Opinión

6 de julio de 2017 09:20

¡Queremos respirar, no patinar!


Perdí la apuesta. La Juez de Partido y Vocal de Corte de veinte años de litigios, mi esposa, acompañó a nuestra hija en una pacífica marcha nocturnal del Colectivo No a la Tala de Árboles. Para sorpresa de ella, reunió varias centenas de personas y eso que no hubo ningún gobiernista pasando lista o repartiendo plata por ahí. 

Como siempre, hay un trasfondo. Arguyo que algo se debe a la megalomanía de un régimen que prefiere césped sintético a camas de hospital, satélites con sobreprecio a humildes pizarrones. Aparte de la utilidad fugaz de escenarios (son buenos solo por unos días), quedarán suplementos y fotografías de poderosos inaugurando los XI Juegos Suramericanos Cochabamba 2018: propaganda pura para uno empecinado en aferrarse al sillón presidencial, u otro quizá ansioso de figurar como opción opositora.

El tema mismo trasciende lo medioambiental. Por ahí la competencia en la Llajta acostumbrará a los atletas suramericanos al aire contaminado; a la quemazón cancerosa de un planeta sin capa de ozono; a selvas de cemento sin árboles que mellen la alianza siniestra de mercaderes de baratijas chinas en avenidas, e inversionistas en conventillos de apartamentos con agua de cisternas. Serán medallas de oro en el futuro, por supuesto si las justas no se realizan en países progresistas y ricos.

Además, ¿será que salir últimos en patinaje artístico o carreras justifica el “patinódromo” de Coña Coña que proyecta la Alcaldía de Cochabamba? Imagino a niños en almuerzo frío de pobres, exigiendo patines de tres mil bolivianos a Bartola, que con los dos pesos que le dejó el marido, pagó la renta, el teléfono y la luz (voz de Pedro Infante). Los mocosos reclamarán buzos, rodilleras y cascos para completar el atuendo de rigor. Afecto a vergüenza ajena, iría para ver porrazos, ¿o “nalgazos”?, de mozas dando vueltas en carreras de patinaje.

Aparte de lo risible, se disputarían 34 deportes y 54 disciplinas en los Juegos. Algunos ni se conocen en urbes del eje central, y menos todavía en ciudades intermedias; ni hablar de aldeas donde quizá chicos sueñan con ser futbolistas y chicas en ser modelos “cama adentro” hasta los 25 y volver a su pueblo a casarse. ¡Díganme por Dios, si bádminton, balonmano y “bowling” son deportes de pobres! ¿Tenis?, ¡já!; ¿Nado sincronizado?, ¡jé!; ¿Clavados?, ¡jí!; ¿polo?, ¡jó!; ¿canotaje en aguas turbias de la Angostura?, ¡jú! Ni el abecedario alcanza para deportes enajenados del medio cultural boliviano.  

Algunas inversiones ni toman cuenta de infraestructuras existentes. Hay comodatos hasta de avioncitos a motor, que ojala fuera manera binacional de internalizar manejo de drones que vigilen las fronteras de “chuteros” que se vuelven héroes. ¿Por qué no centralizar atletismo en pistas del Estadio departamental, el ciclismo en ampliadas vías del llamado “Circuito Bolivia”? 

Algunas construcciones y mejoras no han empezado todavía, toda vez que dijo el mandamás del Comité Olímpico Boliviano “no se pueden invertir recursos y dinero si no tenemos la garantía de que la gente vendrá en las 34 disciplinas” (¿?) ¿Para qué hablar de “Complejo Acuático” de la Alcaldía de Cercado, sin agua a la vista? ¿Habrá área protegida en el cerro San Pedro después del ciclismo de montaña? ¿Qué saben de rugby en Sacaba, de tenis en Villa Tunari? Mírense con lupa los Juegos, ya que tal vez está imbricada la corrupción de sobreprecios y “coimisiones” en beneficio de sospechosos de siempre.

Por eso aplaudí la figura legal de la “Acción Popular” que ha interpuesto el Colectivo No a la Tala de Árboles, en defensa de la que yo conocía como Laguna Antaki por unos amigos vecinos, en domingos en que llevaba a mis hijas para pasear pedaleando por sus aguas en lanchitas sin motor. Es quizá la cuarta vez que aplican ese recurso legal, y Cochabamba no tiene que ser la única, porque hay buenos ciudadanos cansados de arbitrariedades en toda Bolivia. Tal vez de refilón la “Acción Popular” es un efectivo recurso defendiendo los derechos de la gente en contra de abusos gubernamentales, fueran estos del Gobierno central o de municipios departamentales. Así fuera que en días recientes, el Defensor del Pueblo haya abusado de él para atacar a los médicos.  
  
Eso sí, perdieron fuerza mis recelos de que habiendo tantos delitos en contra de la mentada Pachamama, quizá existe un excesivo reduccionismo en bien de los árboles y las cochas que se pierden al cubrirlos de cemento. Me tranquilizó mi hija contestataria al advertir que hace años que abarcan más; después de salvar lagunas e indultar árboles, vendrán acciones contra otros crímenes medioambientales: la Laguna Alalay, el Río Rocha, el Parque Tunari y por qué no, ladrilleras y transportistas culpables del pésimo aire que se respira en el valle. ¡Ah, así sí! Ojala que el idealismo activista del Colectivo No a la Tala de Árboles se contagiara a toda Bolivia, tan diversa en mellado acervo natural. ¿Por qué no repueblan árboles en la cuenca del río Piraí de Santa Cruz, dragan rocosos cauces de torrentes en La Paz, o castigan mineros que vierten desechos en el río Pilcomayo?  

A partir de hoy escribiré y cargaré mi pancarta clamando ¡queremos respirar, no patinar! ¿Y usted, querido lector?

Por Winston Estremadoiro

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