La Paz, 20 de junio de 2026 (ANF).- La agricultura familiar, campesina e indígena de Bolivia sostiene gran parte de la alimentación del país, pero lo hace bajo una paradoja económica: quienes producen los alimentos que llegan diariamente a las mesas bolivianas muchas veces no reciben un ingreso acorde al valor real de su trabajo. El agricultor familiar termina absorbiendo parte de los costos de producción y transfiriendo ese esfuerzo al consumidor mediante precios que no reflejan el verdadero valor de su actividad.
El diagnóstico corresponde a Mario Vargas, investigador del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca), quien explicó que este fenómeno representa una “subvención invisible” del productor hacia la sociedad. Según su análisis, el campesino no incorpora dentro de sus costos elementos fundamentales como la mano de obra familiar, el tiempo invertido en preparar la tierra, sembrar, cosechar y seleccionar los productos.
“Muchas veces el productor considera que ese trabajo es parte de la vida cotidiana y no lo incorpora como un costo económico”, explicó Vargas a ANF. Esta práctica provoca que los alimentos lleguen al mercado con precios inferiores a su valor real de producción, dejando al agricultor en una situación de subsistencia.
Un ejemplo citado por el investigador del Cipca es el caso de la papa. Un productor puede vender una arroba alrededor de 45 bolivianos, pero si se contabilizara correctamente el valor de la mano de obra y todos los recursos utilizados, el costo real podría ser hasta el doble. La diferencia representa, según Vargas, una transferencia de valor desde el campo hacia el consumidor urbano.
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