La sexualidad humana es extremadamente compleja, y encontrar el justo momento en la transición entre la niñez (y la inocencia), y la maduración y por ende la autonomía sexual de las personas es algo muy difícil de determinar. ¿Cual es la edad adecuada, para que las personas puedan ejercer efectivamente todos sus derechos sexuales, y puedan tener una vida sexual con quien quieran?, ¿cómo lo hacían los pueblos antiguos? En el mundo prehispánico, no se puede hablar de una edad de iniciación, precisamente porque no se calculaba la edad de la gente por años, y parece ser que a veces mujeres muy jóvenes terminaban siendo entregadas a hombres mayores, (dicho sea de paso, algo parecido sucedía hasta hace no mucho tiempo en el mundo occidental). Ese es uno de los ejemplos para recordar cuan absurdo y eventualmente peligroso es tener en la Constitución de un país, un artículo que respete los usos y costumbres ancestrales.
Una parte de la historia de la humanidad, y por ende de las civilizaciones ha sido el tratar de controlar, y restringir el impulso sexual, esa parte tan animal del ser humano, que puede ser completamente depredatoria. En el camino se han creado restricciones excesivas, estas fundadas o consolidadas a partir de tabúes, que han servido para la estructuración de sistemas de poder y de orden, con sus ventajas y sus desventajas.
En el mundo moderno en el que nos movemos, un tabú convertido en ley es la prohibición de que un adulto tenga relaciones sexuales con una persona joven que no haya cumplido los 18 años. Esa edad, ese límite, esa barrera es absolutamente aleatoria, es una decisión o si se quiere una convención, que puede ser que no condiga exactamente con la realidad biológica o psíquica de las personas, pero que sin lugar a dudas protege a la población joven que en su mayoría es más vulnerable, y que podría ser muy maltratada por personas mayores carentes de escrúpulos.
Lo interesante de este tabú moderno es que es clarísimo, la ley condena a quien hubiera tenido relaciones sexuales con una persona que no hubiera cumplido los 18 años de edad, vale decir, si esta tiene 17 años, y 364 días de vida, cuando se engancha en una relación sexual con alguien mayor, entonces, la otra persona está cometiendo un delito, y puede ser condenada con una pena que puede llegar a los 7 años de cárcel.
Cuando se trata de luchar por proteger a las personas menores, se trata de tener “tolerancia cero” a las contravenciones a una norma como la que acaba de ser mencionada, el presidente de un país, tiene que tener un comportamiento inequívoco al respecto, su ejemplaridad no solo debe ser de acción, sino también discursiva, algo que no sucedió en el caso del depuesto presidente Morales.
La posibilidad de unas relaciones delictivas de Morales con dos mujeres que se hubieran iniciado siendo estas menores de edad, vale decir Gabriela Zapata, y la joven de la vagoneta robada, debe ser aclarada en los estrados judiciales.
Mientras tanto es urgente en estos días de campaña electoral, que el partido político de Morales se exprese claramente sobre su postura en relación a las relaciones sexuales entre personas adultas y personas menores de edad, y sus miembros tienen que poder demostrar que no estuvieron jamás involucrados en una acción de este tipo que es ciertamente delictiva.
Una situación como la que se está viviendo ahora en el seno del MAS, exigiría en circunstancias normales un alejamiento voluntario de la persona involucrada en el hecho, para tratar de salvar al partido. Ya han pasado más de diez días y no se ve nada de eso. El que calla otorga, los que callaron antes, fueron posiblemente cómplices. Seamos claros tanto los candidatos Arce y Choquehaunca, como las personas relevantes del partido azul tienen que dar un mensaje claro.
Agustín Echalar es operador de turismo