La Paz, 3 de julio de 2026 (AND).- El colesterol elevado sigue siendo uno de los factores de riesgo más silenciosos y peligrosos para la salud cardiovascular. A diferencia de otras afecciones, suele avanzar sin síntomas evidentes y, en muchos casos, solo puede detectarse mediante un análisis de sangre. Por ello, entender qué cifras deben generar verdadera preocupación resulta clave para prevenir enfermedades graves como infartos o accidentes cerebrovasculares.
Marie Paulette Étienne Morales, médico nutrióloga y docente de la carrera de Medicina de la Universidad Privada Franz Tamayo, explica que el problema comienza mucho antes de que aparezcan complicaciones cardíacas visibles.
"Las grasas saturadas presentes en alimentos fritos, chips, papas y comidas preparadas con aceites reutilizados son muy difíciles de eliminar. Si además consumimos alimentos elaborados con aceites recalentados, como ocurre en muchos puestos callejeros, el daño puede ser mucho mayor", señala la especialista.
Aunque el colesterol cumple funciones esenciales en el organismo —como participar en la producción de hormonas y en la estructura de las células—, cuando sus niveles aumentan por encima de lo saludable, el colesterol LDL, conocido como “malo”, empieza a acumularse en las arterias. Este proceso favorece enfermedades como la aterosclerosis, el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular.
En contraste, el colesterol HDL ayuda a retirar el exceso de grasa circulante y llevarlo al hígado para su eliminación. Mantener el equilibrio entre ambos resulta determinante para proteger la salud cardiovascular.
La dimensión del problema preocupa a nivel regional. Datos de la Fundación Bioquímica Argentina advierten que tres de cada diez adultos en América Latina presentan colesterol elevado, una condición estrechamente vinculada al aumento de enfermedades cardiovasculares.
Más allá del colesterol total
Durante años, una cifra superior a 220 mg/dL de colesterol total era considerada una señal clara de alerta. Sin embargo, estudios recientes advierten que este valor, por sí solo, ya no permite medir con precisión el riesgo cardiovascular.
Una investigación publicada en Men's Health, elaborada por especialistas como Núria Coll y Carlos González Álvarez, sostiene que el colesterol total únicamente refleja la suma de diferentes partículas presentes en la sangre, sin distinguir cuáles son realmente dañinas.
Por ello, los expertos recomiendan evaluar también la Apolipoproteína B (ApoB), un marcador que permite medir la cantidad de partículas capaces de obstruir las arterias. Incluso una persona con 220 mg/dL de colesterol total podría presentar bajo riesgo si sus niveles de ApoB son reducidos.
Otro dato que genera atención es el colesterol HDL. Aunque tradicionalmente se conoce como “colesterol bueno”, investigaciones recientes indican que cuando supera los 100 mg/dL podría perder parte de su efecto protector e incluso adquirir características proinflamatorias.
Para Étienne, sin embargo, ningún indicador reemplaza el papel de la prevención y la alimentación saludable.
"Comer rico no es sinónimo de comer bien. El problema no está en los platos típicos, sino en los excesos y en cómo combinamos los alimentos", afirma.
La especialista advierte que combinar en una misma comida arroz, papa, fideo, pan o yuca incrementa considerablemente la carga de carbohidratos y favorece el sobrepeso, una condición directamente relacionada con niveles elevados de colesterol.
A ello se suman factores como sedentarismo, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, diabetes y predisposición genética.
"La única forma de conocer el perfil lipídico es mediante un análisis de sangre. Mientras más temprano detectemos una alteración, mayores serán las posibilidades de prevenir complicaciones", concluye.
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