Opinión

1 de septiembre de 2017 11:30

Ambulantes y desarrollo


El ordenamiento de las personas que trabajan en las calles paceñas tiene un alcance estratégico para el desarrollo de la ciudad, que grupos de los llamados “falsos pobres” y la visión de economía ilegal masista no alcanzan a comprender. Alientan protestas y presiones por razones políticas inmediatas, sin dimensionar cómo aquello afecta al propio discurso del gobierno central y sus planes económicos y sociales.

El daño más visible es al turismo, ítem que se presentó en informes anuales y ante la Asamblea Legislativa como una de las salidas para ampliar la base ancha de los ingresos nacionales. Sin embargo, desde las decisiones sobre las áreas protegidas, la ampliación de los cocales, el aliento a bloqueos carreteros, las actividades que afectan el transcurrir de una jornada laboral, el masimo se mete una bala en su propio vientre.

Los ambulantes, probablemente los más ligados al gran comercio ilegal, se autobloquearon por cuatro semanas porque seguramente sus ingresos económicos les permiten ese descanso. Las personas con trabajos legales, la mayoría de los vecinos, no pueden darse ese lujo. La zona más turística de La Paz se llenó de violencia.

La falta de aportes de quienes se escudan como pobres porque sus puestos de comercio no tienen dirección reconocida o porque acumulan puestos en los mercados, afecta igualmente a los servicios de salud o de limpieza. Gozan beneficios costeados por los cada vez menos asalariados o cuentapropistas registrados. La recuperación de Lima, de Quito, comenzó con sacar el comercio informal que ampara, además, la inseguridad.

La oficialista Defensoría del Pueblo a través de Teresa Zubieta (la misma persona involucrada en la toma de las oficinas de Derechos Humanos) apoyó la protesta contra el Gobierno Municipal porque “tienen derecho al trabajo”. Entonces, ¿por qué un conductor debe tener licencia de conducir, o un abogado estar empadronado?

En las esquinas de los teleféricos abundan los ilegales. Venden pan en la calle sin ningún carné, mientras al frente una panadería debe lucir el control sanitario, el control del peso y del precio y pagar salarios dentro de las normas establecidas. ¿Es ello justo? La venta de carne en las aceras es imposible desde hace un siglo en países vecinos. ¿Son carentes las carniceras de la Garita?

Hay al menos tres poblaciones prósperas que impiden la venta callejera y concentran el comercio en el mercado local: Yanacachi en La Paz, Santiago de Chiquitos en Santa Cruz, Villa Abecia en Tarija… y los vecinos viven tranquilos.

Lupe Cajías es periodista.