Opinión

7 de julio de 2017 09:48

Divino consenso


Como un acuerdo entre todas las personas que pertenecen a una colectividad, así define la wikipedia al consenso, por eso el título de la columna de verlo como una divinidad; porque ni antes, ni ahora es posible pretender que la humanidad alcance esto. Sin embargo, de ahí a pensar que no hay salida porque así nomás es la sociedad creo que es un atajo demasiado fácil de tomar, en un nivel mínimo que sirva de ejemplo para respondernos si es que un pueblo va por la búsqueda de alcanzar cierto tipo de consenso, quisiera rastrearlo a partir de algunas características generacionales.

De cara a las próximas elecciones generales de 2019 estamos frente a una paradoja como sociedad cuya determinación viene dada por dos elementos:

El elemento a: Hay toda una generación que nace a la vida política (votando) conociendo que un candidato ganó por mayoría absoluta en todas las elecciones generales a las que se presentó. Pero además, en las últimas elecciones subnacionales los candidatos triunfantes lo hicieron igualmente cual arrolladoras en muchos casos de ciudades capitales.

Es decir, estamos frente a una generación que entiende que la regla democrática es que se hace lo que la mayoría manda, no lo que podríamos dialogar sentándose entre distintos y ver alternativas programáticas al proyecto de país.

El elemento b: Sumado a lo anterior, esa generación al mismo tiempo nace a la vida política expresándose a través de canales de comunicación más acelerados y abiertos que hace veinte años atrás, o sea: las famosas redes sociales; ámbitos que aquellos que las defienden sostienen que son expresión práctica de la ampliación democrática y de esta suerte de democracia deliberativa.

No señores, vivimos en esas redes reforzando nuestro círculo de gente alrededor de aquellos que nos aplauden y lanzando ladrillos a quienes se animan a expresar pensamientos distintos al nuestro.

Por tanto, la mezcla del elemento (a) con el (b), no avizora un futuro más optimista en relación a la construcción de algún tipo de acercamiento que sea expresión de tolerancia y pluralismo; es más sombría la cosa cuando detrás de esta generación tienes otra que asocia peyorativamente mal la idea de las alianzas o coaliciones por decir lo menos: democracia pactada.

Los antiguos decían que la virtud era la búsqueda constante de conocimiento a partir de la duda, en eso se fundamenta su vida en colectividad. Dadas las sociedades más diversas y complejas de hoy quizá ahora la virtud pueda ser asociada con la búsqueda del consenso pero en un espacio donde la regla no sea la imposición de la mayoría, ni tampoco la división binaria amigo-enemigo, sino ponernos a hablar y negociar intereses… pero intereses programáticos. De lo contrario vamos sumando una secta más: la del divino consenso.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario

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