Opinión

9 de abril de 2017 07:00

"Asicuni", Maduro y Evo


Tantos años de idas y venidas, digan si el megaproyecto Misicuni –agua, riego, energía eléctrica–  no da la razón al ingenio popular que le rebautizara de “asicuni”, que quiere decir “hace reír”, me dicen. En la apertura de ductos para proveer agua a la sedienta “Llajta”, el Presidente del Estado Plurinacional tal vez rompió los cántaros de la “ch’alla”, quizá queriendo adueñarse del crédito: el Vice pidió agradecer a Evo Morales por la obra, ¿ya está el orinoqueño en el poder tantas décadas?

Las cañerías reventaron y empezó la guerrita de quién tenía la culpa y los consabidos “yo no fui”. Evo, adolorido no sé si por el ridículo o por su nódulo en la garganta, emprendió viaje a Cuba (los galenos “cochalas” tal vez le hubiesen rebanado el quiste, y de paso las cuerdas vocales). 

El alcalde José María Leyes atribuyó a “una tremenda irresponsabilidad” la apertura de las compuertas. El Gerente de la empresa de aguas se quejó de que ni les avisaron de la ceremonia, siendo SEMAPA adonde llegaría el agua. Ambos son opositores políticos. Jorge Alvarado, mandamás de Misicuni, quizá preocupado no tanto por el proyecto sino por el papelón ante el jefazo, indicó que habrá agua mientras reparan el fiasco, pero ya no de cañería sino de quebrada: ¡prohibido orinar!  

No soy experto, pero en el apuro quizá soldaron los ductos con engrudo. De por sí parecían un poquito “liquichiris”, que en modismo camba se referiría a un diámetro insuficiente. Sin embargo, el traspié ilustra que tal vez la buena ejecución está reñida con el “llunquerío”, que a punta de adulación trata de agradar al ego del jefazo. La buena ejecución conlleva el buen gobierno. El buen gobierno rara vez es yunta con el ego de los gobernantes, sino con el bien público.

Las normas se aplican en otros casos. Fíjense nomás en la noticia que remece el mundo: el golpe a la democracia de Nicolás Maduro. Su dedito dispuso anular el Poder Legislativo de Venezuela, llegado a sus curules mediante la mayoría del voto ciudadano. El “golpe” contó con la obediencia de un sumiso Poder Judicial y la complicidad de quienes tienen los fierros. ¿Se daría otra vez el inefectivo blablá de que se rasgasen las vestiduras? Bueno, al menos la patria de Bolívar no es la de Beethoven: aunque Maduro luzca como Hitler, sus atropellos no acarrearían una guerra mundial, quizá pensaron algunos europeos. 

Luego su Fiscal General (oficialista) se desmarcó de la línea chavista al calificar de violatorio del orden constitucional dejar al país sin parlamento. Pocas horas después y en desenlace debilitante por la chambonada del gobierno chavista, se convocó al Consejo de Defensa de la Nación (chavista). Éste a su vez ordenó al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) (chavista) suprimir las medidas que daban poderes dictatoriales a Nicolás Maduro. Ya su Sala Constitucional (chavista) no asumiría competencias de la Asamblea Nacional (el Poder Legislativo opositor). Según analistas, era “un borronazo exprés de las decisiones que en la última semana acabaron con la separación de poderes y dejaron en agonía a la democracia venezolana”.

No todo es borrón y cuenta nueva. El TSJ no suprimió que solito Maduro hiciera contratos y creara empresas mixtas en materia de hidrocarburos sin pasar por el voto del Legislativo, la AN. Según el TSJ, Maduro “tiene plenas facultades, aunque la Constitución establece que el parlamento debe revisar estas acciones”. Tampoco hay modificaciones sobre el “desacato” en el que el TSJ ha declarado a la AN, el Poder Legislativo. En tal sentido, no mejora la desazón y la crisis venezolana.

¿Qué pasaría si tal tragicomedia sucediese en Bolivia? La Fiscalía es oficialista. El Consejo de Defensa no existe, salvo tal vez alguno compuesto por García Linera, Romero, Ferreira y Quintana, presidido por Evo Morales para defender el régimen. El Poder Judicial es sumiso y su función parece ser el acoso judicial y la prisión de opositores por motivos ilusos. El régimen no necesita Sala Constitucional porque tiene al Tribunal Constitucional en el bolsillo. ¿Contratos a dedo y sin licitación?, hace tiempo que Evo Morales los hace, burlándose inclusive de que tales salvaguardias son inefectivas, tal vez “neoliberales”. ¿Para qué sucedáneos del Poder Legislativo, si tiene mayoría oficialista obediente al jefazo en el Congreso? Las Fuerzas Armadas, tal vez a fuerza de talegazos, hasta han reemplazado con lemas cubanos el “subordinación y constancia, ¡viva Bolivia!  

Como el nódulo de Evo, el tumor nuestro parece ser el Socialismo del Siglo XXI. Una creación artificiosa del Foro de São Paulo, gigante con pies de barro que hiciera posible el auge petrolero de Venezuela y su falso profeta Hugo Chávez, más la revivida ideología de rancio castro-comunismo, dirigida por el hoy decaído Lula da Silva. Si vinieran los reverberos del Lava Jato en Bolivia, ¿extirpar la corrupción sería la esperanza? 

Trump debe estar regodeándose.  Mientras más desunida esté, tanto mejor para tener América Latina como “patio trasero”, sin mayor trajín militar o inversión yanqui. Un perro simpático que menea la cola, como dijera con cruel sorna Kuczinski, el presidente peruano, único en cortar relaciones con el dictador en ciernes venezolano.

Por Winston Estremadoiro