Opinión

3 de mayo de 2017 12:04

Remember a Juan Linz


Que en nuestra región hoy día Venezuela pase por problemas serios no es algo aislado, hay que recordar que antes de eso presenciamos a otros vecinos en aprietos como: Argentina, Brasil, y Paraguay.

Una lectura sobre esto se refiere con especial entusiasmo a que el llamado Socialismo del Siglo XXI habría hecho aguas (aquí no entra Paraguay con Cartes, con Lugo antes quizá). Para mí la base de esa lectura tiene que ver con un mensaje de alegría para que esos gobiernos caigan y sean reemplazados lo más antes posible por otros del corte más afín a quienes critican.

Por tanto, la respuesta estaría en la defensa táctica valorativa de la alternancia en el poder. Pero es ahí donde uno se pregunta si es que es realmente una respuesta estructural que nos hace falta o sigue la larga estela histórica de la región que se nos atiza diciendo que siempre tenemos preferencia por el caudillo más que por las instituciones.

Ahí es cuando recuerdo una anécdota, haciendo el posgrado en una sesión de clases con uno de los amigos íntimos de Juan Linz se me preguntaba cuál era la causa de la constante crisis política Latinoamericana, juro que no atinaba a responder hasta que el profesor en cuestión agarró y desempolvó un libro de Linz para decir: es el sistema presidencialista.

Linz decía que el sistema presidencial generaba: 1. Una suerte de legitimidad dual: el ejecutivo y el legislativo cuando se encuentran enfrentados apelan a que cada cual es depositario de más legitimidad que el otro; 2. Tiene una alta propensión a generar bloqueo entre ramas: cuando el Presidente no controla al legislativo entonces entre estos se bloquean aludiendo que uno de ellos son poco democráticos; 3. Juego de suma cero: cuando alguien gana la elección se lo quiere llevar todo, lejos de la tendencia histórica del parlamentarismo de generar pactos programáticos.

Podría seguir, pero no se trata de dar una clase universitaria, sino de ver cierta aproximación con lo que nos encontramos viviendo. Harto se le ha criticado a Linz su pesimismo sobre el presidencialismo, pero sin duda hay mucho que rescatar sobre eso y sobre  su alerta que nos hace de las crisis de las democracias en escalada: crisis de partidos, de gobierno, de régimen, y de Estado. Hoy la amenaza se encuentra entre una crisis de representación política y poner en cuestión los mecanismos de organización básica como sociedad (CPE); lo que se traduce en un híbrido entre crisis de gobierno y de régimen; a excepción Venezuela que se encuentra entre una crisis de régimen y de Estado.

Sin embargo, para quienes se sienten tentados de lanzarse a los teclados a decir que necesitamos una reforma institucional hacia el parlamentarismo, sólo diré lo que ya a inicios de 1900 nos recordaba un gobernante llamado peyorativamente por la oligarquía de entonces como el “Cholo”, de que antes de pensar en cambiar el presidencialismo debemos pensar auto críticamente lo que somos, porque la receta no está en el cambio sino en solidificar la base institucional para evitar su maleamiento fácilmente, sino recuerden cómo Trump ya va cien días sin poder hacer internamente lo que se propuso, porque aunque no le guste hay bases mínimas institucionales que hacen de cortafuegos para que no se desborde haciendo lo que quiera.

Si seguimos pensando que la respuesta se encuentra exclusivamente en cambiar de gobernante, o en que uno de los de siempre regrese al poder entonces creo que poco habremos aprendido en hacer esto que Linz y otros nos lo reclaman constantemente: auto criticarnos a nosotros mismos y construir de una vez una base mínima institucional que respetemos pase lo que pase.

Marcelo Arequipa Azurduy
Politólogo y docente universitario

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