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Opinión

Devaluación 43,10% del boliviano y déficit fiscal 11% 2026

27 de Junio, 2026
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Con Resolución Ministerial N°255 del 26/06/2026 el MEFP establece un régimen cambiario flexible teniendo como base el reconocimiento de la oferta y demanda diaria de divisas en el sistema financiero. 

El Reglamento de Operaciones Cambiarias (RD 88/2026), el BCB expone cómo funcionará ahora la determinación del Tipo de Cambio Oficial (TCO) en un régimen flexible que normará la contabilidad de las empresas y las transacciones económicas en el país. 

El TCO se determinará utilizando el Valor Referencial del dólar: cada día este valor reflejará el promedio ponderado de las operaciones de compra y venta de dólares que los bancos hacen con sus clientes. 

Operativamente consiste en utilizar los registros de las transacciones de las Entidades de Intermediación Financiera cuando cierran sus operaciones de compra de divisas a diferentes tipos de cambio y adquieren distintos montos de divisas; en el promedio, el precio al que cierre el banco que mayor volumen de transacciones tenga tendrá más peso que el resto de los operadores del mercado a la hora de determinar ese promedio (se ponderará su peso en el mercado) se establece el precio de compra.

Según el reglamento, los bancos no pueden vender el dólar por encima del TCO + 10 centavos; es decir, el spread entre el precio de compra (aquel que se determina por el mecanismo anteriormente descrito) y el de venta no puede exceder los 10 centavos.

Esta medida económica fundamental pero no suficiente en la economía fue aprobada por una Resolución Ministerial del órgano rector de la política fiscal y tiene varias interrogantes: normativa; económica; financiera; social, credibilidad y política.

La primera es la aprobación a nivel de un ministerio y no por el presidente de la República y su gabinete que corresponde por la magnitud de la medida económica; la segunda es económica por ser de equilibrio parcial y no general (holístico, todo) por los efectos directos e indirectos de corto plazo, mediano y largo plazo en todas las actividades económicas; la tercera la devaluación del boliviano en 43,10% es financiera por el bajo flujo y stock de divisas del BCB y un reformulado del PGE 2026 que los gastos están por encima de los ingresos resultando en un déficit fiscal respecto a toda la producción de bienes y servicios finales anual de 11% que aumentaría más por bonos acordados con varios sectores durante el conflicto de los  bloqueos que alejaría la necesaria sincronización con el régimen cambiario flexible; la tercera es la parte social debido a que todos los bolivianos ya fuimos afectados drásticamente en nuestros ingresos y que seguirá aún más por esta medida; la cuarta es la credibilidad del equipo económico, es decir si: “dicen lo que es, piensan lo que es y hacen lo que es, es consistente y se logra un éxito”, y si: “dicen lo que es y con lo que dice que piensa y actúa de manera diferente no hace consistencia y por lo tanto fracasaría y la quinta es político porque no se tiene un acuerdo nacional y una visión de país que permita la gobernabilidad y gobernanza de la administración gubernamental.

El nuevo régimen cambiaría flexible aprobado significa una devaluación de 43,10% de nuestra moneda el boliviano acompañado con un déficit fiscal respecto del PIB programado de 11% no resolverá todos los problemas económicos heredados y acumulados en 7 meses de la administración gubernamental, sino al contrario los profundizara.

Asumir un régimen cambiario flexible no es suficiente para resolver la actual crisis económica del país, porque se requiere conocer el todo para comprender una parte, y además asumir una medida económica parcial en cualquiera de los sectores no es suficiente para comprender los efectos de corto plazo y los efectos directos e indirectos de mediano y largo plazo en la economía boliviana.

Por otra parte, continuar con la expansión del gasto público 2026 no es compatible con un régimen de cambio flexible y además se requiere contar con un nivel óptimo de reservas internacionales en el BCB, estricta disciplina fiscal y cumplir la regla monetaria de una tasa de aumento de la emisión monetaria igual a la tasa de crecimiento de la economía.

Gastar es simple y cuando se tiene que reducirlo con un plan de ajuste económico es complicado y dolorosa pero no hay otra forma de resolver los problemas económicos que fueron acumulándose durante aproximadamente dos décadas continuas y sigue que ya fue experimentado anteriormente en el siglo XX en varias oportunidades sin éxito y la sociedad ya no la acepta debido a que está siendo afectada en sus bolsillos.

Cuando el sector público en sus cuentas fiscales registra un saldo de sus depósitos bancarios menor al saldo de sus retiros utiliza financiamiento del BCB (denominado bajo la línea) incurre en un déficit fiscal y tiene tres formas directas de financiarlo: la primera mediante endeudamiento tanto nacional como extranjero, la segunda con reducción de las reservas internacionales netas (RIN) y la tercera con emisión monetaria.  En todos los casos señalados se hallan determinados riesgos. La primera un excesivo endeudamiento que posteriormente se tiene que honrar la fe del Estado que para cumplirla traerá consigo recurrir a las RIN que son limitados ya que estas son finitas; la segunda el tipo de cambio será afectado dependiendo del stock de las reservas internacionales netas y si es un régimen de tipo de cambio fijo o flotante, y la tercera el financiamiento con emisión monetaria tiende a afectar al nivel de precios de la economía. 

El marco teórico sobre el sistema de cambio flexible (flotante) fue propuesto en 1950 por el Premio Nobel de Economía   Milton Friedman, donde el mercado determinaría el precio y tiene las bondades de amortiguar los shocks externos y mantener el uso de la política monetaria como un instrumento independiente y el Banco Central acuda en ayuda del sistema financiero ante una crisis.  Los incrementos de oferta monetaria no deseados bajo este régimen cambiario flexible se traducen en mayores niveles de tipo de cambio y de precios.

Para mantener la inflación bajo control el BCB tiene que ser autónomo y fijar metas explicitas de inflación.  Por otra parte, requiere que los mercados de bienes y servicios funcionen sin restricciones, es decir es recomendable en un sistema de asignación de los recursos mediante los mecanismos de mercado.

Otro requisito importante es que el nivel, tendencia y estructura de las variables económicas y la política particularmente la relación  “Inflación-Tipo de cambio-Política” estén sincronizadas, para mantener la estabilidad macroeconómica porque si una de ellas se desalinea, es decir, cuando se tiene una tasa de inflación elevada (por ejemplo déficit fiscal respecto al PIB elevado) o un tipo de cambio reprimido o pugnas políticas al interior del partido político en función de gobierno o con la oposición que dificulta la gobernabilidad y gobernanza gubernamental, ponen en riesgo la estabilidad económica.

El tipo de cambio es un precio igual que cualquier otro precio, y si disminuye el flujo y stock de las RIN, tiene que modificarse respondiendo a las fuerzas del mercado.  Es una variable económica fundamental con la finalidad de fijar (anclar) las expectativas inflacionarias, señalización de los precios y respaldar la moneda doméstica.

Se utiliza el dólar porque es una moneda de reserva de todos los países del mundo, para realizar el comercio internacional entre los países, el pago de la deuda externa, el aporte a los organismos internacionales y otras transacciones externas. 

En síntesis, la devaluación del boliviano en 43,10% y un déficit fiscal programado de 11% no tiene coherencia, no es sostenible, no es suficiente y faltan varias leyes de reforma estructural que deben ser aprobadas. 

El autor es economista, miembro de número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas, docente de la UCB e Investigador asociado del IISEC.