Opinión

27 de diciembre de 2016 12:30

No es país para mujeres


En un reciente e importante libro sobre teoría política se dice que "los intelectuales de nuestro tiempo traducen su desconcierto en dogmas de fe a la hora de interpretar la Gran Crisis que protagoniza estos años confusos del temprano siglo XXI" (Wences, 2015). En lo que concierne a nosotros los politólogos nos vemos frente a un panorama de discusión interna entre quienes se aferran al dato duro o quienes escudriñan en la última noticia de una carta secreta de algún teórico importante que nos dejó.

Cuando lo que se sugiere es que nos involucremos en interpretar la realidad para ayudar a comprenderla y transformarla. En este trajín me tienen en estas fechas de fin de año mientras recuerdo que uno de los temas más tocados a lo largo de esta gestión fueron aquellos que tuvieron que ver con las mujeres.

Desde escándalos sexuales, estadísticas abrumadoras sobre feminicidios, casos emblemáticos de lo mismo aún no resueltos y hasta casos de corrupción mezclados con malas decisiones públicas.

Fue crucial este año el papel de las mujeres en la política, no cabe duda que sus acciones generaron un efecto directo sobre los resultados que hoy tenemos como comportamiento de nuestra clase política. Dirijo la mirada especialmente al gabinete ministerial y tengo la sospecha de que el balance en este aspecto no es alentador, sin ánimo de ofender a nadie del género, pero quienes fueron más afectadas en política fueron las mujeres, me explico:

Tenemos por un lado hoy día a dos ex ministras en la cárcel (Julia Ramos y Nemesia Achacollo); por otro lado, dos actuales ministras cuya imagen pública se ha visto bastante mermada producto de sus pésimas gestiones públicas (Lenny Valdivia y Alexandra Moreira). Resalto estos nombres porque aglutinan dos grandes grupos de composición interna del MAS: movimientos sociales y sectores de profesionales; es decir, lo que hoy tenemos como referente de representación política expresado en políticos expertos en temas más que profesionales de la política.

Seguramente una de las cosas que ocupa la mente del Presidente después del congreso de su partido (dicho sea de paso dijeron que hablarían de candidatos el 2018 pero se adelantaron, tema de otra columna), sean los posibles nombres de gabinete de ministros que trabajarán con él a partir del 22 de enero de 2017; lo que me preocupa es que llegue a la conclusión de que sus principales colaboradores ya no sean profesionales preparados técnicamente sino operadores políticos cuyo fin último sea negociar y administrar la cosa pública por preferir soltar sus piernas para romper canillas de quien se les atraviese en el camino o les dirija una mirada fugaz y sospechosa.

Volviendo al inicio de esta columna, no me defino como intelectual, faltaría más, sino como un mero observador desde la teoría política de nuestra realidad. Lo cierto es que los llamados intelectuales que hoy actúan como si sus palabras fueran dogmas pululan en ambos bandos de oficialismo y oposición, lo hacen parapetados en sus argumentos normativistas de lo que piensan que así como creen que es la democracia debe ser para todos, de lo contrario es autoritarismo; esto también es preocupante porque no permite tener una mirada con distancia de todo el prado que nos rodea y mientras sigan enfrascados en sus trifulcas la política y este país no será para las mujeres.

Por Marcelo Arequipa Azurduy
Politólogo