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Opinión

Reordenamiento global: Tendencias iniciales del proceso

31 de Diciembre, 2025
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Una de las tendencias que emerge, en lo que va la historia corta (2022 – 2025) del belicoso proceso de reordenamiento global, es el posicionamiento general de los principales actores. Se trata de un posicionamiento geográfico, económico, comercial, político y militar. Un segundo dato llamativo es que el proceso se desarrolla, en una muy grande medida, por medio de la anti-política, encarnada en verdaderos terminators de la diplomacia, el derecho internacional y toda forma mínimamente racional para la resolución de controversias. Estos “líderes” (Putin, Trump, el CC del PC-chino, etc. etc.) se asemejan, en verdad, a un grupo de niños jugando con fósforos en una habitación llena de explosivos. 

Apuntemos que las iniciales tendencias se enmarcan, con todo, en la primera fase del alistamiento de los Estados involucrados. Ello quiere decir, por un lado, que al proceso en tanto totalidad se ha adjuntado, como característica distintiva, el despliegue militar antes que el despliegue de equipos diplomáticos y de negociadores en todos los campos de la discrepancia. Se trata de un proceso en el que la humanidad hace gala de su inmadurez, al afrontar estos tiempos de cambio. En esa línea, aquellos gobiernos esconden, tras las amenazas y agresiones, la ausencia de propuestas globales de consenso, apostando, en cambio, a victorias militares (que sólo podrán ser parciales) y derrotas (también parciales) del adversario. 

Dicho en breve; las tendencias iniciales conllevan posicionamientos geopolíticos, manifestados de diferentes formas. Entre ellas, el posicionamiento geográfico por parte de los principales actores, en zonas consideradas por ellos como áreas de su influencia natural: Rusia en el Mar Negro, China en Asia y Estados Unidos (EEUU) en América Latina. Además, pero, hoy se trata de posicionamientos “cruzados”. Europa incursiona en la zona que Rusia consideraba de su órbita natural, Rusia se instala en lo que EEUU siempre ha pensado como su patio trasero y a la vez EEUU sienta presencia militar en la zona que China asumía como de su influencia. 

Los posicionamientos cruzados constituyen no sólo demostración de musculatura militar, sino mensajes políticos. Ahora cada quien considera su zona de influencia no únicamente al área colindante con sus fronteras, sino a todo el mundo. Se pone particular énfasis en aquellas regiones donde tuvieran inversiones económicas, intereses comerciales o acuerdos militares. Los posicionamientos cruzados son, pues, la segunda tendencia inicial. 

El mensaje político que todos lanzan, es que no se toma en cuenta las zonas de influencia “natural” de nadie. Las zonas de influencia son algo que se conquista, se mantiene o se pierde. Ello quiere decir que, junto a las políticas comerciales o económicas, emergen las políticas militares no ya como simples medidas de disuasión. Son las decisiones militares las que comienzan a pesar en las decisiones, durante la controversia, acerca de las zonas de influencia. De esta manera, las políticas comerciales y económicas empiezan a sentir la importancia de las decisiones militares. 

Ello significa que junto al posicionamiento geográfico en zonas “sensibles” (las áreas de influencia de adversario) se busca asegurar las propias zonas de influencia y, en lo posible, consolidar las nuevas zonas de influencia alcanzadas. Este nuevo cuadro no excluye, en la mente de ninguno de los actores, la negociación, es decir el elemento político, aunque resulta claro que ahora este elemento se encuentra respaldado (y consiguientemente también limitado) por lo militar. El significado de la configuración que se está dando, nos dice que las posturas políticas de los actores inevitablemente se endurecerán, debido al condicionamiento sugerido, es decir, por la presión de sus respectivos complejos militares. 

En este proceso de reordenamiento global los principales actores han demostrado no descartar ninguna posibilidad para asegurarse el triunfo. Por esta razón, el proceso se expresa por medio de la geopolítica, la economía, la industria militar, principalmente. 

Para el primer caso, la dinámica de los posicionamientos muestra que la concepción de los espacios regionales como zonas de influencia, comienza a ser desplazada por la concepción del espacio global, como zona de influencia. En esta concepción la economía también resulta impactada, por la aparición de las tendencias iniciales del proceso. La “economía militarizada” (algunos llaman así a la inclinación norteamericana, a repartir sanciones económicas a sus adversarios, reales o imaginarios), al no haber logrado su propósito (relegar a los países sancionados hasta el aislamiento total), ha ocasionado que los países “sancionados” encuentren otras fuentes de apoyo económico, para aliviar el peso de las sanciones. Por tanto, de hecho, se ha reconfigurado el mapa económico mundial. 

Dijimos que el proceso de reordenamiento global en curso se encuentra en su fase de posicionamientos iniciales. Estos posicionamientos conforman, metafóricamente hablando, plataformas de apoyo y de lanzamiento de futuras iniciativas o de acciones en respuesta a iniciativas del adversario. Son parte de los preparativos político-militares, por lo que concretizan las estrategias de cada actor. En consecuencia, es válido decir que los actores han entrado a las etapas finales de los preparativos, para la resolución de la controversia. 

Lo cierto es que la lógica de la conflictividad de aquellos gobiernos y sus respectivas aliados, eleva la tensión mundial. Este primer resultado, ciertamente concuerda con la dimensión del objeto de disputa, así como con el desplazamiento de la diplomacia internacional, por la confrontación bélica. El que los principales actores hayan optado por esta perspectiva, nos dice a la vez que el desplazamiento de la política por la anti-política, tuvo su punto de inicio al interior de cada uno de esos países. Los Trump, los Putin, los jerarcas del PC chino, etc., etc., contaron y cuentan con los suficientes grados de legitimidad social, como para que sus propuestas devengan en políticas nacionales. 

Todos estos gobiernos han salido de sus respectivas sociedades locales, recibiendo de estas el necesario respaldo en ello, porque expresan los mayoritarios anhelos, inclinaciones y características de sus sociedades. No son ajenos o impuestos a ellas. Esta evidencia nos habla de sociedades en las que la anti-política se ha hecho carne; lo cual representa en gran medida los signos del malestar epocal de la humanidad. 

Volvamos -por último- a la posibilidad del conflicto bélico, como fórmula para determinar el nuevo orden mundial. Dado el grado del desarrollo tecnológico y de las ciencias alcanzado, así como de su incorporación a nuevas áreas de investigación, el nuevo orden global en disputa no es el fin en sí, sino solamente el medio para alcanzar un fin mayor. En efecto, con el estreno de las investigaciones espaciales en todas las áreas (la minería, la biología, etc.), quien determine el rumbo del nuevo orden global podrá, a su vez, servirse de este reordenado mundo, para utilizarlo como plataforma, en la exploración, investigación y explotación de los recursos naturales en nuestro sistema solar (¿que hay normativas que prohíben llevar los tambores de guerra al espacio?, por favor). El que estén o no conscientes de ellos los propagandistas de los “líderes” de los principales Estados involucrados, es irrelevante, porque objetivamente, en esta fase del reordenamiento global, asoma esa perspectiva para el mediano plazo. 

El autor es sociólogo y escritor