Opinión

10 de octubre de 2017 15:04

Transiciones políticas opositoras


Vivimos unos meses en los que el debate político es más contundente que otras aristas, a riesgo de ganarme un par de piedras encima, viendo el vaso medio lleno una apreciación clara es la que hoy cada vez más gente habla y sabe de nuestra Constitución. Un siguiente nivel es la demanda por la defensa democrática, múltiples interpretaciones con lo que se conoce como parte de los hechos alternativos.
 
Como el principio democrático nos empuja a ser plurales y sobre todo, como la extensión en este tipo de escritos tiene un límite, quiero centrarme en la puntualización acerca de qué escenario tenemos dentro de nuestras oposiciones políticas en el país como parte de una futura transición. La tesis de fondo es la siguiente, los actuales líderes políticos de oposición son funcionales al Presidente Morales, luego todos tienen sus matices que siguen a continuación:
 
Víctor Hugo Cárdenas, con un rol simbólico muy bajo y con un relato muy antiguo que suena añejo y poco atractivo. Jorge Quiroga, se nota en perspectiva de once años que fue haciendo escuela respecto a sus opiniones y estrategia política. Su mayor carta a día de hoy es la cercanía que tiene con el Secretario General Almagro de la OEA.
 
Rubén Costas y Luis Revilla, juntos están experimentando una suerte de acercamiento con miras a salir de sus espacios geográficos en los que se desenvuelven (La Paz y Santa Cruz, respectivamente). Aunque el que tiene más peso electoral y estructura territorial es Costas, la oportunidad que tiene es la de demostrar con el ejemplo planteando alternativas de futuros candidatos para la presidencia del Estado como un ejercicio de democracia interna en sus propias organizaciones.
 
Samuel Doria Medina, si hay una oposición política que le es taxativamente funcional al gobierno esa es la que representa Doria Medina, por eso de cuando en cuando se lo amenaza con juicios para que de alguna forma no pierda vigencia y no haya dudas que es la alternativa en la oposición. Samuel juega a que el resto de líderes políticos de la foto vayan diciendo que no se presentarán y así proclamarse futuro candidato sumándose todos a su alrededor.
 
Carlos Mesa, probablemente el que tiene más opciones, sin embargo hay algo que juega en su contra y es que se prevé que quien gobierne después de Evo tendrá que administrar un periodo de transición bastante complejo porque se pueden mezclar variables muy volátiles en Bolivia como son lo económico y lo político. Para manejar una transición será necesario de un líder más león que zorro.
 
Por tanto, tenemos las siguientes dos dimensiones: Escenario a: empujar a la auto destrucción del gobierno, sin plantear transformaciones de fondo, aquí la figura es similar a tener pequeños reinos. La tesis que se sostiene es que hoy impera el líder más fuerte, no el líder más programático, sino el político que espera su turno para gobernar, que se sienta a la espera de que el modelo implementado en estos casi once años caiga, para reemplazar un liderazgo por otro.
Escenario b: plantarse en el nivel del activismo político, con la arenga de que Venezuela está cada vez más cerca. Aquí las movilizaciones de oposición son una especie de simulacro de batalla sangrienta pero que no se evidencia que nos conduzca a un cambio de fondo, sino simplemente de forma.
 
En ambos escenarios descritos, depende de cómo la élite política se relacione con la clase media, para definir si existe algún grado de variación y si la élite estigmatiza a los estratos bajos de la sociedad o los moviliza como un movimiento populista.
 
Todo se resume a que cada vez hay más razones por las que la gente se va distanciando del gobierno, en las ciudades sobre todo; pero paradójicamente no existen razones por las que se podría votar por la oposición. No están aprovechando el momento en el que el oficialismo se encuentra operando anclado en la defensa legal de la democracia, abandonando el componente participativo y movilizador que le dio cuerpo suficiente para gobernar en solitario. Por eso la tesis del recontra fondo es que es necesario un cambio generacional de la élite del poder.
 
Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario