Opinión

15 de mayo de 2017 09:31

Papa Francisco: con María, peregrino de esperanza y de paz


Ciertamente uno de los acontecimientos más importantes de la Iglesia Católica en este año 2017 es el viaje del Papa Francisco a Fátima, Portugal, como peregrino de esperanza y de paz, para visitar a la Virgen del Rosario de Fátima.

Como ya es habitual ha efectuado un viaje rápido, de poco más de un día, del 12 al 13 de mayo, con ocasión del centenario de las apariciones de la Virgen en 1917 a los pastorcitos Lucía, Francisco y Jacinta.

El Papa ha venido también a declarar santos a los dos videntes más jovencitos que eran hermanos y primos de Lucía. Francisco Marto iba a cumplir 9 años, mientras que Jacinta ya había cumplido 7 años. Juntos con su prima Lucía dos Santos  de 10 años solían ir a pastorear a las ovejas de sus familias. Piadosos como eran, rezaban juntos, luego almorzaban frugalmente y luego se entretenían, mientras las ovejas pastaban.

Ya unos meses antes de las apariciones de la Virgen María los tres pastorcitos habían tenido tres apariciones del Ángel de Portugal quien les enseñó a rezar a Dios y a recibir la Santa Comunión con toda devoción. Recordamos que ambos hermanos fueron declarados beatos en el año 2000 por el Papa San Juan Pablo II. A Sor Lucía, fallecida en 2005 a los 98 años de edad, ya se le ha abierto su proceso de beatificación.

Ahora el Papa Francisco ha querido ir a Fátima para declarar santos a Francisco y a Jacinta, ya que gracias a su intercesión se ha producido la curación milagrosa de Lucas, un niño brasileño de cinco años quien sufrió una caída desde cinco metros de altura que le produjo una lesión cerebral grave, que le tuvo inconsciente durante varios días. De ella fue curada gracias a las oraciones de sus padres y de unas religiosas pidiendo la intercesión de Francisco y Jacinta.

El Papa Francisco en la Misa insistió en el papel de la Virgen María quien se hizo presente a los pastorcitos para advertirles de los peligros de ir al infierno cuando nos apartamos de Dios y le profanamos en sus criaturas: “Ella vino a recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre, porque, como hemos escuchado en la primera lectura, ‘fue arrebatado su hijo junto a Dios’ (Ap 12, 5)”. Los tres pastorcitos se encontraban dentro de la Luz de Dios que la Virgen irradiaba. Ella los rodeaba con el manto de Luz que Dios le había dado.

“Según el creer y el sentir de muchos peregrinos —por no decir de todos—, Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, ‘muéstranos a Jesús’”.

El Papa insistió en que en María tenemos una Madre: “Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús, porque ‘los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo’ (Rm 5,17). Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad, nuestra humanidad que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará”.

El Papa se despidió agradeciendo a todos los peregrinos: “Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda”.