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Innovación y Educación

Arquitectura sostenible: clave para construir ciudades resilientes frente a la crisis climática

Un ejemplo de este enfoque es el proyecto desarrollado por Antonella Santillán, estudiante de Arquitectura de Unifranz, quien diseñó viviendas sociales bioclimáticas orientadas a contextos de emergencia.
20 de marzo, 2026 - 12:46
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La urgencia de este modelo se evidencia en el impacto ambiental del sector construcción.    Foto: Unifranz
La urgencia de este modelo se evidencia en el impacto ambiental del sector construcción. Foto: Unifranz

La Paz, 20 de marzo de 2026 (AND).- El avance de la crisis climática está redefiniendo la forma en que se piensan y construyen las ciudades. Inundaciones, incendios forestales y olas de calor ya no son eventos aislados, sino amenazas recurrentes que exigen respuestas estructurales. En este contexto, la arquitectura sostenible y el diseño urbano resiliente se posicionan como soluciones fundamentales para enfrentar estos desafíos.

La bioconstrucción plantea una forma distinta de habitar el entorno: prioriza materiales ecológicos, reduce el impacto ambiental y promueve una relación equilibrada con la naturaleza. Este enfoque no solo busca eficiencia, sino también sostenibilidad a largo plazo.

Como explica el arquitecto Gabriel García, director de la carrera de Arquitectura de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), “la bioconstrucción es la manera de construir con materiales de bajo impacto ambiental, que agredan poco al ecosistema, al medio ambiente (…) construir para la vida, proyectar y construir para la vida de los seres humanos y del planeta en sí”.

La urgencia de este modelo se evidencia en el impacto ambiental del sector construcción. La producción de cemento, por ejemplo, genera cerca del 6% de las emisiones globales de dióxido de carbono, lo que impulsa la búsqueda de alternativas como el bambú, la madera, el adobe o los bloques de tierra comprimida, que reducen la huella ecológica y mejoran la eficiencia energética.

Más allá de los materiales, el concepto de resiliencia urbana propone ciudades capaces de anticipar, resistir y recuperarse ante eventos extremos. Esto implica integrar soluciones arquitectónicas, sociales y tecnológicas que protejan, especialmente, a las poblaciones más vulnerables.

Un ejemplo de este enfoque es el proyecto desarrollado por Antonella Santillán, estudiante de Arquitectura de Unifranz, quien diseñó viviendas sociales bioclimáticas orientadas a contextos de emergencia.

“Nuestro proyecto no solo se basa en la construcción de viviendas económicas, sino que busca transformar el concepto de vivienda social al incorporar criterios de sostenibilidad, eficiencia térmica y confort ambiental”, explica.

La propuesta adapta soluciones según el clima: en regiones frías, utiliza adobe y bloques de tierra comprimida para conservar el calor; en zonas tropicales, prioriza ventilación cruzada, techos inclinados y materiales ligeros. Además, incorpora captación de agua de lluvia y energías renovables, reduciendo costos y fortaleciendo la autosuficiencia.

La necesidad de este tipo de iniciativas es evidente. En Bolivia, el 23% de los hogares presenta hacinamiento, mientras que el 46% de la población no cuenta con vivienda propia, según datos oficiales y del sector construcción.

En paralelo, estudiantes de Unifranz, junto a la Fundación Techo, desarrollaron viviendas de emergencia elevadas para zonas propensas a inundaciones. Estas estructuras utilizan materiales reciclados y están diseñadas para resistir condiciones extremas.

Ronald Proy, uno de los participantes, destaca el enfoque práctico del proyecto: “El proyecto está enfocado en ofrecer una vivienda digna a personas desplazadas por desastres. Principalmente pensamos en las inundaciones frecuentes en Santa Cruz, por eso diseñamos una vivienda que no esté fija al terreno, sino que se eleva con módulos de llantas recicladas para proteger su base”.

Desde la academia, también se impulsa una formación con enfoque social. Para la arquitecta Carmen Aparicio, docente de Unifranz, el rol profesional trasciende lo estético: “Ellos deben aprender a detectar problemas sociales, económicos, culturales y ambientales, y desde el diseño ofrecer respuestas reales que transformen vidas”.

Frente a un escenario climático cada vez más desafiante, la arquitectura sostenible deja de ser una tendencia para convertirse en una necesidad. Apostar por ciudades resilientes no solo implica innovar en diseño, sino también construir soluciones que garanticen bienestar, seguridad y sostenibilidad para las futuras generaciones.

 

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