La Paz, 21 de julio de 2026 (AND).- Dormir bien se ha convertido en uno de los mayores desafíos de la vida moderna. La hiperconectividad, las largas jornadas académicas y laborales y el uso constante de dispositivos electrónicos están modificando los hábitos de descanso, especialmente entre adolescentes y jóvenes adultos. Las consecuencias ya no se reflejan solo en el cansancio diario: expertos y organismos internacionales advierten que la mala calidad del sueño impacta directamente en la memoria, la concentración, el aprendizaje y la salud mental.
Para Sirley Miranda, docente de la carrera de Medicina de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), el impacto de la sobreexposición digital es profundo y afecta múltiples dimensiones de la salud.
“Desde mi visión médica, el impacto es significativo y multifacético. Se ha asociado el uso excesivo con ansiedad, depresión, estrés, baja autoestima y problemas de atención, especialmente en adolescentes”, explica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que los trastornos mentales, como la ansiedad y la depresión, figuran entre las principales causas de enfermedad en adolescentes y jóvenes. Según el organismo, uno de cada siete adolescentes en el mundo presenta algún trastorno mental, una situación agravada por factores vinculados al entorno digital y los cambios en los estilos de vida.
En paralelo, la evidencia científica confirma que las pantallas alteran el descanso. Un estudio realizado en Noruega con más de 45.000 jóvenes adultos y publicado en Frontiers in Psychiatry concluyó que utilizar dispositivos electrónicos durante una hora en la cama incrementa en un 59% el riesgo de insomnio y reduce el tiempo de sueño en aproximadamente 24 minutos por noche. La investigación reveló además que el problema no se limita a las redes sociales: videojuegos, plataformas de streaming e incluso actividades académicas realizadas desde dispositivos generan efectos similares.
La explicación tiene una base biológica. La luz azul emitida por celulares, computadoras y tabletas interfiere en la producción de melatonina, hormona responsable de regular el sueño. Al mismo tiempo, el consumo continuo de contenido mantiene al cerebro en estado de alerta permanente, dificultando la relajación necesaria para dormir.
Miranda advierte además que las consecuencias comienzan desde edades tempranas. “En niños pequeños, el exceso de tiempo frente a pantallas puede retrasar el desarrollo del lenguaje, habilidades sociales y cognitivas”, sostiene.
La afectación no es únicamente emocional o cognitiva. El uso prolongado de dispositivos también provoca fatiga visual y dificultades de concentración. “Es el problema más común, causado por el esfuerzo constante de enfocar a corta distancia. Los síntomas incluyen ojos secos, irritados, visión borrosa, dolores de cabeza y dificultad para concentrarse”, afirma Miranda.
El deterioro de la atención es otro de los fenómenos que preocupa a los especialistas. Álvaro Eyzaguirre, docente en Medicina de Unifranz La Paz, explica que el consumo acelerado de contenido digital modifica la capacidad de concentración de los jóvenes.
“Tenemos los trastornos atencionales secundarios, que se deben al uso excesivo de redes sociales y medios que disminuyen la capacidad atencional porque, por ejemplo, TikTok o los reels de Instagram no duran más de 30 segundos”, señala.
La reducción del tiempo de atención repercute directamente en el rendimiento académico y laboral. Leer un libro, mantener la concentración en clases o realizar tareas complejas durante varias horas se vuelve cada vez más difícil en un entorno dominado por estímulos rápidos y constantes.
La falta de sueño también afecta los procesos de memoria y aprendizaje. Lizeth Quispe, docente de Medicina de Unifranz, explica que el descanso es una función esencial para el funcionamiento cerebral. “Dormir no es perder el tiempo, es una función vital del organismo. Durante el sueño el cuerpo se recupera, el cerebro procesa la información y se regulan funciones esenciales”, afirma.
Según la especialista, el sueño cumple un rol clave en la consolidación de la memoria y el aprendizaje. “Durante la noche, el cerebro organiza la información y consolida la memoria. Por eso, una buena calidad de sueño se traduce en mejor aprendizaje y concentración”, sostiene Quispe.
La evidencia científica respalda esta afirmación. Investigaciones de la Universidad de Pittsburgh encontraron que la reducción del descanso nocturno vinculada al uso excesivo de pantallas incrementa síntomas depresivos y afecta procesos cognitivos relacionados con el bienestar psicológico.
Las consecuencias pueden extenderse a largo plazo. Estudios recientes relacionan la falta crónica de sueño con enfermedades cardiovasculares, obesidad y trastornos neurodegenerativos. “Se ha observado que dormir seis horas o menos se asocia con mayor acumulación de beta-amiloide, una proteína vinculada al desarrollo del Alzheimer”, advierte Quispe.
Frente a este escenario, especialistas recomiendan recuperar hábitos saludables: establecer horarios regulares de descanso, evitar pantallas antes de dormir, realizar actividad física y promover espacios libres de dispositivos electrónicos dentro del hogar.
“Cuidar el sueño significa darle al cuerpo las condiciones necesarias para recuperarse. No solo mejora la calidad de vida diaria, también ayuda a prevenir enfermedades metabólicas y cardiovasculares”, concluye Quispe.
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