Opinión

17 de abril de 2017 08:48

Quedarse ch'aja


Estoy afligido porque el Presidente se encuentre sin un vital instrumento de trabajo, es decir sin voz. Los envejecidos, que en colegio tuvimos maestros de idiosincrasia local que ni querían ni tenían los medios para extranjerizarse, sabemos que eso quiere decir en lenguaje popular: quedarse ch’aja (sin voz o con voz casi inaudible, si bien ronca).

Fue un profesor de álgebra, al que los rencorosos alumnos del Don Bosco bautizaron con el admirativo y afable sobrenombre de “piojo”, a quien oí primero esa onomatopéyica expresión: ch’aja. El “piojo” la dirigía con sorna a los alumnos que aparecíamos resfriados, con chalina, mentisán y propóleo en la garganta, entre entonaciones propias de quien, como un profe de álgebra, tiene la sartén por el mango. Ante eso cabía nomás sonreír sin chiste, con una mueca sardónica cincelada en la boca.

No es ésa una analogía muy acertada. Porque hoy quien está ch’aja es el Presidente, es decir el dueño del sartén y, si se quiere, de la mismísima cocina y todos los utensilios. Y son enormes la amabilidad y gratitud con Evo, de su -ahora abatido- entorno. Por eso será que no imagino a ningún miembro de su poderosa corte chanceándose, aludiendo chispeante a que la primera voz del país esté ch’aja; menos chantándole un apodo por eso. Es mejor prodigar el humor a quien no tiene tu futuro en sus manos.

Más bien, por el lenguaje corporal que despliega en las fotos el séquito presidencial, sus miembros se muestran festivos por las bromas -ingeniosas y no- del Presidente, como los alumnos del “piojo” recibían sus hirientes socarronerías, entre obligados y complacidos por la confianza dispensada, gracias piojito.

Sería cuestión de haber oído al Presidente después de la operación en Cuba para darse cuenta de que ronquera, afonía o voz cascada no son, ni de lejos, términos que transmitan la precisión de la que goza ese adjetivo oriundo del aimara. El que está ch’aja habla justamente con una mezcla de interjecciones, como la ch’, y de jadeo y siseo, en los que la primera vocal y el sonido de la jota (que ni por asomo es el de la danza de la jota) provocan que toda frase se parezca a otra, salvo por la modulación forzada del afectado.

El caso es que estos días Evo ha tenido que remplazar el discurso por el twitter incendiario contra los que no desean escucharlo, como el secretario general de la OEA, Luis Almagro. Al Presidente le quedan el acento y el volumen de confidencia con sus cercanos, como en su reciente almuerzo con los cocaleros del trópico cochabambino, en el que hubo hasta derramamiento de lágrimas, con nostalgia, deferencia y homenajes a su voz.

En el diccionario de Coba, el lenguaje secreto del hampa boliviana, del extinto Víctor Hugo Viscarra, se extraña la palabra ch’aja. Se registran otras como “ronquis”, que no sirve para designar al estado de ronquera, sino al que ronca, duerme o, como apunta con circunspección el autor de ese diccionario, practica la siesta. Toda una falta de ese bohemio literato.

Hace años murió mi peluquero de media vida (tengo otro para lo que resta, sin saber cuánto, y perdonen este barrunto fúnebre). Él era a la vez dirigente de Collana, un municipio del altiplano, del cual fue además alcalde, sin dejar la peluquería en la ciudad, no pregunten cómo. Quizá era como ser presidente de seis federaciones y del Estado a la vez, no sé.

Don Valentín -se llamaba el peluquero- también perdió la voz en actividades a medio camino entre la recreación y la política. No se recuperó, pero para la peluquería, a diferencia de la responsabilidad suprema, la voz no es del todo indispensable. Don Valentín empuñaba con destreza la navaja, la tijera, la “podadora” y el peine. La navaja en la lengua no era su fuerte, pero siempre había lugar a las amistosas burlas por su afonía.

De ahí que me quedé pensando que debe ser triste que nadie satirice tus dolencias con soltura, la de quienes no dependen de lo que les des. Es que la aflicción calculada se parece a la falta de amigos. Y eso es más frito que andar ch’aja.

Gonzalo Mendieta es abogado.