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Opinión

Bolivia y el nuevo gobierno

4 de Noviembre, 2025
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Desde las bases conceptuales de la Ciencia Administrativa, el rol de mayor relevancia en la gestión gerencial de las organizaciones es la toma de decisiones. La toma de decisiones es el proceso que se ejerce a partir del momento en que se formulan los planes, durante la ejecución de las operaciones y actividades que agregan valor y generan resultados medibles, continuando con el monitoreo y evaluación de esos resultados que se consideran productos finales del proceso que, además se repite cíclicamente, provocando la mejora continua que hoy es lo menos que se pide a quienes conducen las organizaciones. Esto debe alinearse con las estrategias que se formulan para establecer la visión futura, alcanzar su misión y ser sostenibles en el tiempo. 

Todo proceso decisorio se inicia con la identificación del o los problemas que deben atenderse prioritariamente, los que se constituyen en objetivos a lograr y requieren de actividades con valor agregado que permitan validar la elección de alternativas seleccionadas y elegidas, en busca de lograr los objetivos económicos financieros y los de satisfacción de las necesidades sociales de los clientes.

Son suficientes las bases conceptuales y las analogías para detenernos en la BOLIVIA que tendrá otro perfil, otra perspectiva y otra realidad a partir del 8 de noviembre histórico, porque será el inicio de BOLIVIA Y EL NUEVO GOBIERNO, el que ejercerá la Gobernanza del Estado, conducirá a 12 millones de personas diversas hacia una nueva forma de relacionarse, respetarse y trabajar alineadas en la estrategia de “Primero la Patria Bolivia y nuestra ROJO, AMARILLO Y VERDE”.

 La estrategia central mencionada y las estrategias complementarias del nuevo Gobierno implican haber realizado previamente un diagnóstico de situación, que identifique las variables internas que inciden en el acontecer de las actividades que se realizan en todo el territorio urbano y rural de nuestro país y haber hecho lo propio con los diferentes factores externos que afectan nuestro accionar y el relacionamiento con el entorno. De las conclusiones a las que se llegue en el marco de este análisis, se definirán los objetivos estratégicos o de largo plazo con sus correspondientes indicadores de medición y los de corto plazo medibles cuantitativamente que por la crítica coyuntura que atraviesa la nación, se constituyen en factores críticos de éxito de prioritaria atención para encarar la variada crisis que hoy nos atosiga como ciudadanos de un país convertido en inviable por la debacle a la que nos has sometido los socialistas del siglo XXI. Estos objetivos conformarán las guías de actuación y comportamiento; es decir, las estrategias que se aplicarán desde el gobierno para encarar la multiplicidad de problemas y demandas de los distintos sectores, las que deberán atenderse bajo un enfoque integral y sostenible con un enfoque de diferenciación que permita visualizar una Bolivia distinta en busca de devolverle su dignidad.

Bolivia iniciará un nuevo periodo gubernamental que nos permitirá ver sí verdaderamente hemos dejado atrás el oscuro pasado de 20 años transcurridos llenos de corrupción y del peor cúmulo de decisiones en beneficio de los grupos de poder y en desmedro de la mayoría de la población y nos encontraremos con reformas significativas que se encaren con autoridad y solvencia para aliviar la crisis en que se encuentra nuestro territorio. Confiamos que la nueva gestión gubernamental no se limitará a los discursos de buenas intenciones y que por el contrario tomará todas las decisiones necesarias para mostrar el nuevo proyecto gubernamental, entendiendo claro está, que probablemente no serán suficientes para llegar hasta las raíces del árbol podrido de la gestión pública que nos dejan los masistas y sus aliados, cuya magnitud no es medible con precisión porque en la medida que se conozcan los alcances de las decisiones tomadas en los diferentes poderes del estado y sus unidades dependientes, recién se podrá conocer la magnitud del descalabro estatal que están dejando en el sector público. Sabremos ahí, el nivel de entidades coludidas para beneficio de sus autoridades y/o actores vinculados y la magnitud real del despilfarro de los recursos públicos; todo lo que, será imperdonable y deberá dar lugar al inicio de las acciones judiciales y juicios de responsabilidad en contra de los ex mandatarios, de sus principales colaboradores, de sus operadores políticos, de sus cercanos círculos de poder e incluso de los tontos útiles o de los ignorantes que se prestaron para generar un incalculable daño aún no determinado que socavó la naturaleza y esencia del pueblo boliviano. 

Hemos escuchado en las últimas semanas una serie de declaraciones del Presidente electo en el todavía Estado Plurinacional de Bolivia, las que marcan un alejamiento de los países que coadyuvaron en la destrucción de nuestra realidad económica, política, social, moral e institucional. Hemos apreciado que se marginarán los hechos de discriminación y sometimiento del poder judicial a las instrucciones gubernamentales, percibimos que se excluirán a las organizaciones que bajo mandatos y consignas discriminaron a sus propias bases para beneficiarse de jugosos salarios, otros beneficios y prebendas sin mostrar la menor carga que sus actos les dejaron en sus conciencias, sabemos también que hay muchos intereses que están en juego desde la visión política y pudimos conocer que grupos del partido ganador han mostrado su interés por ser quienes influyan significativamente en las decisiones que tome el nuevo gobierno. 

Estos hechos no son aislados ni únicos. Algunas organizaciones sociales que se atribuyen el apoyo a los ganadores y otros que buscan acomodarse, están planteando exigencias para ser parte de los gobernantes sin reconocer que durante los últimos 20 años se beneficiaron de las manipulaciones y obsequios que recibieron de los anteriores gobernantes. Tampoco es posible excluir a dirigentes políticos que formaron parte de una de las alianzas qué, al tener representatividad parlamentaria manifiestan que su bancada se desprende de la estructura anterior, marca su independencia y apoya a las autoridades elegidas. El apoyo al ganador no es censurable, lo es una vez más esa vergonzosa actitud de los políticos mediocres y tránsfugas que solo buscan la alternancia para cubrir sus anteriores actuaciones y hasta sus actos no enmarcados dentro de la legalidad. 

Finalmente, no es posible excluir del análisis la vigencia de la Constitución Política del Estado que marca la gran normativa de la que se desprenden las leyes y sus reglamentos, donde se identifican los poderes del estado, las instituciones gubernamentales, las entidades públicas, las unidades departamentales, los gobiernos municipales y otras que conforman la magnitud de la estructura gubernamental, lugares o entidades del poder político que destacan la burocracia, los procesos y la acumulación de funcionarios poco eficientes que recibieron el beneficio de sus tarjetas azules y no de sus capacidades; por ello, los nuevos gobernantes deberán elegir a sus colaboradores de confianza para que estos desplieguen sus estructuras y equipos de trabajo, buscando la meritocracia y contando con los mejores en cada puesto para asegurar el lograr resultados medibles y eficientes en busca de reconstruir la Bolivia desmembrada y subdesarrollada. Por todo lo anterior, BOLIVIA ENTERA espera que el nuevo Gobierno cumpla sus compromisos y le devuelva la dignidad a todo el pueblo boliviano. 

El autor es administrador de empresas, Profesor Emérito UMSA y Director del IICCA 

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