, especializado en finanzas sostenibles, gestión de riesgos climáticos e inversiones responsables.
La creciente frecuencia de sequías, incendios e inundaciones ha puesto en evidencia que el cambio climático también representa un riesgo económico. Hoy, gobiernos, empresas y organismos internacionales buscan mecanismos financieros capaces de impulsar proyectos que reduzcan emisiones, protejan ecosistemas y promuevan un desarrollo más resiliente.
En este contexto, la formación académica comienza a incorporar herramientas vinculadas a bonos verdes, inversión sostenible y gestión de riesgos climáticos, áreas cada vez más demandadas en el sistema financiero.
“Las finanzas verdes canalizan recursos hacia actividades económicas que generan beneficios ambientales y sociales sin comprometer la rentabilidad financiera”, afirma Osvaldo Nina, economista y docente de la carrera de Ingeniería Económica de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
Finanzas sostenibles en crecimiento
El interés por este tipo de instrumentos financieros ha crecido de forma sostenida en América Latina. Cada vez más países y empresas recurren a bonos verdes y préstamos sostenibles para financiar proyectos relacionados con energías renovables, infraestructura resiliente o agricultura sostenible.
Este crecimiento implica también nuevos desafíos técnicos. Los profesionales del área deben dominar metodologías para evaluar impactos ambientales, aplicar estándares internacionales y garantizar sistemas de monitoreo que eviten prácticas engañosas conocidas como greenwashing.
A ello se suma la necesidad de comprender herramientas innovadoras que vinculan sostenibilidad y economía global. Entre ellas se encuentran los canjes de deuda por naturaleza o el acceso a fondos internacionales destinados a proyectos climáticos.
Marcelo Arroyo, economista senior del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), explica que estos instrumentos tienen un impacto más amplio que el ambiental. Según el especialista, también pueden contribuir a reducir desigualdades sociales y ampliar oportunidades económicas en los países en desarrollo.
Nuevas habilidades para el mercado laboral
La transformación también alcanza al sector privado. Bancos, aseguradoras y gestoras de inversión buscan profesionales capaces de evaluar riesgos climáticos, tanto los derivados de fenómenos naturales como aquellos vinculados a nuevas regulaciones ambientales o impuestos al carbono.
En este escenario, conceptos como criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), modelización climática o financiamiento sostenible comienzan a formar parte de las competencias clave del economista contemporáneo.
Sin embargo, el avance de estas herramientas enfrenta retos importantes. En muchos países aún existen vacíos regulatorios y falta de estándares homogéneos, lo que puede limitar el alcance real de las finanzas sostenibles. Por ello, la formación académica insiste en la transparencia, la ética profesional y la rigurosidad metodológica como elementos esenciales.
Más allá de las técnicas financieras, el surgimiento de estos perfiles refleja un cambio profundo en la forma de entender el desarrollo económico. Para las nuevas generaciones de profesionales, el crecimiento ya no puede desvincularse de los límites ambientales del planeta.
La rentabilidad comienza a medirse también en términos de reducción de emisiones, resiliencia territorial y bienestar social. Bajo esa lógica, los llamados economistas verdes se posicionan como actores clave para orientar inversiones hacia proyectos que contribuyan a enfrentar la crisis climática.
Su tarea será fundamental en los próximos años: movilizar capital hacia iniciativas sostenibles y demostrar que la economía puede ser una aliada decisiva en la construcción de un futuro más equilibrado.
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