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Innovación y Educación

Descanso y trabajo, el equilibrio que protege la salud mental y potencia el rendimiento

a falta de límites entre trabajo y vida personal se convirtió en un riesgo creciente. Karina Sánchez Apaza, docente de Psicología en Unifranz, alerta sobre el avance del burnout.
13 de febrero, 2026 - 14:44
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Un estudio de Sodexo respalda esta mirada: por cada 10 horas de vacaciones, el desempeño mejora en promedio un 8%.   Foto: Unifranz
Un estudio de Sodexo respalda esta mirada: por cada 10 horas de vacaciones, el desempeño mejora en promedio un 8%. Foto: Unifranz

La Paz, 13 de enero de 2026 (AND).- En un entorno laboral marcado por la prisa y la hiperconexión, el descanso dejó de percibirse como un lujo. Hoy es una condición básica para sostener la productividad, la creatividad y la salud mental. La evidencia muestra que quienes equilibran sus responsabilidades con pausas reales trabajan mejor, se equivocan menos y conservan su estabilidad emocional.

“El descanso es esencial para el éxito laboral, es un factor clave”, afirma Mónica Messa, directora de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). La especialista advierte que la ausencia de pausas prolonga la fatiga, incrementa los errores y debilita la concentración. En cambio, detenerse a tiempo mejora el rendimiento y la eficiencia.

Un estudio de Sodexo respalda esta mirada: por cada 10 horas de vacaciones, el desempeño mejora en promedio un 8%. Quienes descansan regresan con mayor energía, motivación y creatividad, lo que impacta en los resultados y reduce la rotación de personal.

Para Messa, descansar no es solo parar el cuerpo, sino también desconectar la mente y las emociones. “No se trata de quién pasa más horas en la oficina, sino de quién gestiona mejor su tiempo y mantiene su estabilidad emocional”, explica. Desde esta perspectiva, las habilidades blandas —empatía, comunicación y resiliencia— dependen directamente del equilibrio emocional.

La falta de límites entre trabajo y vida personal se convirtió en un riesgo creciente. Karina Sánchez Apaza, docente de Psicología en Unifranz, alerta sobre el avance del burnout: “A largo plazo, el agotamiento puede deteriorar la salud mental y física, incrementando el riesgo de depresión, ansiedad y enfermedades cardiovasculares”.

Las cifras acompañan esta preocupación. Un informe de InfoJobs (2022) señala que el 32% de quienes dejaron su empleo lo hicieron para proteger su salud mental. La Guía del Mercado Laboral de Hays añade que el 43% de los empleados sufre fatiga por exceso de horas y presión constante.

Aunque la jornada de ocho horas fue un hito histórico, la tecnología volvió difusas las fronteras. Correos y mensajes irrumpen en los espacios personales e impiden la desconexión necesaria para recuperar energías.

Nuevas políticas y culturas organizacionales

Frente a este escenario, las organizaciones más innovadoras replantean su cultura interna. Messa observa que las empresas reconocidas como Great Place to Work priorizan el equilibrio real entre vida y trabajo. “Cuando una empresa permite que un padre asista a una actividad escolar o que un colaborador adapte su horario según sus necesidades personales, no solo mejora su bienestar, sino también su compromiso con la organización”, enfatiza.

En los últimos años, esta visión se fortaleció con políticas públicas y avances en psicología laboral. Países como Francia y España implementaron leyes de “desconexión digital” que prohíben exigir respuestas fuera del horario laboral, mientras en América Latina crece el debate sobre jornadas menores a 40 horas semanales.

El trabajo híbrido y la flexibilidad horaria se consolidan como herramientas para atraer talento y sostener la salud emocional. Según el informe “Talent Trends 2023” de Michael Page, siete de cada diez personas priorizan su salud mental por encima de un ascenso.

“El bienestar y la productividad no son opuestos”, sostiene Sánchez: “Cuidar la salud mental de los trabajadores contribuye a su bienestar general, aumenta la productividad y reduce el estrés laboral”. Las empresas que invierten en bienestar logran mayor lealtad, menos ausentismo y mejor reputación.

Prácticas como yoga, meditación y actividad física empiezan a formar parte de la rutina laboral. Dormir al menos ocho horas, reducir pantallas antes de dormir y promover pausas activas son hábitos que marcan diferencias visibles.

“Descansar no es perder el tiempo; es una inversión en salud, motivación y calidad de vida”, resume Messa. Construir entornos laborales más equilibrados no solo mejora los resultados, también fortalece el tejido humano y emocional de las organizaciones.

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