Me he topado con un grupo de bloqueadores a la entrada del aeropuerto de El Alto, muchos de ellos habían venido aparentemente en bicicleta, puesto que estas cerraban una de las calles que llevan al acceso a esa importante facilidad. Mientras me acercaba con un pequeño grupo de turistas alemanes, dentro de los cuales había no solo los que gastan en un viaje, sino los que ahorran para hacer un viaje, sentí algo que solo experimente en el 2003, cuando alguien lanzó una piedra a una ventana del hotel Presidente desde donde un azorado y curioso turista observaba las inmediaciones de la plaza San Francisco, repletas de manifestantes.
Esta ves, estando a pie, tratando de entrar al aeropuerto, una persona arrastrándose por el mal de altura, la agresividad la sentí más a flor de piel, gritos de: váyanse a sus casas!, no hay paso!, esta cerrado!, vuelvan! ( en el sentido de no seguir adelante), no van a pasar,! y malditos!, son hijos de los colonizadores!, explotadores!, etc, no es que me llegaron a alterar, ciertamente estaba preocupado porque si no franqueaba ese obstáculo, yo y la personas a mi cargo estaríamos en una situación de lo más incómoda, pero aparte de la impotencia, porque la sensatez me obligaba a simular sumisión, y a pedir por favor, sentí una inmensa pena, porque esa escena, ese comportamiento refleja nuestra realidad nacional, y si uno se pone en modo pesimista, nuestro destino.
Me dolió porque esa agresividad no es lo que yo he conocido a lo largo de mi vida, y he pasado por muchas situaciones de crispamiento social, y por momentos difíciles, (en el año dos mil permanecí 19 dias bloqueado en el lago Titicaca, pero tampoco allí sentí agresividad directa.) Paralelamente a los insultos directos a quienes trataban de entrar al aeropuerto, estaban los estribillos sediciosos pidiendo la renuncia del presidente Paz.
Lo que me indigna, es que quienes han orquestado estas movilizaciones, han logrado exacerbar el odio al otro de una manera extraordinaria, y que es capaz de echar por la borda a la democracia de nuestro país. El entramado de dirigentes de movimientos sociales, y sindicatos, ligados al MAS, que aunque muerto, sigue moviéndose como zombie, está jugando con las cartas que tienen bajo la manga, la movilización de gente en las calles, los bloqueos, pero no por un enfurecimiento genuino, sino por una movilización a partir de medias verdades, vale decir de mentiras completas, y de presión social que incluye multas y castigos de diversa índole si no se acatan las decisiones de la cúpula.
Esta no es una rebelión de la gente ante los desaciertos del gobierno, esta es una conspiración de gente que esta luchando por recuperar el espacio de poder que perdieron gracias ante todo a su propia incapacidad, y están utilizando a las organizaciones sociales para lograrlo, echando leña al fuego, a las situaciones de desigualdad socioeconómica que tenemos posiblemente desde tiempos de Tiahuanacu, o de Chiripa.
Los lideres pueden sembrar entusiasmo, ganas de salir adelante, buenos sentimientos, o pueden sembrar odio y resentimiento infundado, es por eso que por ejemplo el discurso de la presidenta Scheinbaum me parece tan pernicioso, porque no reivindica nada, solo hace culpables a personas que no cometieron ningún delito.
Los episodios de estas semanas son fatales para el turismo, pero eso es lo de menos, lo digo, porque el peligro es mayor, esta irresponsable manipulación de la gente, aparte de agrandar la crisis, causar sufrimiento inmediato a personas con problemas serios de salud, y de otro tipo de vulnerabilidades, están poniendo en riesgo la democracia de este país, o su existencia misma, no veo a Santa Cruz aguantando otro 2003.
En esta historia no vale caer en una especie de síndrome de Estocolmo, no señores, nuestros secuestradores no tiene la razón, están actuando por las ansias de poder de la cúpula que maneja su liderazgo, eso si, la forma de enfrentarlos debe ser cuidadosa, ellos están buscando tener sus muertos para izar más alto sus banderas. Maniobras de tacto, diplomacia, y paciencia, espero que logren acabar con esta situación, Mientras tanto vamos empobreciendo aún más.
El autor es operador de turismo