Opinión

14 de abril de 2017 16:30

Las cuentas con Venezuela


¿Qué motiva al gobierno boliviano apoyar a su par venezolano sacrificando las relaciones con sus vecinos principales y también alejando a potenciales aliados en diferentes foros internacionales? ¿Es una razón ideológica amparada en el llamado socialismo del siglo XXI? ¿Es la necesidad de supervivencia frente a un tablero tambaleante? ¿O es el temor de que futuras autoridades en  Miraflores investiguen a fondo qué hizo Hugo Chávez con los fondos públicos?

Incluso los datos oficiales de la deuda externa que tiene Bolivia con Venezuela son insuficientes. El 2006, Bolivia le debía 33 millones de dólares, cifra que en seis años subió en un 1.269%. El 2011, boletines institucionales, públicos y privados, aseguraron que La Paz debía más de 400 millones de dólares a Caracas, el 50 por ciento de la deuda externa bilateral; en esa gestión la deuda había crecido cerca de 100 millones, tanto a mediano y largo plazo. El país gobernado por Hugo Chávez era el mayor acreedor del país gobernado por Evo Morales.

En los años subsiguientes, paralelamente a la decadencia de la economía venezolana y al estallido de la crisis social y política, esos montos declinaron y, según el Ministro Luis Arce, se concentraron en el comercio del diesel. China pasó a ser el país que más presta a Bolivia, igual que Brasil.

Otros negocios entre ambas afiliadas al ALBA fracasaron como el intento boliviano de reemplazar mercados estadounidenses y europeos para manufacturas de alpaca, fracasos que dejaron en la calle a cientos de obreros textiles y quebraron cadenas productivas.

De otros asuntos se conoce menos, como es el caso de los pagos que entregaba Chávez para el programa “Evo cumple, Bolivia cambia” inspirado en otros modelos clientelistas. Recién hace un lustro el desaparecido Movimiento sin Miedo (MSM) y posteriormente Unión Nacional y los Demócratas exigieron cuentas sobre esos pagos no registrados.

Estudios de casos evidenciaron que las obras se entregan sin licitación y que algunas empresas (ejemplo pasto sintético) se benefician de ese desorden. Pese a los pedidos, la Contraloría del Estado informó que apenas auditaría seis proyectos “porque no tiene personal”. Es así que no existe redición de cuentas del despilfarro- muchas obras fracasaron- y no tenemos el dato duro para saber desde La Paz cuánto entregó Caracas.

El otro tema es más oscuro, el financiamiento político desde el intento de crear un “movimiento bolivariano” hasta las campañas del MAS. El bunker de Obrajes tiene mucho que contar; curioso antes siempre lleno, ahora mustio.

Lupe Cajías es periodista.

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