Opinión

10 de enero de 2017 12:11

LA SOCIEDAD BOLIVIANA ENTRE EL PREMIO Y EL CASTIGO


Cuando intentamos explicarnos aquello de …” Al Palacio hemos llegado no de paso, no somos inquilinos; los movimientos sociales hemos llegado para quedarnos toda la vida, hermanos y hermanas”, cruzan por nuestra imaginación inevitablemente pretensiones de alguna variedad de políticos que no se adecúan al modelo de la democracia representativa y del estado de derecho.

Dicen que la política es una combinación de razón y pasión, pero cuando las pasiones se constituyen en cánceres de la razón …y las más de las veces incurables (Kant), estamos ante ímpetus incontrolados. En este análisis asumimos la pasión como la corrupción de la racionalidad, no desde el punto de vista moral. 

Peor aún, cuando esas pasiones incontroladas por el poder se combinan con la vanidad que impide reconocer en el otro, concretamente en el adversario político, posiciones tan legítimas como distintas de las propias; estamos evidentemente ante una variedad de políticos que no saben poner límite a sus ambiciones.

Es difícil intentar prudencia en el análisis cuando las palabras rebasan repetidamente los límites de la sensatez. “Saben hermanas y hermanos, qué pienso. Escúchenme bien, si yo fuera presidente del TSE o todo el equipo del TSE, el referéndum del 21 de febrero de oficio hubiera anulado porque ha ganado la mentira, no ha ganado la derecha”, dijo el presidente Evo.
  
Partidarios oficialistas repiten que la constitución no indica ni limita las veces que el pueblo puede ser consultado mediante referéndum sobre la re postulación del actual Presidente. A esos políticos habrá que explicarles que la cantidad de consultas o votaciones no está en discusión, habrá que decirles que los resultados de un referéndum no deben ser del agrado o complacencia del Presidente para ser validados o aceptados. Lo que está en discusión es la pretensión de quienes se inclinan por actitudes moralmente incorrectas que develan el rostro indigno de la política. 

El partido gobernante debería saber que la política supone la construcción compartida de la verdad más que la imposición de visiones parciales. Una visión parcial es, sin duda, la imprescindibilidad del actual mandatario. El 21 de febrero de 2016 Bolivia dijo No a esa visión parcial. Este veredicto social no debe, ni debería estar en discusión. 

En discursos muchas veces irreflexivos se recurre a un instrumento del poder como es la amenaza para influir y modificar el comportamiento. Según estudiosos de la psicología conductista existen dos formas de influir sobre alguien: manejando adecuadamente los premios y castigos que son los grandes mecanismos del poder porque no cualquiera está en condiciones de castigar y premiar. 

En la lógica de los grupos más próximos al Presidente, el premio lo tendrían quienes se pronuncian por una presidencia vitalicia, el castigo quienes nos pronunciamos por la alternabilidad en el poder y el respeto a la voluntad popular. Por eso recurren al miedo cuando dicen que se debe evitar el retorno de la derecha que, como en Argentina y Brasil, castiga al pueblo. Que la derecha retorne al poder o que una izquierda sensata y con vocación democrática llegue al Palacio de Gobierno son posibilidades, por eso no es prudente pretender intimidar a la población con la teoría del garrote y la zanahoria.

En los últimos diez años, la sociedad boliviana vivió entre el premio y el castigo. 

No se olvida la inhumana represión el domingo 25 de septiembre de 2011 a la marcha indígena en defensa del TIPNIS. El castigo para esa marcha fue por pensar diferente al Gobierno. No fue recibida por el Presidente, después de una caminata de 66 días; pero si apoteósicamente por la población de La Paz. 

El premio lo tuvo la contramarcha   de organizaciones afines al Gobierno, en enero de 2012. Fue recibida por el jefe de Estado en el Palacio, pero con apatía por la población paceña.

En cierto que los bolivianos le dieron al presidente Evo el mandato de transformar a Bolivia, lo eligieron para cambiar la forma de hacer política. “No se asusten compañeros parlamentarios electos posesionados de otros partidos que no son del MAS. No haremos lo que ustedes nos han hecho a nosotros, el odio, el desprecio, la expulsión del Congreso Nacional. No se preocupen, no se pongan nerviosos. Tampoco va haber rodillo parlamentario”, prometía en su discurso de enero del 2006 el entonces flamante presidente electo. 

Diez años después el cambio no se percibe. Por el contrario, hay desprecio por quienes piensan distinto, el rodillo parlamentario rige en todo su esplendor, da la impresión que para quienes nos gobiernan hacer política significaría abusar de los instrumentos que permite la constitución y, aparentemente, se estaría incurriendo en una confusión entre la autoridad que es necesaria para gobernar, para ordenar la existencia de una sociedad, y el autoritarismo que es la negación de la autoridad, como vía al exceso, el abuso y el culto a la personalidad. 

La sociedad boliviana aprendió y maduró, por eso a pesar de un eventual castigo; opta por el premio que representa creer en la democracia y defenderla aún con sus imperfecciones.  

Carlos Rodríguez Laredo es comunicador social