La Paz, 04 de marzo de 2026 (AND).- El incremento de la intolerancia a la lactosa y una mayor conciencia sobre hábitos alimentarios saludables han impulsado la búsqueda de alternativas vegetales a los productos de origen animal. En este contexto nace Soyberry, un yogurt vegetal elaborado a base de soya y acompañado de mermelada de frutos rojos, que combina ciencia, nutrición y sabor en una propuesta accesible.
Detrás del producto está un equipo de estudiantes de Bioquímica y Farmacia de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), quienes apostaron por convertir una necesidad de salud en una oportunidad de innovación.
“La idea de crear el yogurt vegetal nace a partir de que hay varias personas que son intolerantes a la lactosa, entonces de ahí surge la iniciativa de elaborar un yogur de leche de soya y, para que no se vea tan simple, agregamos una mermelada a base de frutos rojos. Este producto no tiene lactosa, es mucho más ligero y además contiene proteínas vegetales”, explica Kamila Paredes, una de las creadoras del producto.
La propuesta no solo responde a quienes presentan intolerancia a la lactosa, sino también a personas que, por elección personal, buscan reducir su consumo de lácteos. Al estar elaborado con leche de soya, el yogurt ofrece proteínas vegetales y una digestión más ligera. La incorporación de frutos rojos no solo mejora la experiencia sensorial, sino que aporta antioxidantes que fortalecen su perfil nutricional.
El desarrollo de Soyberry fue resultado de un proceso riguroso que incluyó investigación previa, formulación, pruebas microbiológicas, ajustes de textura y evaluaciones de aceptación. El proyecto tomó entre dos y tres meses de trabajo constante en laboratorio, donde el método científico fue clave para alcanzar un producto estable y agradable al consumidor.
“Ponemos en práctica el aprender haciendo mediante investigaciones y pruebas que nosotros mismos realizamos en laboratorio, con intentos e intentos hasta lograr lo que queremos obtener en el producto”, relata Ana Paula Bulacia, quien también formó parte del equipo creador.
El camino no fue sencillo. “El proceso para realizar este producto fue laborioso, ya que tuvimos que trabajar e intentar hasta lograr un producto deseable y aceptable para la población a la que queremos llegar”, señala Bulacia. El equipo evaluó sabor, consistencia y estabilidad, asegurándose de cumplir estándares básicos de calidad y aceptación.
Más allá del resultado tangible, Soyberry representa una experiencia formativa integral. Las estudiantes fortalecieron habilidades como el trabajo en equipo, la resolución de problemas y la aplicación práctica de conocimientos científicos, consolidando el modelo educativo de “aprender haciendo”.
Para sus creadoras, el proyecto tiene además un componente social. Desarrollar un alimento pensado para personas con restricciones alimentarias les permitió comprender que la ciencia universitaria puede trascender el aula y generar impacto real en la calidad de vida de la población.
En un escenario donde la alimentación saludable, la innovación y la sostenibilidad ganan protagonismo, Soyberry se posiciona como un ejemplo de cómo el conocimiento aplicado desde la etapa estudiantil puede traducirse en soluciones concretas. Más que un yogurt vegetal, es una muestra de que la investigación académica puede convertirse en respuesta a las nuevas demandas de salud y consumo de la sociedad.
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