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Opinión

Bolivia – elecciones: ¿Sorpresas o ratificaciones

30 de Septiembre, 2025
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Las elecciones del pasado 17 de agosto mostraron, en términos generales, una disociación entre estructura social y superestructura política. Esta disociación, a consecuencia del comportamiento electoral observado, revela que el votante no es presa de los partidos políticos, sino viceversa. Ambas consecuencias (disociación y comportamiento electoral) sorprendieron a muchísimos observadores y comentaristas políticos y desnudaron la falacia de todas las encuestas previas. En el fondo, sin embargo y más allá del extravío de comentaristas, observadores y encuestadores, el resultado electoral reveló el poco conocimiento que, entre sí, tienen los principales grupos socio-culturales de este país; es decir, mostró que la interrelación entre estos grupos sociales apenas alcanzó a crear débiles lazos de intercomunicación. 

El resultado de la primera vuelta electoral sacó a luz, como dato importante, la ratificación de historias paralelas. Con ello queremos decir que, aun compartiendo un mismo evento (la experiencia del Estado plurinacional, por ejemplo), la asimilación, asunción y proyección del mismo es radicalmente distinta, entre tales grupos sociales. Es en este contexto que inscribimos las ratificaciones políticas de las entidades socio-culturales, así como los motivos de sorpresa de observadores y analistas. 

El pasado, al ratificarse, se actualiza en el presente, tornando a éste en un “presente crítico”. Desde ya, el acto de la ratificación misma abre muchos cuestionamientos. En principio, el referido a lo que se ratifica; vale decir, en este caso, a identidades colectivas (que René Zavaleta Mercado, en la última fase de su trayectoria reflexiva, denominaba “las dos estirpes”) indígena, campesina, por un lado y por otro, blancoide mestiza. Cada una de estas estirpes, a su vez, ratifica la cultura política que porta. Se trata de polos sociales que, en síntesis, son colectivistas y antiliberal o individualista y liberal, respectivamente. Junto a estas iniciales consideraciones, mencionemos que también resultan ratificadas sus historias. Téngase en cuenta que esas historias han devenido en historias nacionales, gracias a la experiencia del ejercicio del poder estatal de todos los grupos y clases sociales; oportunidad en la que cada grupo ha impuesto su sello particular al poder, al Estado y a la historia del país. 

La forma concreta en que estas ratificaciones se manifestara en las elecciones de agosto pasado se encuentra resumida, desde el lado de los electores, en la geografía electoral configurada. A su vez, desde la perspectiva de los actores políticos institucionales (partidos políticos y sus dirigencias), se muestra en los atrincheramientos de las candidaturas y en las proyecciones de corto alcance. Algo que bien condice con la crisis en todo orden, que soporta este país, luego de dos décadas del ensayo del proyecto político totalitario delincuencial intentado por el Movimiento al Socialismo (MAS). Sin embargo, estos elementos de carácter coyuntural hablan de la incapacidad para formular un proyecto nacional, con perspectivas históricas. La propia incapacidad -algo habitual a lo largo de 200 años de vida de Bolivia- también resultó ratificada. 

Resumiendo; las ratificaciones abarcan, en lo principal los planos político, ideológico y cultural. No solamente se ratificaron los comportamientos de los partidos y sus dirigentes, sino también el comportamiento de la sociedad misma, convocada a consulta política. 

La persistencia a la que nos referimos, junto a las mediaciones democráticas atrofiadas (y por lo tanto incapaces de informar al Estado de las inclinaciones, el comportamiento y las motivaciones de la sociedad), han ocasionado en la mayoría de los observadores y analistas políticos, un estado de sorpresa casi paralizante. Lo que incrementó el desconcierto, además de las atrofiadas mediaciones institucionales, fue la manipulación de las encuestas; una suerte de mentira en la que terminaron creyendo sus propios promotores, ansiosos de posicionar supuestas tendencias electorales. En el fondo, como anotamos líneas arriba, lo que generó la sorpresa fue la tradicional incomunicación entre las matrices o estirpes socio-culturales. Desde cierto psicoanálisis se diría que, en esta sociedad, simplemente no hay escucha. 

Por otra parte, conviene indagar en torno a quiénes fueron los sorprendidos. Desde ya, no los componentes de la estructura social, sino los de la superestructura política; es decir, las direcciones partidarias, cívicas e incluso sindicales, así como los reproductores de opinión, o sea analistas y periodistas. En el caso de las direcciones partidarias ello ratifica lo adelantado líneas arriba, mientras que en el de las direcciones cívicas nos habla de los límites sociales, clasistas e ideológicos (aquí utilizamos el término “límite” en el sentido de Sartre, o sea como “posibilidades últimas”). En el de las direcciones sindicales, estamos ante las consecuencias últimas del prebendalismo y el clientelismo practicadas por el MAS durante las últimas dos décadas; práctica que ha convertido a esas direcciones en verdaderas mafias sindicales, con la aquiescencia de sus mismas bases. Por último, en lo referido a los reproductores de opinión, en tanto prolongaciones del establishment, nos encontramos ante el estupor con el que vivieron la experiencia política masista. 

Se sorprendieron porque, pese al proyecto totalitario delincuencial de los Evo Morales – Luis Arce, las elecciones ratificaron visiones ideológicas polares, con el consiguiente distanciamiento político. Lo innegable, sin embargo, es que las instituciones cívicas y sociales, más allá de las sorpresas, continúan siendo actores políticos relevantes, opacando a los partidos políticos en ese rol. En este orden, puede decirse que se asienta otra constante en la política boliviana: los partidos políticos tienen una vida efímera y su gravitación depende, en no poca medida, del beneplácito de las organizaciones cívicas y sindicales. 

Lo concreto es, pues, que el pasado regresa; aunque lo hace matizado por las determinaciones del presente. Con ello, no únicamente vuelve al debate la resolución de las cuestiones pendientes de ese pasado, sino también el hecho -como si fuera por en alternancia por turnos- del fracaso de los ensayos intentados por cada uno de los sectores y clases sociales, para plasmar un proyecto nacional. Así de estéril puede llegar a ser una sociedad que no ha logrado nacionalizarse. 

El autor es sociólogo y escritor