La Paz, 1 de diciembre de 2025 (ANF).- El sociólogo y analista político Tupaj García advirtió que la posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela significaría un quiebre histórico en la estabilidad sudamericana y una amenaza directa para toda la región. Según explicó, Washington está entre dos posibilidades: una intervención con ocupación militar de gran escala —similar a Vietnam o Irak— o una operación selectiva basada en bombardeos contra las principales instituciones del Estado venezolano, incluidos los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como el alto mando militar.
García señaló que el objetivo inmediato de Estados Unidos sería remover al gobierno de Nicolás Maduro con el fin de abrir paso a una nueva junta militar más proclive a negociar reformas económicas y políticas. En su criterio, las estrategias previas de desestabilización —como las guarimbas o la autoproclamación de Juan Guaidó— fracasaron, por lo que una intervención directa se perfila como el mecanismo extremo para reorientar el rumbo de la “Revolución Bolivariana”.
“El fondo es económico”, sostuvo, en contacto con ANF, recordando que Washington nunca dejó de comprar petróleo venezolano desde la llegada de Hugo Chávez al poder.
El analista subrayó que cualquier ataque estadounidense tendría repercusiones continentales “increíblemente grandes”, pues sería la primera incursión militar de una potencia extranjera en Sudamérica desde 1982, cuando el Reino Unido invadió las Islas Malvinas. Desde entonces, afirmó, la región ha mantenido un principio claro de rechazo a toda intervención extranjera, más allá de las divisiones políticas internas.
García recordó que, durante la guerra de las Malvinas, gobiernos ideológicamente enfrentados —desde dictaduras como las de Brasil o Perú, hasta democracias como las de Colombia, Ecuador o Chile— cerraron filas para respaldar a Argentina frente a la presencia militar británica. Esa reacción, aseguró, marcó un precedente fundamental: “Sudamérica ha actuado históricamente como bloque cuando se trata de invasiones externas. No se trata de apoyar a un gobierno, sino de defender la soberanía continental”.
En el escenario de una intervención contra Venezuela, el papel de los países más influyentes sería decisivo. García destacó particularmente la postura que adopte el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, dado que Brasil cuenta con uno de los ejércitos más grandes del continente y su peso geopolítico podría determinar la respuesta regional. También advirtió que Colombia, como país fronterizo y con zonas marítimas compartidas con Venezuela, jugaría un rol clave en contener o facilitar una escalada militar.
Por esa razón, García insistió en que la reacción de América Latina debería ser firme y unificada: rechazar toda injerencia militar, sin distinción del país que la ejecute. “Si no permitimos la intervención de españoles, franceses o ingleses en el pasado, tampoco debemos permitir excepciones con estadounidenses, rusos o chinos”, afirmó, subrayando que la defensa de la soberanía es un principio histórico y no una postura ideológica coyuntural.
El análisis de García se da en un contexto en el que múltiples investigadores y organismos internacionales han cuestionado la solidez de las acusaciones estadounidenses que vinculan a Maduro con el narcotráfico. Hasta ahora —según coinciden expertos— Washington no ha presentado evidencia concluyente que demuestre que el mandatario encabece el llamado “Cartel de los Soles”. Las imputaciones se basan principalmente en testimonios de desertores y documentos incompletos, lo que ha alimentado las sospechas de que estas acusaciones forman parte de una estrategia más amplia de presión política. En este escenario, sostuvo García, cualquier intervención militar carecería de legitimidad internacional y encendería una crisis de dimensiones continentales.
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