La nueva revolución en Bolivia está en marcha. Coincidentemente con el 200 aniversario de la fundación de nuestro país el mundo abrió los ojos y mira con preocupación y a su vez con esperanza y convicción que el ciclo de las izquierdas asaltantes del poder muestra una caída en picada y lo mismo acontecerá en nuestras calles, en las urnas, en las familias, en los pueblos originarios, en las instituciones, en las empresas, en los gremios, en los mercados y en los puestos de informales en todo nuestro territorio. Por ello podemos gritar hasta el cansancio que está en marcha LA REVOLUCIÓN DEL BICENTENARIO.
La nueva revolución ha llegado al mundo entero y Bolivia no puede quedar al margen de una realidad latente que no nos dio tiempo a despertar y se presentó avasallando todo lo que había delante suyo. Los elementos y comportamientos comunes se van sumando y en la medida que los identificamos, es posible sentir el incremento de la incertidumbre que percibimos de manera permanente los bolivianos desde noviembre de 2005, confundidos y engañados como si se tratara de un verdadero proceso de cambio democrático en el que se usó a las mayorías, a los ingenuos, a los cansados de los viejos políticos y se mintió a los pueblos indígenas y originarios de nuestro país bajo los argumentos del colonialismo, la exclusión y la discriminación. Por eso, todo tiene que cambiar y la nueva revolución coronará su presencia el próximo 19 de octubre cuando todos los bolivianos desterremos a los terroristas de la democracia con nuestro voto. Ya paso en Salvador, paso en Argentina y ahora pasará en Bolivia.
Los doscientos años de historia no pasaron en vano en nuestro país ni las revoluciones anteriores se hicieron por coincidencia o casualidad. Todas tenían factores comunes como la independencia, la libertad, la democracia, la autodeterminación, la soberanía y para ello muchos ciudadanos ofrendaron sus vidas confiando en que los habitantes entenderíamos y honraríamos sus memorias, pero los adoctrinados y abanderados de los colores oscuros nos traicionaron y destruyeron nuestras insignias del patriotismo, de la integridad, del respeto y de la dignidad nacional y los gobernantes cerraron los ojos para no leer las demandas del pueblo boliviano, a cuyo nombre elevaron consignas que solo sirvieron para denigrarlo.
Entre tanto, muchos creyeron que cuando se votó por un proceso de cambio que justificaría la decisión de muchos, era una forma de mostrar que se había llegado a la saciedad con los gobernantes anteriores faltos de civismo y honestidad; sin embargo, en el corto plazo los gobernantes elegidos el 2006 se rasgaron las vestiduras y mostraron sus garras, se sacaron las caretas y mostraron sus rostros desfigurados por el daño, la angurria y la maldad, pero el pueblo boliviano estaba hipnotizado, confundido, obnubilado e incluso ilusionado. Hoy no debe ni pude repetirse la historia y al conmemorar el bicentenario de la República de Bolivia, tenemos que volver a ella, a su grandeza, a su integración, a su empoderamiento y a su convicción de independencia, entonces no podemos elegir a quienes surgen colados a la figura de sus antepasados familiares ni a quienes son el reflejo de la ineptitud, del insulto, de la soberbia, de la improvisación, del resentimiento y de la ignorancia.
Recordemos que la última revolución que vivió el pueblo boliviano fue la de 1952, que reclamaba la inclusión, el respeto a los derechos humanos, la libertad de expresión, la igualdad, la democracia representativa, pluralista y libertaria que surge y tenía un motivo, el fracaso de los políticos y militares que a su turno condujeron la Guerra del Chaco y que gracias a honrosas excepciones de combatientes de graduaciones menores, Coroneles y Tenientes Coroneles, Tenientes, Capitanes, Suboficiales, clases y soldados defendimos nuestra riqueza petrolera. Fue allí, en las trincheras de aquellas ardientes llanuras donde los patriotas se propusieron devolver a la patria su dignidad y años después desde Miraflores y Villa Victoria coronaron su voluntad de triunfo y revolución en la victoria final del 9 de abril.
Hoy volvemos a encontrar similitudes; fracasos y consecuencias con más angustias y aflicciones que momentos de tranquilidad, conducción desafortunada, mezquina, equivocada, excluyente, discriminadora y corrupta, argumentos suficientes para sentir indignación y promover, inducir y liderar una nueva revolución, la REVOLUCIÓN DEL BICENTENARIO que solo consolidaremos democráticamente con el voto este 19 de octubre, donde mostraremos nuestra visión del país que queremos sin las prebendas y las prerrogativas del pasado, sin la discriminación y los privilegios, sin los ciudadanos de primera del partido de turno y los de segunda, todos los demás que somos el verdadero pueblo boliviano. No nos podemos equivocar, confundir ni dudar, acá nos jugamos el destino nuestro y el de nuestros descendientes, acá nos convertimos en libres o en oprimidos, acá volveremos a ser ciudadanos del país y del mundo o vecinos de una aldea, acá mostramos nuestro patriotismo o nos convertiremos en unos parias.
Insisto, el 19 de octubre será el inicio de la REVOLUCIÓN DEL BICENTENARIO, con la gran diferencia de las anteriores que no habrá derramamiento de sangre y esta será democrática, en las urnas y con la participación de todo el pueblo boliviano. No será solo un día, una fecha y un año, será un periodo nuevo, será un proceso, será una transformación radical, será consolidar las bases de otra Bolivia, diferente, incluyente, con crecimiento, desarrollo sostenible y preservación del medio ambiente, con énfasis en educación, producción con valor agregado y mayor equidad para toda la población, priorizando a los que más necesitan, a los adultos mayores, a los jóvenes, a las mujeres, a los sectores del campo y de las áreas rurales, a los habitantes de las laderas y a los de condiciones diferentes, porque todos tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones. Nuevamente seremos los primeros en esta gran transformación y daremos el ejemplo a la américa y al mundo.
Estamos ante el gran reto de reconstruir y hacer de este el país grande como lo soñaron los libertadores, los revolucionarios, varios lideres y patriotas que condujeron nuestra heredad y hoy nosotros que seremos los actores de la nueva revolución. Tenemos un gran reto adicional, debemos convertirnos en un país de privilegio, de grandeza, de esperanza, de oportunidades para que los herederos de nuestra nacionalidad sientan el orgullo de esta tierra digna, soberana y libre en la América del Siglo XXI.
Después de esta contundencia de sanas intenciones y buenos deseos, esperamos los bolivianos que los políticos que entraron y quedaron en esta contienda electoral y que esperan el apoyo ciudadano, asuman su compromiso con el país, con su futuro y así serán participes de esta nueva revolución. Sin duda, la presencia de personas poco conocidas y gente joven es una de las virtudes de quienes buscan ser elegidos; sin embargo, muchos de los que estaban actuando como parlamentarios o vinculados al gobierno en el periodo que se termina y que fueron criticados por su falta de valor moral, responsabilidad y su complicidad con daño a la patria, están incluidos en las listas de uno de los partidos que hoy dicen que cambiaran el país. Cuidado, los mismos marcan que definitivamente estamos ante un alto riesgo para nuestro futuro y para nuestra revolución. Bolivianos elijamos bien; no nos equivoquemos, porque la historia y la patria nos lo agradecerán o nos lo demandaran.
El autor es administrador de empresas y Profesor Emérito UMSA