LUPE CAJÍAS
No fue el “imperio” el que denunció la descomposición del sandinismo y las ambiciones que enterraron las promesas de la Revolución de pañuelos rojinegros. Fue un combatiente de paz, un contemplativo que hizo de la comunión un ágape con los más humildes y desposeídos. Fue Ernesto Cardenal el que contó hace décadas cómo la pareja Ortega- Murillo y su corte de miserables habían estropeado Nicaragua.
Recuerdo que me encerré tres días cuando los sandinistas perdieron las elecciones en 1990. Tanta lucha parecía en vano; tanta negociación terminaría con jóvenes muriendo en la guerra no declarada contra los “contras” alimentados por el triángulo Washington-(Teherán)- Medellín- y la yapa, Huanchaca, Bolivia. Parecía entonces que todo era fruto de la mano negra malvada.
Muy pronto se conocieron detalles de la “piñata”, aquella red de corrupción que benefició a antiguos combatientes del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, mientras los campesinos seguían pobres. Algunas denuncias parecían imposibles como los abusos a muchachas cometidos por comandantes a los que conocí en 1980 como ejemplo de heroísmo. Finalmente saldría a la luz el vejamen del propio Presidente Daniel Ortega a su hijastra adolescente.
El testimonio de Cardenal desnudaba el deshonor de aquellos izquierdistas más hambrientos de poder que la dinastía somocista que había gobernado cuarenta años. A nombre de los “movimientos sociales revolucionarios” se fomentó el clientelismo y se acabó con los sueños.
Los sandinistas pudieron volver al poder por los errores de un gobierno liberal y con un ambiente continental favorable al populismo. Ortega fue elegido para el periodo 2007-2012, pero logró un falló inconstitucional para reelegirse en polémicos comicios. Antiguos sandinistas se alejaron para siempre de él.
Rosario Murillo, su mujer, era conocida inicialmente como gestora cultural y rabiosa feminista. Ahora, vestida con lujos y siempre con muchas joyas, es la imagen cabal de la derrota de las utopías de los años setenta y del neo autoritarismo “rojo”.
Muchos analistas han coincidido que su influencia es la peor. La “Chayo” será ahora la candidata a la Vicepresidencia en las elecciones de noviembre cuando Ortega insistirá en quedarse. Prepara la dinastía con ella y sus nueve hijos. Igual que los Somoza. Comenzó destituyendo a parlamentarios opositores. Como denunció la famosa Comandante Dos, Dora María Téllez, el episodio de la violación “es la factura carísima que paga Ortega”.
Otra vez una mujer en el final triste de un líder revolucionario.