Opinión

12 de octubre de 2017 18:28

Cuando la calle ruge...


Cuando la calle le da la espalda a un gobernante quiere decir que ha llegado la hora de irse. A S.E. la calle le ha dado la espalda hace mucho tiempo y una de las pruebas estuvo en el referéndum del 21 de febrero del año pasado. S.E. está engañado por las concentraciones campesinas que lo vitorean en agradecimiento por algún “regalo” o por los grandes escenarios que monta cuando quiere aparecer de adalid de la defensa del medio ambiente o de los derechos humanos e invita a centenares de sujetos que llegan de toda Sudamérica para aburrirse.

Cuando la calle ruge y demuestra descorazonamiento e ira, lo inteligente es entender el mensaje y no decir que quienes vociferan contra él son cuatro gatos que están pagados por la derecha o que son serviles al imperialismo gringo. Eso no es cierto, porque las calles se colman de masas descontentas, que ya están hartas de ver la misma cara de satisfacción del gobernante y de tantos de sus actos histriónicos.

Su empeño de quedarse en el poder es realmente conmovedor, si no fuera que está llevando a Bolivia al diablo. Es absolutamente descarada y cínica su actitud de auténtico candidato presidencial, antes que el Tribunal Constitucional (TC) haya dictaminado sobre la consulta de si puede volver a terciar por cuarta vez consecutiva. Ya está en campaña diciendo por todos lados que la revolución está inconclusa y sus ministros y parlamentarios corean lo mismo: que el proceso democrático y cultural no ha concluido. “Gracias a Dios; que no lo concluyan jamás”, agregaríamos.

S.E. tiene tal seguridad de lo que dirá el TC, está tan convencido que su orden a los magistrados debe ser cumplida, que está buscando posesionarse de nuevos espacios para tratar de recuperar votos. La gente ya está harta de oírle hablar sobre lo mismo: “el año 2005 Bolivia tenía X ingresos y ahora…”. ¡Doce años después sigue con la misma monserga! Y ahora se acerca nada menos que a la decrépita figura del “Che” con un eslogan que lo dice todo: “El “Che” vive, Evo sigue”.

El indiecito humilde y harapiento del 2005, había tenido, ciertamente, una hambruna de cinco siglos, pero una hambruna de poder. Los aplausos y los halagos de la turba ya no le interesan y debe detestar las ofrendas que le cuelgan del cuello y la mixtura que se le queda en el cabello y se pega en la frente. Él busca votos. La gazuza por el mando es incontenible y está dispuesto a destrozar la democracia sin el menor empacho. Sabe que existen mecanismos de fraude constitucional que se hacen funcionar con dinero o con los fiscales.

Se va a hundir para siempre S.E. Su tiempo ya se terminó y en buena hora. Diga lo que diga el TC, sea candidato o no, S.E. está de salida y no lo va a salvar ni la Pachamama, que de paso debe estar resentida con él. Es que su gobierno ha sido muy malo, así muestren cifras y hagan comparaciones con el lejano año 2005. Lo cierto es que se gastaron fortunas en obras superfluas o en esperpentos costosos, siempre con altos márgenes de corrupción por ausencia de un control honrado.

Ojalá que su sucesor, aunque resulte de izquierda, sea como el presidente ecuatoriano Lenin Moreno, que no tenga contemplaciones con los corruptos del MAS, y que dé fin con los empeños de establecer elecciones vitalicias para favorecer a una sola persona.

Por Manfredo Kempff es escritor