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Opinión

Cínicos, estoicos y un homenaje

23 de Junio, 2026
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El cinismo y el estoicismo fueron dos escuelas filosóficas de la antigua Grecia, que surgieron en momentos en que la Ciudad – Estado daba paso a organizaciones más extensas y complejas como el imperio de Alejandro Magno. Los cínicos, pertenecientes a la primera de ellas, sostenían que la virtud consiste únicamente en el bien, y estriba en la modestia, en la continencia, en el contentarse con poco. “El sabio apenas tiene necesidades y desprecia aquello que el común de los hombres desea. El sabio sigue sólo la ley de la virtud, no preocupándose de las leyes positivas. Así no es extranjero en ningún lugar, siendo por tanto ciudadano del mundo (cosmopolita)”, decían. 

El más famoso de los cínicos fue Diógenes, que vivía en un tonel y de quien se cuenta que, cuando Alejandro Magno fue a buscarlo y, parándose frente a él, le ofreció lo que quisiera (al fin de cuentas era emperador), recibió como respuesta: “Retírate, me estás quitando el sol que no me diste”. 

Por su parte, los estoicos concibieron un ideal de hombre sabio: aquel que ha vencido todas las pasiones y se ha librado de las influencias externas. “Tan sólo así, se obtiene el acuerdo consigo mismo, esto es, la verdadera libertad”, afirmaban. Sostenían la existencia de una “ley natural” que domina el mundo y que se refleja también en la conciencia individual, de la cual el hombre es partícipe por su propia naturaleza. Hubo varios estoicos famosos, griegos y romanos: Zenón de Citio, Crisipo y Cleantes, entre los primeros, y Séneca, Epicteto y el emperador Marco Aurelio, entre los segundos.

Como muchísimas otras palabras, “cínico” y “estoico” tienen en la actualidad significados diferentes. Hoy por hoy “cínico” alude a un individuo que actúa con falsedad o desvergüenza descaradas, siendo sus sinónimos descarado, desvergonzado, insolente, caradura, fresco, impúdico, inverecundo, curtido. Por su parte, la palabra “estoico” alude a alguien fuerte y ecuánime ante la desgracia, siendo sus sinónimos: firme, sereno, impasible, imperturbable, entero.

El mundo está lleno de unos y de otros. Cínicos actuales son, entre varios otros, Trump, el presidente norteamericano que, por ejemplo, se lanzó a una guerra contra Irán, al cabo de la cual terminó reforzando la cruel teocracia que oprime al pueblo iraní y tuvo que tragarse sus palabras de que en una noche desaparecería una civilización, cuando el Papa León XIV dijo que esas amenazas eran verdaderamente inaceptables.

Otro cínico es su compinche Netanhayu que, a nombre de eliminar las amenazas que pesan sobre Israel, está cometiendo un evidente genocidio con los palestinos, tanto en Gaza como en Cisjordania, y también en el sur del Líbano, pese al desagrado que esto último ocasionó a Trump.

En Bolivia hay varios cínicos. Uno de ellos es Víctor Salazar, el de la “Tupaj Katari”, que decidió suspender los bloqueos “para celebrar el año nuevo aimara”. Nilton Condori (¡diputado suplente por el partido de Doria Medina!) que justificó que en un bloqueo no se deje pasar ambulancias, aunque estén trasladando enfermos (“que se muera el enfermo, estamos en bloqueo” dijo) y que acusó a Salazar de haber recibido Bs100.000 para levantar los bloqueos. Argollo, que bastante tarde “se dio cuenta” que lo estaban usando políticamente.

Está también, el ministro Lupo que, ufano, dice que se están levantando los bloqueos sin costos, olvidando los más de veinte muertos, las empresas quebradas, los choferes pasando las de Caín, la gente pagando lo que podía para comprar algo.

El cínico mayor está confinado en el trópico de Cochabamba. Pasó de haber pedido la renuncia de Paz Pereira, a decir que nunca lo hizo; de haber confesado que estaba detrás de los bloqueos, a negarlo; de haber levantado las medidas de presión luego de su evidente derrota, a afirmar que es un cuarto intermedio que no significa rendición.

Por el otro lado, hubo muchísimos estoicos: las poblaciones de La Paz y El Alto. No solo los nacidos en estas tierras benditas, sino también aquellos a los que no han cobijado sin preguntar de dónde somos ni expresar rechazo por nuestro origen. Soportando 50 días de arremetida inmisericorde por parte de terroristas disfrazados de dirigentes sindicales y campesinos. ¡Mis respetos!

Los policías que, pasando hambre y frío, y siendo agredidos varias veces, manejaron la difícil situación que vivió Bolivia, con profesionalismo y respetando los derechos humanos (pese al ITEI y a los gauchos entrometidos que fueron echados de Bolivia como correspondía).

Los choferes varados en las carreteras por tan largo tiempo, las caseritas que fueron agredidas y asaltadas durante las movilizaciones. Las personas que ayudaron a quienes estaban en desgracia.

En el final, el recuerdo a un verdadero estoico: Antonio Araníbar Quiroga. Exiliado abusivamente durante más de 20 años por el confinado del Chapare, soportó estoicamente esa situación hasta que, a finales del año pasado, pudo volver a su amada Bolivia, a la cual contribuyó desde muy joven con la lucha honesta y auténtica por la democracia de la que gozamos hoy. ¡Descansa en paz y goza de Dios, Antonio! 

El autor es abogado