Opinión

10 de enero de 2017 08:44

LA FRACASADA PROTESTA ANTIDAKAR


No hubo multitudes vestidas de blanco protestando contra el Dakar, ni siquiera hubo centenares.  Las multitudes, hambrientas de espectáculos públicos, salieron a dar la bienvenida a los pilotos, ´para alegría de un Gobierno que se puso al servicio del mayor símbolo del colonialismo y del capitalismo.

Cuando comenzó la carencia de agua en la Paz, hace más de dos meses, ciudadanos afectados salieron a las calles a protestar en contra del Gobierno. Sin embargo, poco después esa misma gente adquirió una rutina en torno a la escasez y terminó acostumbrándose a que el agua llegue cada tres días por cañería.

Activistas críticos contra el Gobierno creyeron que la llegada del Dakar podía ser una buena oportunidad para revivir las protestas y por eso convocaron a concentraciones para hacer conocer al mundo que en parte de La Paz no hay agua y que, pese a esa urgencia, el Gobierno despilfarra dinero en la organización de una carrera que deja dudosos beneficios para el país.

Las redes sociales se llenaron de mensajes antiDakar, de reivindicación del derecho al agua, de críticas al Gobierno y de un aparente apoyo a la protesta. Sin embargo, quedó comprobado, una vez más, que las redes son una cosa y la realidad es otra.

Las pocas personas que salieron a protestar fueron arrinconadas y cuatro de ellas hasta fueron arrestadas por la Policía. Para el Gobierno, no puede haber ni una voz disidente, ni una voz de protesta, ni una voz que empañe la fiesta. Por eso, abusó de su poder, una vez más, para acallar esas cuatro voces.

No era lógica la convocatoria a una protesta en medio de una fiesta. La fiesta siempre gana.

No era lógico que se convocara a una protesta a las élites paceñas, si los fierros son un deporte de las élites. 

No era lógico que se protestara por agua en un evento que poco o nada tenía que ver con el agua. Incluso, como acto simbólico, la ASO donó cuatro cisternas y un equipo potabilizador para acallar las críticas, aunque el regalo en nada compensa los 4 millones de dólares pagados para traer el show a Bolivia y toda la logística estatal puesta al servicio de los ricos del deporte tuerca.

Por otro lado, la clase media o las élites intelectuales que se expresan en las redes sociales no son gente de protesta. Solo sale a la calle en última instancia, cuando ya se siente por demás asfixiada, como ocurrió en octubre del 2003. 

Pero, el trayecto del Dakar no solo estuvo poblado de clase media o de élites, sino de gente del pueblo, aquella que no se pierde una entrada folklórica, un desfile militar, un partido de fútbol, una pelea de gallos o, en este caso, un desfile de motos, coches y camiones. 

Sin embargo, así como los activistas no deben confundirse con el aparente apoyo recibido en las redes sociales, el Gobierno tampoco debería confundirse creyendo que en cada espectador del Dakar hay un voto. 

El Gobierno sabe que la gente está ansiosa por espectáculos grandes y que esa es una efectiva manera de olvidar los grandes y pequeños problemas. Por eso el Presidente en persona, según cuenta él mismo, rogó y rogó hasta que la ASO aceptó que el Dakar pasara por Bolivia. Por eso, también imploró para tener un mundial de fútbol, aunque sea uno juvenil. Y, hasta entró en negociaciones para traer el Miss Universo a Bolivia. 

Al Presidente no le importa si con estos eventos se tropieza con su propio discurso político, no le importa si en eso empeña millones de dólares, por el contrario, disfruta como un niño codeándose con sus ídolos.

Por ese gusto, el Presidente hizo uso de recursos públicos para desplazarse de pueblo en pueblo para agasajar a los competidores y ha insistido hasta lograr que la carrera pase por Orinoca, ese punto de partida y de llegada del universo del MAS. Allá se construyó un millonario museo para Evo, allá también se santifican a los cerros y a los descampados que parieron al jiliri irpiri, y hacia allá fue el Dakar.

A decir del comandante del operativo Dakar, Juan Ramón Quintana, el competencia logró que se estremezca el alma nacional y criticó a los opositores porque, según dijo, sólo se estremecen “cuando ven a un gringo”. Al parecer el Ministro no reparó que el Dakar estaba repleto de gringos ante los que él y Evo Morales se estremecieron.

Con la sinceridad que le caracteriza, Evo Morales, mientras declaraba a Bolivia “la capital mundial del Dakar”, decía que la carrera “nos hace olvidar problemas económicos, nuestras diferencias políticas”.

Cierto. Durante cinco días, muchos seguramente se olvidaron que no tienen agua. Durante ese tiempo, no  hubo protestas blancas, pero tampoco hubo votos azules. Sólo hubo cinco días de fiesta.

*Mery Vaca es periodista
Twitter:  @meryvaca