La Paz, 11 de mayo de 2026 (ANF).- El economista Rolando Morales, el politólogo Marcelo Arequipa y el exministro de Gobierno Carlos Romero cuestionaron la estrategia gubernamental “Bolivia al mundo y el mundo a Bolivia” debido a que hasta el momento el país no ha obtenido beneficios concretos de su nuevo alineamiento internacional y advirtieron que la política exterior carece de objetivos claros, pragmatismo y resultados verificables.
Aunque desde el Ejecutivo se presentó la política de apertura como una nueva etapa de inserción global, los analistas consideraron que la narrativa gubernamental no ha sido acompañada por logros económicos palpables ni por avances significativos en comercio exterior, inversiones o fortalecimiento diplomático.
Morales sostuvo que las relaciones internacionales no pueden construirse sobre afinidades ideológicas o “amores gratuitos”, sino sobre intereses nacionales concretos. A su juicio, el acercamiento hacia Estados Unidos no ha producido ninguna ventaja para Bolivia, pese al entusiasmo mostrado por el Gobierno.
“El problema es que uno se acerca a una potencia esperando algún beneficio económico o estratégico, pero hasta ahora Bolivia no ha recibido absolutamente nada”, señaló el economista a ANF, quien además consideró desfavorable el contexto internacional de alineamiento con la administración estadounidense de Donald Trump, debido a las tensiones geopolíticas y el desgaste de su imagen en distintos escenarios globales.
El análisis de Arequipa apuntó en una dirección similar. Para el politólogo, más que una verdadera apertura al mundo, lo que existe es un “reacomodo” internacional orientado a transmitir señales de estabilidad macroeconómica hacia los mercados externos.
Según explicó, el objetivo central sería facilitar la colocación de bonos soberanos y obtener financiamiento externo para sostener reservas internacionales y un tipo de cambio flexible.
Sin embargo, observó que no existen señales claras de apertura de nuevos mercados o recuperación de beneficios comerciales. Recordó que el presidente Paz prometió restablecer condiciones similares al ATPDEA con Estados Unidos para favorecer especialmente a productores y trabajadores de El Alto, pero afirmó que no hay avances visibles en esa dirección.
“Después de casi seis meses de gestión no existe una sola señal concreta de recuperación de esos mercados”, afirmó Arequipa a ANF.

Tanto Morales como Romero también cuestionaron la estrecha relación diplomática que el Gobierno ha mostrado con Israel. Morales consideró que Bolivia no mantiene un intercambio comercial relevante con ese país y advirtió que una cercanía excesiva puede terminar perjudicando la imagen internacional boliviana, especialmente en un contexto marcado por las críticas globales hacia las acciones israelíes en Palestina.
“El riesgo es que Bolivia termine siendo vista como un país alineado con posiciones muy cuestionadas internacionalmente, lo que podría afectar futuras relaciones diplomáticas o comerciales”, advirtió.
Romero profundizó esa crítica y sostuvo que el Gobierno está actuando bajo una lógica “disciplinada” de alineamiento con Occidente, sin exigir contraprestaciones concretas. Según el exministro, la estrategia oficial ignora la naturaleza multipolar del escenario global contemporáneo y reduce innecesariamente las posibilidades de diversificación económica.
En su criterio, el Ejecutivo actúa con una “mentalidad de los años 90”, basada en la idea de que basta flexibilizar políticas y mostrarse cercano a Estados Unidos para atraer inversión extranjera. Sin embargo, sostuvo que el contexto económico mundial ha cambiado profundamente.
“El capital productivo occidental se trasladó hace años al sudeste asiático y África. Bolivia no puede competir simplemente bajando regulaciones cuando ya tiene un mercado laboral marcado por la informalidad y el subempleo”, sostuvo Romero.
El exministro también criticó que Bolivia se esté distanciando de mercados estratégicos como China por razones ideológicas, mientras incluso gobiernos políticamente cercanos a Washington mantienen relaciones comerciales activas con el gigante asiático.
En cuanto a los anuncios oficiales sobre nuevos mercados de exportación, particularmente la venta de carne a Egipto o la ampliación de exportaciones hacia Brasil, tanto Arequipa como Romero consideraron que esos avances corresponden a negociaciones iniciadas durante la administración anterior de Luis Arce y no a logros atribuibles exclusivamente al actual Gobierno.
Romero remarcó que la apertura de mercados internacionales para productos cárnicos requiere años de certificaciones sanitarias y negociaciones técnicas, por lo que resulta imposible adjudicar esos resultados a una gestión de apenas seis meses.

Las observaciones también alcanzaron la relación con Chile. Morales consideró positivo el intento de recomponer vínculos bilaterales, pero advirtió que el Gobierno carece de metas definidas respecto a lo que busca obtener de ese acercamiento.
Además, cuestionó que Bolivia mantenga una postura amistosa pese a episodios que considera “simbólicamente inamistosos”, como la construcción de zanjas fronterizas, amenazas de levantar muros y declaraciones de autoridades chilenas que vincularon al país con narcotráfico y prostitución.
Pese a sus críticas, los tres analistas coincidieron en que Bolivia no debe romper relaciones con ningún país ni encerrarse diplomáticamente. Por el contrario, consideran necesario desarrollar una política exterior más pragmática, estratégica y orientada a resultados concretos para el desarrollo nacional.
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