Opinión

8 de septiembre de 2017 11:47

El TIPNIS en barco que se hunde


Como en los barcos que se hunden, las ratas son las primeras en saltar y salvarse. Pareciera eso de afines al Gobierno que por diversas razones dejaron solo al “jefazo”. Hasta el Vice anunció que no candidateará a la reelección por cuarto mandato. Motivos hay de todo: corrupción, llunquerío, talegazos, impostura, “coimisiones”.

La prensa –malditos opositores—pilló a uno con la mano en la lata en la revivida estatal del petróleo: le hicieron embajador a país ahíto de petróleo y familiares de frondoso prontuario. Otro que  probó su bravura aporreando mujeres, niños y viejos (“indígenas de tierras bajas”), fue premiado con exilio dorado al templete de causas perdidas en Nueva York. ¿Recuerdan la abusiva de asonadas cochabambinas en que asesinaron salvajemente al chico Urresti?: está escondida en alguna embajada quizá leyendo Cambio, ya que no domina el idioma local. A un coronel de policía lo pillaron con droga rumbo al norte al Santuario de la Virgen de Empolvada Nariz. Se malgastaron millones en un Fondo Indígena de ayuda a pobres, y “originarios” distrajeron a sus cuentas bancarias. En país de bandas marciales y soldados de paso de parada, milicos “leales” fueron endulzados con inmerecidos ascensos y dinero quizá para uniformes de mariscal sin haber ganado una sola batalla. Impostores que quizá son licenciosos, no licenciados, denuestan  a las “coimisiones” al promulgar leyes contra la corrupción; bien harían en recordar eso de que “no tire piedras el que tiene techo de vidrio”. La lista suma y sigue.

Sin embargo, algo penoso en el gobierno de Evo Morales es el zigzag que le asemeja a una serpiente que oscila de un lado para otro. El trato privilegiado a los indígenas y el amor a la Madre Tierra son dos de esos culebreos. Ambos se exhiben con ribetes de escándalo en el abuso al Territorio Indígena y Parque Nacional “Isiboro-Sécure” (TIPNIS). 

En efecto, un punto central del discurso del “jefazo” fue legitimar a los indígenas, al extremo de insertar 36 nacionalidades en su Constitución de La Calancha. En mi criterio, se ha desnudado que el amor a los “originarios” encubre una “aymarización” del país, en vez de la interculturalidad mestiza de gentes diversas. Al abrogar su propia ley 180 que forzaba la intangibilidad (manos afuera), Evo declaró que los que oponían a la nueva ley y la carretera asesina del TIPNIS eran enemigos del Beni; remachó la demagogia del Vice García Linera, que afirmó ante vasallos del oro negro que las Áreas Protegidas eran inventos de gringos y dictadores para apropiarse de recursos naturales: como si el impostor no supiera que la biodiversidad es la más importante de las riquezas. Ambos, Presidente y  Vice, apelan a dividir a cambas cruceños de cambas benianos, algo tan iluso como enemistar a vicuñas de alpacas.

El pachamamismo deforma el amor a Dios, la Madre Tierra, la naturaleza, la Pachamama, o como quiera llamarse. Ha dado grandes réditos a Evo Morales, que es un adalid de la conservación a los ojos del mundo, y con su doble discurso es quizá un hipócrita a los ojos de los bolivianos. Fíjense en la hidroeléctrica del Bala y Chepete. En culebreos pachamamistas, luego cambiados, de oponer hidroeléctricas brasileñas en el río Madera, con esclusas paralelas adyacentes que darían acceso al mar a través del gran río Amazonas.

El pachamamismo de dientes para afuera se exhibe en la gestión de Evo Morales. Aparte de que parecen amar a la Pachamama de camélidos y yaretas, no quitan el sueño las depredaciones de rebalses mineros en el río Pilcomayo. ¿El efecto medioambiental de la mina de San Cristóbal?, bien gracias. Inclusive en la cuestión de los bofedales de Silala, el escamoteador de 1879 consolidó las aducciones picaronas de hace una centuria, en volumen de agua que rebasa tanques de locomotoras de fines del siglo XIX.

Poco les puede importar el corazón de Bolivia que es el TIPNIS, con su prodigioso monte en que la naturaleza sigue creando nuevas especies de flora y fauna, a quienes hacen negocio capitalista de tumbar monte, vender troncas, sembrar arroz, yuca y plantines de coca. Cuando recojan el grano y se coman el tubérculo ya estará para secar la “hoja sagrada” y procesarla en droga; para entonces se habrán vendido los lotes de suelos agotados en sindicatos antiguos. Negocio capitalista redondo. 

Ahora se viene el atentado contra la Reserva Amazónica “Manuripi-Heath” que rodea el curso del río Madre de Dios. Las noticias dan cuenta de potencial de hidrocarburos de 32 trillones de pies cúbicos (TCF) de gas natural y 12 billones de barriles de crudo en la cuenca Madre de Dios, que algo debe tener con el río de ese nombre y es cuenca petrolera identificada y concesionada en Perú. Es motivo para que el Presidente Interino declare que el norte amazónico será el nuevo sureste petrolero. 

Ya reduzco la Reserva Amazónica Manuripi-Heath al acrónimo RAMDEATH, que en inglés significaría embestida de muerte, con el perdón del estadounidense Edwin Heath, que en 1880 exploró la zona. Le pasará algo igual que al TIPNIS, para solaz de las petroleras y tal vez en nombre de los “pobrecitos siringueros”, sin que esta vez Evo deba cumplir promesas a bases cocaleras del Chapare

Por Winston Estremadoiro