Es un fenómeno sumamente llamativo, como ciertos sectores de la población se adjudican el denominativo de “pueblo” para justificar comportamientos, reivindicaciones y derechos, indican que sus luchas son las luchas de todos contra sectores “privilegiados”, los cuales vendrían a responder intereses ajenos o lo que podemos denominar el “antipueblo”, esas élites a los cuales los autodenominados “sectores populares” deben vencer a toda costa, sin tener realmente certeza de que porque son deben destruir a esta entidad que consideran “maligna”.
Así como indica el Filósofo: Dr. H.C.F. Mansilla: “Los ideólogos de esta tendencia creen que este segmento social es demográficamente el mayoritario en el país y que simultáneamente encarna el futuro progresista y promisorio de la nación. Un estamento social de estas características está por encima de la crítica. Como el porvenir le pertenece plenamente, posee el derecho casi divino de imponer su visión del mundo”, una mentalidad que les parece razón suficiente para atropellar cualquier idea disidente, todo esto en disonancia con un estado que se considera así mismo democrático.
Muchos de ideólogos detrás de estos movimientos, suelen tildarse de antifascistas y/o estar en contra de ideas de “extrema derecha”, pero acuden a artilugios fascistas de manera constante, como el hecho de deshumanizar a sus rivales, ósea, aquellos que tienen ideas diferentes, tildar de desclasados a aquellas voces humanistas dentro de sus propios movimientos que pregonan sensatez y buscan politizar a sus correligionarios utilizando una retórica victimista, en la cual señalan a un sector de la población como culpables de todos los males y los cuales deben ser erradicados, en el mismo tenor de Hitler en sus peores épocas.
Los totalitaristas se disfrazan de víctimas y ocultan sus oscuras intenciones enredando a la población con frases y slogans rimbombantes carentes de sentido y contenido vendiendo una historia simplista de buenos contra malos, ejemplos de ese tipo se visibilizaron en cantidad por diferentes escritores como ser: Quya Reyna, Carlos Macusaya, Cesar Uscamayta, etc. Mismos que escribieron letras y letras justificando acciones reprochables e intentaron crear una retórica falaz con el objetivo de resolver sus ideas dañadas con amplios niveles de disonancia cognitiva.
Para responder la pregunta de: ¿Quién es el pueblo?, debemos acercarnos a los registros del SEGIP y evidenciar que “Pueblo” es todo aquel ciudadano boliviano, sin importar su nivel de ingresos, orígenes, ideas, etc.; y si esta sentencia es verdad, y lo es, no hay tal lucha de clases que valga o deba ser justificado en el nombre del “Pueblo”, cuando pueblo somos todos y, por lo tanto, el llamamiento debe ser a la unidad por el progreso y desarrollo de Bolivia.
El autor es director Ejecutivo de Generación Bicentenario