Opinión

1 de octubre de 2017 09:45

Voto castigo, el revés electoral y la pesadilla de todo político


El voto ya no es un premio sino más bien un castigo, estudios demuestran algunas tendencias de comportamiento electoral en las que claramente se ve que disminuye la fidelidad de voto, aumentan la inestabilidad, la fragmentación y la indecisión al momento de inclinarse por quién votar.

La animadversión y el descrédito de la política crecen en muchas partes del mundo, todo aquello que se asocia con la palabra política o político genera rechazo por todo lo que ello implica, para muchos es sinónimo de corrupción, autoritarismo, etc.

Slavoj Zizek observa que “asistimos a una nueva forma de negación de lo político: la posmoderna pospolítica, no ya solo reprime lo político, intentando contenerlo y pacificar la reemergencia de lo reprimido, sino que, con mayor eficacia, lo excluye”, entonces, no solo estamos ante el fin del poder, sino también ante el fin de la política como la conocemos hasta ahora.

El "voto castigo" se da contra las malas gestiones de los gobiernos y los ciudadanos tienen múltiples maneras de expresar su descontento, por un lado tenemos el voto nulo que es una práctica consistente en tomar una postura en contra del sistema político. Por otro lado tenemos el abstencionismo, donde los ciudadanos por falta de interés o hartazgo en los políticos de siempre, viéndolos a todos por igual, sin diferenciar las visiones, proyectos políticos o candidatos, deciden no asistir el día de la elección, al considerarlo una pérdida de tiempo.

Por último tenemos el voto castigo y al que más le teme un político, es cuando el ciudadano vota por el contrincante y los resultados muestran porcentajes muy bajos, poniendo en riesgo la continuidad del partido político en gestión, a esto le llamamos el “revés político”. Ocurre que en los últimos años, mucha gente sale a votar con el ánimo de castigar la mala administración de los gobiernos de turno.

Existen muchos factores para que esto ocurra, el desgaste y el deterioro, por ejemplo; los gobiernos con largos períodos de tiempo, inevitablemente tendrán que elegir entre mantener los mismos dirigentes como candidatos y arriesgar una derrota electoral u optimizar sus posibilidades de mantenerse en el poder bajando la guardia e introduciendo sangre nueva.

Los resultados de las elecciones en Estados Unidos para muchos fueron una sorpresa, en primera instancia para los propios especialistas en sondeos de opinión. Todo el mundo entró en shock en ese entonces.

Pero antes de hablar de un giro hacia el fascismo, los resultados de las elecciones en EE.UU. muestran que fue un voto contra algo, un castigo hacia quien se considera responsable, y del cual surge un rechazo. Esta vez el vencedor fue Trump, pero hubiera podido ser cualquier otro. 

Una gran parte del electorado de Clinton tenía poca ilusión en ella y su partido, pero sentía que la amenaza de Trump justificaba apoyarla, pero otra gran cantidad de la población decidió apoyar a los republicanos. En este sentido, la victoria de Trump parece ser un ejemplo más de lo que acontece a nivel internacional, hablamos del tipo de voto protesta del pueblo hacia posiciones en las que buscan alguna salida desesperada de tipo cortoplacista y no exenta de contradicciones.

Un ejemplo reciente lo encontramos en las pasadas elecciones en Alemania, donde la gran sorpresa fue la irrupción de un partido que salió en tercer lugar, después de los democristianos y los socialdemócratas y que por primera vez lograba espacios en el parlamento. Se trata del partido de la extrema derecha AfD: Alternative für Deutschland (Alternativa por Alemania) el gran vencedor de estos comicios.

El voto castigo a la gestión de Merkel se debe al terremoto político causado por la crisis de los refugiados y otros factores. La ira y el rechazo no son las motivaciones políticas ideales, pero son legítimas. Siempre ha habido el llamado “voto de castigo"; lo que más llama la atención es que el discurso populista encuentra a sus potenciales electores en el malestar ciudadano.

En Bolivia el 2005, el voto castigo fue un fuerte golpe a los partidos tradicionales por su mala gestión, se planteaba un nuevo escenario político en el que las organizaciones independientes y agrupaciones indígenas comenzaron a desplazar del poder a los antiguos partidos políticos, debilitados a partir de la revuelta popular de octubre de 2003 que sacó del poder al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. 

Podríamos interpretar y afirmar que con el resultado del 21 de febrero de 2016 el presidente de Bolivia, Evo Morales, también sintió el revés político, pues fue la primera vez en más de 10 años que perdió una batalla electoral.

Según Mons. Tito Solari, “El voto castigo a Evo, no se dio por el manejo de la economía, sino por su personalismo casi monárquico y sus arbitrariedades, que lo hizo aspirar a una presidencia prácticamente vitalicia e invencible”.

Sin duda otros factores como el caso Fondioc pusieron en duda la solidez del MAS, destapando el mayor escándalo de corrupción de la gestión de Morales, que involucró no sólo a dirigentes de organizaciones sociales afines al MAS, sino también, a altas autoridades del Órgano Ejecutivo.

Ivanna Torrico es comunicadora social y máster en Marketing Político