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Opinión

La punta del ovillo, en la guerra en el Medio Oriente

9 de Julio, 2025
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Todos creyeron haber hallado la punta del ovillo y comenzaron a jalar de ella. Después de la incursión terrorista de Hamas en octubre del 2023, Israel vio la oportunidad para incursionar en Gaza con la pretensión de acabar con Hamas. Ante ello, las milicias, Hezbolá en el Líbano, Huties en Yemen, vieron a su vez la oportunidad de atacar a Israel, en apoyo a Hamas. La convergencia de las milicias pro-iraníes significó, a los ojos israelíes, el tiempo para atacar directamente a Irán. 

La respuesta de Teherán sorprendió por su contundencia, motivando la intervención de Estados Unidos (EEUU) en el conflicto, en apoyo al gobierno israelí de Netanyahu. Así, comenzó Trump a jalar de la punta, con la intención de acabar con los esfuerzos iraníes por convertirse en potencia nuclear. Pero, ¿cuál es el ovillo al que todos pretenden llegar? Ciertamente no es el mismo para cada uno de estos tres actores. 

La guerra entre Israel/EEUU e Irán ha evidenciado factores determinantes por un lado, mostrando, por otro, ser de alcance global. Esto habla de consideraciones globales en el conflicto, relacionadas a la industria de tecnología de punta, las finanzas mundiales y los bloques político-diplomáticos, principalmente. En el conflicto afloraron, pues, interconexiones en varias áreas (tecnología, economía, comercio, geopolítica) que impiden reducir el análisis a las teorías del juego, a planificaciones militares o a estrategias psicológicas. 

Los factores determinantes manifestados extendieron las razones de base, gestoras del conflicto; motivo por el cual aseveramos que este proceso beligerante no ha concluido. Los fundamentos políticos, geográficos, religiosos, de la guerra han sido ratificados como elementos de la legitimación discursiva de los actores, precisamente gracias a aquellos factores determinantes. Al hecho que el conflicto se gestara a partir del ataque terrorista de Hamas y la respuesta israelí sobre la población civil de Gaza, debe sumarse la contundencia de la respuesta iraní y el despliegue de alta tecnología en ella. No puede subestimarse, en estas condiciones, la consecuencia global que este último factor provocó. 

El principal rasgo con el que Israel participó en el conflicto fue tecnológico (sintetizado en la cúpula de hierro), político-ideológico y económico. Así, el elevado costo económico que supuso mantener en pie la cúpula, reveló parte de la estrategia israelí: una guerra corta pero fulminante. Desde la perspectiva iraní, dado los costos mucho menores, se mostraba una estrategia distinta. Aquí se apostaba a una guerra maratónica, de lento desgaste israelí, hasta convertir el anhelo de su derrota en un objetivo fácil. 

Los hechos generaron una avalancha de preocupaciones en Europa, EEUU y las industrias globales de alta tecnología. Al fin de cuentas, con el respaldo de todos fue provisto Israel de la cúpula y del arsenal militar, convirtiendo a ese país en un verdadero “laboratorio de campo”. Ahora, con la eficacia de la cúpula reducido dramáticamente, la preocupación, ante el temor que los misiles balísticos hipersónicos iraníes pudieran el día de mañana ingresar a cualquiera de las ciudades europeas y norteamericanas, comenzó a crecer exponencialmente. 

Por otra parte, Irán también supo aprovechar el conflicto en el terreno diplomático. Tendió nuevas relaciones, afianzó las existentes, con lo que rompió su aislamiento internacional, hasta consolidarse como un interlocutor válido en la región (particularmente para países como China, Rusia y algunos del propio mundo musulmán). Al contrario, Israel, aunque no relegado a la soledad mundial, no pudo ampliar su espectro diplomático de respaldo; entre otras razones por la innecesaria matanza a la población civil de Gaza, así como el hostigamiento (con más de una treintena de muertes incluidas) a instituciones humanitarias de apoyo a dicha población. Ello parece mostrar las posibilidades reales que sea Irán quien se convierta en potencia regional y, a nivel global, se consolide como potencia media; precisamente algo que Israel y EEUU querían evitar. 

En el terreno de la geopolítica global destaca la importancia del Medio Oriente, tanto por su riqueza petrolera como por su ubicación geográfica. La región es paso obligado para gran parte del comercio mundial. Al mismo tiempo se trata de una zona inestable, por las tensiones políticas y religiosas, además de la disputa entre las potencias del mundo por alcanzar decisivas y duraderas influencias en ella. Se suma, a ello, la pulsión de los Estados del Medio Oriente, por adquirir cada vez mayores grados de gravitación propia. 

Estas condiciones también las ha sabido aprovechar Teherán, luego del inútil ataque de EEUU a sus instalaciones nucleares. En su extravío, Trump dejó mal paradas a las instituciones de seguridad de su país, poniendo en duda la seriedad y credibilidad en las mismas. Días antes del ataque, Donald aseguró que la directora nacional de seguridad (que agrupa a la CIA, el FBI y el Pentágono) estaba equivocada al afirmar que Irán no estaba cerca de concluir el proceso de enriquecimiento de uranio, para la fabricación de la bomba atómica. Seguro de haber justificado de esa manera el ataque que ordenaría días más tarde, se lanzó a la aventura. Concluida ésta, calificó el hecho como un espectacular éxito militar, aunque posteriores informes aseguraban que los daños causados eran menores y retrasarían, a lo sumo, unos dos o tres meses el empeño iraní. Varios días después, el jefe del Pentágono se presentó ante la prensa, “informando” que los bombardeos habían logrado retrasar el programa nuclear iraní en dos años. 

La desprolijidad que la otrora primera potencia mundial mostraba, no sólo restó credibilidad a sus instituciones de seguridad, sino inauguró el ciclo de su debilitamiento institucional, cuya parada final no es sino otra que la desinstitucionalización. En América Latina se sabe mucho de eso, particularmente en Bolivia, país sin instituciones reales, que se contenta con tener, al menos, aún las denominaciones de ellas. 

Se diría, en términos pugilísticos, que Irán ha ganado por puntos esta ronda. Teherán se ha visto beneficiada por la política guerrerista de Netanyahu, los manotazos a ciegas de Trump y la inacción europea, frente a estos dos personajes. Propuestas, medianamente sensatas y racionales, para incidir en la raíz que impulsó el conflicto (como la creación del Estado palestino, por ejemplo), han quedado olvidadas, en medio del vendaval bélico. 

El alto al fuego -temporal, desde una perspectiva larga- en la lógica confrontacional prevaleciente, sirve a todos, para perfeccionar los complejos industrial-militar. La carrera armamentística, a la que arrastran al mundo, es el resultado de la primera ronda. En este sentido, la pantomima de conversaciones respecto al programa nuclear iraní, sirve en lo principal para distraer a la opinión pública mundial, por medio de espectaculares despliegues “informativos” de las grandes cadenas de “comunicación”, norteamericanas, europeas, iraníes, rusas, chinas, etc. 

El autor es sociólogo y escritor