Opinión

18 de mayo de 2017 16:03

Lutero, Francisco y las necesarias reformas


El pasado 11 de mayo, en el marco de la conmemoración de los 500 años de la Reforma Protestante,  cuya fecha emblemática es el 31 de octubre de 1517 (fecha en la cual se dice que Lutero colocó sus 95 tesis en la iglesia de Wittenberg), la Embajada de Alemania propició una conferencia a cargo del periodista Robert Brockmann, a la que acompañó una exposición a propósito de la historia y consecuencias de la Reforma Protestante.

Rescato algunos elementos interesantes de la conferencia de Brockmann para luego abrir la reflexión sobre los procesos de Reforma en la Iglesia Católica, de antes y de hoy.

1. Está claro que Lutero no era luterano, sino un sacerdote agustino, católico, pero que desde su experiencia personal y reflexión teológica cuestiona algunas de las creencias y acciones de la Iglesia Católica y en particular las impulsadas por el papado de aquella época (s. XVI). Tres elementos, entre otros, son fundamentales en cuanto al aspecto religioso: la cuestión de la gracia y la salvación, el acceso directo a la Biblia y la venta de indulgencias para costear gastos en las construcciones de la Basílica de san Pedro en Roma así como la vida de lujo del papa León X.

2. Al procurar una reforma en la Iglesia Católica, con el postulado de la primacía de la Escritura (respecto de la Tradición y el Magisterio), de la Gracia y la Fe (sobre las obras) así como de Jesucristo (en relación con la tradición apostólica) lo que consiguió es la emergencia del protestantismo en Europa que comenzó a influir en la vida política, cultural, social y económica. La fuerza de la conciencia individual toma vuelo desde entonces.

3. A decir de Brockmann, la Reforma Protestante incoada por Lutero constituyó una verdadera revolución religiosa que impulsó e inspiró la emergencia de diversas comprensiones (más asociadas a la modernidad) como la nación y las nacionalidades más allá de la unidad que lo cristiano daba a distintos “estados” y la diversidad de opinión (antecedente de la libertad de expresión moderna). Por lo que aunque el inicio de la Reforma tuvo un cariz religioso ésta tuvo un impacto mayor en distintos ámbitos de la sociedad europea, empezando por Alemania.

4. La crítica de Lutero sobre la dificultad de acceso directo a la Sagrada Escritura, al no poder leerla en la lengua propia y de hecho no ser accesible para el común de los mortales por los riesgos de interpretaciones individualistas, así como al comercio extendido de reliquias e indulgencias, ayudó a cuestionar elementos que no condicen con el mensaje del Evangelio de Jesús, ni el sentido auténtico de la fe, que puede ser convertida en un negocio para beneficios particulares (ayer y hoy).

5. El 31 de octubre del año pasado, el actual papa, Francisco, viajó a Suecia para firmar junto al presidente de la Federación Luterana Mundial, Munib Youman, una declaración conjunta para profundizar el camino a la unidad plena entre ambas iglesias, así como trabajar conjuntamente en la atención a los migrantes y refugiados. Dicho acercamiento, así como las declaraciones de Francisco sobre Lutero como alguien que acercó la Palabra de Dios a la gente y que su intención no era dividir la Iglesia sino procurar una reforma en hábitos y costumbres erradas al interior de la misma, ayudan a tener una perspectiva de que tras 500 años muchas cosas han cambiado y es posible avanzar solidariamente.

6. No deja de ser paradójico que el papado de aquél entonces vivía distintas formas de corrupción, entre ellas una vida dispendiosa y anclada en el lujo, por lo cual una reforma sí que era necesaria. Hoy la prédica y acciones de Francisco muestran una sensibilidad muy distinta, apelando a la vida sencilla, pobre y con “olor a oveja”. Lutero impulsó una reforma, cuyos alcances ni él mismo calculó y que llevó a la libertad de religión (aunque aún sometida al control del poder político), la libertad de conciencia individual y la libertad de opinión. Luego de 500 años se dieron muchos avances, no sin retrocesos, y hoy los cambios y urgencias a los que llama Francisco procuran también una “Iglesia en salida”, no afincada en sus propias seguridades, miedos y comodidades. No siempre se comprenden las acciones de quienes interpelan a lo establecido pero no por ello se los debe satanizar o santificar.

7. Para no asustar a nadie, no pretendo hacer una comparación entre Lutero, Francisco o las “reformas” de cada uno, que sería por demás inválido, inútil y fuera de contexto. Lo que propició este artículo es mostrar que muchas veces figuras que para algunos son terriblemente controversiales pueden ayudar a la humanidad en su conjunto a repensar lo que se da por establecido y parece incuestionable. No todo lo que dijo o hizo Lutero fue para bien, tampoco lo que Francisco dice o hace es necesariamente lo único y lo mejor -aunque tendrán que pasar más años para evaluar con justicia- pero los saltos en la humanidad muchas veces se gestan en medio de diversas ambigüedades. 

Sergio Montes, SJ es jesuita y teólogo.