Opinión

10 de julio de 2017 16:43

De Giazantep a Osmaniye


Al aeropuerto de Gaziantep llegan pocos turistas, a pesar de la importancia de la antigua región hitita. Antep, llamada “la veterana” por su valor en la guerra de la independencia turca, era parte de la gobernación de Alepo durante el imperio otomano. Es preciosa en sus calles, parques y celajes, pero es a la vez una concentración secular de los conflictos porque ahí se cruzaron musulmanes, cristianos, protestantes y luego judíos sirios. La habitaron descendientes de griegos, romanos, turcomanos, kurdos, armenios, armenios gregorianos. Hace poco un suicida de doce años, reclutado por Daesch, ensangrentó la boda de novios kurdos.

Ahí funciona el Centro de Protección Provisional Öncupinar para albergar refugiados. A más de 200 kilómetros está otro centro en la provincia de Osmaniye, cada vez más cerca de la frontera con Siria. Aumenta el control policial y militar. Es un refugio más acomodado, con cuatro escuelas, dos mezquitas, seis mercados, dos centros de salud totalmente equipados, cuatro campos deportivos y cinco parques infantiles.

Hablan entre los periodistas, varios colegas cuentan experiencias. Umut Ozlu ayuda a la televisión china como camarógrafo, tiene en su camiseta la leyenda: “We want peace”. Hace poco un convoy de refugiados fue atacado con un coche bomba y en otro campo, en Irak, mataron a los asilados. El más veterano es el italiano Pietro del Re, de “La República”, ha estado en casi todos los conflictos de los últimos 30 años y se prepara para ir a Sudán del Sur.

Comentan la preocupación del gobierno colombiano por la creciente llegada de refugiados venezolanos. Al parecer una comisión de ese gobierno latinoamericano visitó Turquía para aprender cómo manejar estas crisis humanitarias. Colombia es el país con más desplazados dentro de sus fronteras; ACNUR calcula que desde 1997 hasta 2013, 5.185.406 colombianos fueron obligados a salir de sus hogares.

Ahora miles de venezolanos cruzan diariamente la frontera, algunos llegan hasta Medellín o Cali. Hay campañas en la sociedad civil para recibir a estos refugiados del socialismo del Siglo XXI; algunos dicen, “para devolver lo que debemos a los venezolanos” que por décadas dieron trabajo a colombianos.

También se informa que en México suman miles los desplazados por la violencia política, desde el levantamiento en Chiapas y ahora por el narco. Así que Latinoamérica no está lejos de esa realidad.

Pasamos a Sanliurfa, a pocos kilómetros de la frontera, más cerca que El Alto a mi casa. Cualquier incidente, un error, puede provocar la expansión de la guerra. Tensión.

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