Opinión

1 de octubre de 2017 09:21

Turismo insostenible


Los ciudadanos somos testigos de las decadentes declaraciones de autoridades nacionales. El primer mandatario se ocupa de quienes hacen caca en el bosque, porque ya olvidó cómo son las letrinas en su altiplano natal. Se suma el senador que habla de baños en Washington porque no se informa cómo andan las cosas por casa.

La escatología no es algo nuevo entre los conductores del proceso de cambio y hay un librito best seller que recopila esos dichos. La escatología en su significación más olorosa y no la otra traducción que hace referencia al estudio de la eternidad.

Sería más interesante que se ocupen de investigar y mejorar los llamados servicios higiénicos a lo largo y ancho de la geografía nacional, ya que el tema tanto los inquieta. Un estudio de UNICEF en Trinidad revela cómo las condiciones de los excusados en los colegios son una agresión al pudor y a la dignidad de las adolescentes.

Los turistas son los que más sufren, sobre todo los que están acostumbrados a un aseo decente. Un recorrido por los pueblos más emblemáticos en el ingreso de visitantes es casi horroroso. Por ejemplo, en Copacabana, donde, salvo los mejores hoteles, el forastero debe usar un baldecito para echar agua al inodoro y para lavarse las manos, sacando agua de un turril sucio. Situación que se repite a lo largo de la ruta hasta La Paz en las cuatro horas de viaje.

En el hermoso Salar de Uyuni la experiencia es igual, los buses no tienen baños y el tren de la Ferroviaria Andina ofrece un servicio espantoso. Al llegar al gran centro turístico, el viajero no encuentra ni buenos baños, ni buenos restaurantes y el desorden es otro reflejo del descalabro nacional.

En BOA ni los baños de primera clase en los aviones alquilados para la ruta a Europa tienen jabón líquido y toallas de papel suficientes. Lastimosamente la gentileza de sus empleados no suple los crecientes problemas como la suspensión de vuelos en todo el verano del norte y las últimas cancelaciones. El aspecto de los baños suelen ser el umbral de la buena administración en cualquier empresa.

En el supuestamente principal aeropuerto en Santa Cruz de la Sierra no funcionan los secadores, ni hay jabón ni papel, como denunció un viajero hace poco. En el flamante aeropuerto de Sucre ni siquiera hay un aparato eléctrico instalado.

La falta de previsión para atender las urgencias gástricas de los constituyentes y los usos y costumbres fueron uno de los choques culturales el 2007. Son muchas las historias que se podrían contar sobre los baños en Bolivia; son como su espejo.

Lupe Cajías es periodista