SERGIO GERARDO MANJON CERVANTES
La descolonización de la burocracia, encuentra un punto de inflexión en la informalidad metodológica y la elección de funcionarios, mostrando el fracaso de este proceso puesto que no se llega a la obtención de resultados eficientes y objetivos en cuanto a la labor que cumplen los “nuevos burócratas” dentro del Estado.
Este tema -la descolonización- ha sido un aspecto llamativo en el último tiempo dentro del ámbito discursivo del presidente Evo Morales, pero ¿qué es lo que realmente significa el mismo en cuanto a cambio dentro de la estructura burocrática nacional?
La falta de formalidad en cuanto a la carrera burocrática de los funcionarios públicos es otra de las temáticas que se ven presentes, ya que la misma no genera estabilidad, debido a que los cargos son de libre remoción y es frecuente la rotación; según estudios realizados (Composición social del Estado Plurinacional: Hacia la descolonización de la burocracia -Centro de Investigaciones Sociales-) entre el 30% y 40% de los funcionarios no tiene más de un año en el cargo. Esto, por supuesto, atenta contra la consolidación de la burocracia, además teniendo en cuenta que la mayor parte de los miembros de dicha burocracia llegan a ser únicamente bachilleres.
La mencionada descolonización de la burocracia ha tenido un magno apogeo en cuanto al clientelismo político (intercambio extraoficial de favores, en el cual los titulares de cargos políticos regulan la concesión de prestaciones, obtenidas a través de su función pública o de contactos relacionados con ella, a cambio de apoyo electoral) dentro del país. Esta característica se presenta desde el reclutamiento, pues la autoridad elegida nombra a su personal, adscribiendo de forma indirecta a la línea ideológica del partido en ejercicio del gobierno.
El porcentaje del número de funcionarios públicos en Bolivia ha aumentado un 676% durante los años que lleva el actual gobierno (desde 2006), dando un porcentaje de 56% de incremento en cada año; visto desde una perspectiva superficial, podría mencionarse como un aumento considerable en la tasa de empleo, más lo que en realidad refleja es la ineficacia procedente dentro de los funcionarios. A ello se suma el estancamiento económico de algunas regiones debido a una enorme centralidad del aparato público, como fuente de empleo formal, en la universidad, alcaldía o gobernación -este viene a ser limitado y a generar una condición laboral muy escasa- y por tanto de reproducción de la élite local (clase media profesional), que desde 2006 está siendo disputada por los campesinos, misma que no vendría a tener condiciones equilibradas por aspectos antes mencionados y que hacen de esta cuestión una implacable búsqueda de “inclusión al Estado” para la parte indígena bajo características cuestionables.
Finalmente, todo lo dicho hasta aquí llegan a ser muestras claras respecto a la ausencia de un cambio institucional, pues llega a tener más un carácter electoral que eficiente dentro del sistema burocrático nacional, haciendo de este proceso algo casi exclusivamente como una propuesta de campaña política, lejos de mejorar sustancial y estructuralmente el mismo.
Sergio Gerardo Manjon Cervantes es estudiante Cs. Políticas de la UCB.Este espacio de Opinión ha sido creado para promover y dar cabida a
jóvenes que comienzan a expresar su pensamiento en Medios de
Comunicación ///ANF