Opinión

5 de mayo de 2017 11:13

La diplomacia extraviada


Si S.E. está convencido que gobierna en una potencia latinoamericana (centro energético del continente, mejor economía y ausencia de analfabetos) y que por tanto puede hablar de tú a tú con cualquiera; y si el Vice anuncia que para el año 2020 estaremos exportando tanto como Chile y de paso con salida al mar, quiere decir que estamos mirando el panorama con óptica extraviada. Pero si el ex canciller David Choquehuanca no se apartó de la hechicería y el encantamiento aymara durante más de una década, y su sucesor, Fernando Huanacuni Mamani, resulta que es experto en cosmovisión ancestral y maestro en artes marciales chinas (shaolin), estamos fritos, porque en el Palacio, políticamente, el lente está atrofiado y a nivel diplomático más nos valdría dedicarnos a la nigromancia y a las patadas voladoras.

La posición boliviana en la ONU en defensa del régimen dictatorial sirio y nuestro inútil sacrifico por Maduro en la OEA, nos lleva a pensar que hemos extraviado el camino, que nos hemos apartado de lo que percibe y siente la comunidad internacional y que la factura que nos van a pasar será muy cara. Desde ya, eso de que S.E. esté apoyando a Maduro “en nombre del pueblo boliviano”, no lo podemos aceptar. Que apoye a su amigo en nombre de los masistas bolivianos es otra cosa, pero que no nos avergüence al resto. Yo protesto por mí desde estas páginas.

Desde el momento en que se respalda a Al Assad y a Maduro, Bolivia está jugando a perder. Lo de Siria se trata de una masacre terrible que viene de años y que se solucionará a nivel de las grandes potencias. Nadie le va a pedir su opinión a Sacha Llorenti. Y lo de Venezuela, todavía sin mucha sangre, es algo que no tiene escape para Maduro: se tiene que ir. En su desesperación está tratando de ganar tiempo convocando a una Constituyente para transformar el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico. Lo que desea en el fondo es buscar un Parlamento Comunal para callar “legalmente” a la heroica Asamblea Nacional.

Venezuela se ha retirado de la OEA porque la iban a echar. Y ahora resulta que ni en la CELAC puede conseguir una resolución favorable por la ausencia de siete países. Las ausencias en diplomacia no son casuales. Le sucederá lo mismo en UNASUR. Y hasta en el ALBA se van a ir sumergiendo todas las islitas que recibían petróleo barato. ¿Y Bolivia? ¿Qué haremos con los discursos exaltados y la mentalidad de nigromantes de quienes nos conducen? Ya es hora  de pensar como Estado serio y dejar de lado los fetichismos.

Por Manfredo Kempff