Opinión

4 de abril de 2017 18:13

Feminismo auténtico vs. aborto


Hay un feminismo legítimo en el que militan mujeres que reivindican derechos justos que lamentablemente están reservados a los varones especialmente en el área laboral y también en la vida económica y social. Este feminismo debe ser apoyado por toda la sociedad. Pero, sin embargo, hay también un feminismo injusto y equivocado que reivindica falsos derechos, entre los cuales sobresale el derecho reproductivo de la mujer al aborto.

El aborto, eufemísticamente llamado “interrupción legal del embarazo”, consiste en quitar la vida a un ser humano totalmente inocente e indefenso. Por eso la Iglesia Católica en el Concilio Vaticano II lo calificó, juntamente con el infanticidio, como “crímenes abominables” (GS 51). Por eso sanciona el aborto, realizado con plena conciencia y consentimiento, con la pena de excomunión automática (Código de Derecho Canónico, canon 1398).

Tengamos en cuenta, además, que las leyes abortistas con claramente antifeministas. Esto se muestra  en algunos países donde se ha legalizado el aborto. En China, hasta bien recientemente se obligaba a abortar a las madres que ya tenían un hijo y se las castigaba con cárcel o multas.

Ante esa norma tan injusta muchas parejas optaban por el aborto selectivo. A través de un examen ginecológico se conocía si el bebé todavía no nacido era masculino o femenino y se abortaba preferentemente a las bebitas por considerarlas más cargosas y menos productivas que los bebitos.

Esta política china, totalmente criminal e injusta, ha traído como consecuencia un grave desbalance demográfico en ese país que ha puesto en peligro su desarrollo económico y social. Hoy el número de jóvenes femeninas ha disminuido drásticamente y muchos varones encuentran serias dificultades para encontrar una esposa. Todo ello ha obligado a suprimir esa política de solo un hijo.

Además las leyes abortistas son antifeministas. En la mentalidad machista, hoy bastante extendida, en la relación sexual muchas veces se busca únicamente el placer y por lo tanto hay que evitar el embarazo y si éste se produce se obliga a la mujer a abortar.

No es raro que el varón exija a la mujer “que se cuide”, utilizando anticonceptivos incluso los abortivos. San Juan Pablo II indicaba: “Los dispositivos intrauterinos y los productos químicos que, distribuidos con la misma facilidad que los anticonceptivos, actúan en realidad como abortivos en las primerísimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano” (Evangelium vitae 13). 

En caso que se produzca un embarazo no deseado, no es raro que el varón, desconociendo que es el padre, se lave las manos y exija a la mujer, que es madre, que aborte, facilitándole los medios para ello. La mujer que aborta carga su conciencia con el crimen de un filicidio. Además de las consecuencias físicas, a veces serias, de todo aborto, ella sufrirá una serie de dolencias, incluyendo traumas psicológicos, que hoy se estudian bajo el nombre de “síndrome postaborto”, que pueden ser graves y llegar al suicidio.

El varón que embarazó a la mujer, incluso con violación, parecería ser el único beneficiado por el aborto, ya que queda liberado de sus obligaciones paternas. Pero, si tiene conciencia recta, experimentará en algún momento de su vida ese “síndrome postaborto”.

Sobre todo los médicos aborteros, que ganan su vida quitándosela a niñitos indefensos, en algún momento de su vida, sentirán que sus manos están manchadas de sangre y que han prostituido su noble profesión de curar enfermos y salvar vidas. Se han convertido en carniceros de niños a los que descuartizan o envenenan, según los diversos métodos de aborto. No es raro que en algún momento de su vida se arrepientan, aunque ya sólo les queda pedir perdón a Dios.

También son responsables ante Dios y ante la sociedad los legisladores, los gobernantes y los jueces que aprueban o promueven leyes, decretos o sentencias despenalizadoras o legalizadoras del aborto, así como quienes promueven campañas abortistas.

Pidamos a la Familia Trinitaria, origen de toda vida, a la Sagrada Familia de Nazaret, a los ángeles y a los santos para que en Bolivia no se aprueben leyes abortistas sino que, cumpliendo lo que indica la Constitución Política (artículo 59), se aprueben medidas legales, administrativas y sociales para ayudar a las madres y padres, carentes de recursos, para que alimenten y eduquen a sus hijos y los traten siempre con amor.

Por Miguel Manzanera S.J.

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