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Opinión

Un informe nacional necesario, pero quizá indeseable

28 de Julio, 2025
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 ¿Qué diría un informe sobre Bolivia en oportunidad de su bicentenario?

A un año de la fundación de la República, el gobierno inglés había encomendado al geógrafo y naturalista irlandés Joseph Barclay Pentland la realización de un viaje por la nación que se acababa de constituir y la consiguiente preparación de un reporte.

El propósito era contar con información para ofrecer “posibilidades atractivas a los mercaderes e industriales británicos que estén buscando activamente nuevos mercados de ultramar para exportaciones”.

Pentland, que había compartido tareas con el científico y estadista francés Georges Cuvier y con el geógrafo y explorador alemán Alexander von Humboldt, fue recomendado en su tarea por Simón Bolívar y recibió pleno respaldo del presidente Antonio José de Sucre.

Su periplo de siete meses, desde septiembre de 1826, le llevó por las tres zonas del país que él nombró como frígida, temperada y tórrida. Su informe, que resume los antecedentes de la independencia, describe la geografía y la economía con énfasis en la minería, examina las relaciones comerciales internas y extranjeras y brinda un panorama del “actual estado político”, lo entregó en Londres en diciembre de 1827.

“Si Bolivia tiene enemigos de su independencia entre sus propios ciudadanos, ellos son pocos y no de temer, ya que todas las clases de su población han empezado a apreciar los actos del Congreso y del Ejecutivo, a beneficiarse de las reformas que han tenido lugar en el goce de la tranquilidad y de la paz. En cada rama del comercio y de la industria se está difundiendo gradualmente la prosperidad; se oye rara vez una voz disidente contra los actos del gobierno, tomando en cuenta la entera libertad de sentimientos y expresión que tienen sus ciudadanos y las ordenanzas de su Ley Fundamental, están gradualmente entrando en operación para ventaja de todos”, sostenía Pentland en su Report on Bolivia.

Esa visión optimista, que no ahorraba elogios para con el “ilustre individuo [Sucre] que está ahora a la cabeza del Ejecutivo Boliviano”, se condensaba en la apreciación de Pentland de que Bolivia era en ese momento “un gran nuevo Estado en el interior del continente Sudamericano”.

Casi cien años después, desde noviembre de 1920, el coronel José E. Rodríguez, con una delegación militar argentina, recorrió “todo el Oriente y Occidente boliviano” y narró su trayecto y observaciones en el libro A través de Bolivia que fue publicado en Buenos Aires en 1925.

Esa memoria contiene una serie de consideraciones sobre la geografía, la población, los recursos naturales, la economía y los políticos de Bolivia, así como evaluaciones de las relaciones del país con sus vecinos y recomendaciones respecto a los vínculos argentino-bolivianos, incluso de orden militar estratégico.

En un análisis referido a las pérdidas territoriales que sufrió el país por cuenta de Brasil y Chile durante el siglo diecinueve, Rodríguez afirmaba que “Bolivia era una presa fácil, dada su escasa potencialidad y el continuo desorden y anarquía interna en que vivía desde su constitución en nación soberana”.

A diferencia del espíritu que reflejaba el informe de Pentland, en este caso había una lectura crítica de las características de la situación nacional boliviana, la que, por ejemplo, sostenía con crudeza (¿realismo?) lo siguiente sobre lo sucedido con la guerra del Pacífico:

“Bolivia está reducida a una situación mediterránea por haber perdido su litoral marítimo como consecuencia de la guerra del 79 y posteriormente cedido en definitiva a Chile en virtud de un tratado ad-referéndum firmado por el Presidente dictador Melgarejo y sancionado a su tiempo, con fuerza de ley, por el Poder Legislativo Boliviano; no tiene vuelta de hoja, Bolivia ha perdido su hermoso litoral aunque esa negociación fuera llevada a cabo por un dictador y una Legislatura subyugada”.

Así, dos aproximaciones externas a la realidad boliviana separadas por casi un siglo de distancia daban cuenta, primero, de un promisorio momento inaugural y, después, de unas circunstancias claramente menos favorables y acechadas por variados riesgos.

Hoy, al conmemorar su bicentenario y bajo el agobio de una crisis política, institucional, social, económica, ambiental, educativa y de relaciones internacionales, el país se acerca a pretender redefinir su futuro inmediato. Sin duda, haría falta disponer para ello de un nuevo, detallado y riguroso informe sobre el estado de la nación, aunque a la luz de todo lo que se vive en los días actuales satisfacer esa necesidad casi resulta indeseable.

El autor es especialista en comunicación y análisis político

 

 

 

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