Opinión

5 de septiembre de 2017 09:40

Miguel Manzanera. Teología, vida y dignidad humana


Miguel Manzanera, sacerdote jesuita, es uno de nuestros teólogos vivos con un sentido profundo de la vida. Luchador incansable por la vida y dignidad del ser humano. En su teología, plasmada en muchas páginas de una ya extensa obra, se toman de la mano el humanismo católico y la sencillez, de una vida dedicada a la cátedra y el servicio al pueblo de Dios y los pobres, arraigado en su fe en el Dios de Jesús de Nazaret.

Mis recuerdos me llevan hasta esa década de los años 90, cuando la teología que se enseñaba en la hoy denominada Facultad de Teología “San Pablo”, pero en esos años Instituto Superior de Estudios Teológicos (ISET), gozaba de buena salud. Fueron años en los que la Compañía de Jesús puso sus mejores cabezas en la formación académica de los futuros clérigos de la Iglesia boliviana. Ha quedado en mi memoria figuras como Stanislao Just, Víctor Codina, Ferrán Manresa, Francisco Dardichón, Antonio Menacho, Ramón Alaix; se respiraban los aires del Concilio Vaticano II, de Medellín y Puebla, la teología de la liberación, en suma, una teología abierta al mundo. No quiero dejar sin una mención siquiera a Hans Van den Berg, cuyo aporte en ese centro de estudios fue incalculable. Los tiempos cambian. Hoy otros vientos soplan en las aulas del otrora ISET. En ese ambiente, Miguel Manzanera, hizo lo suyo. Creó la revista Yachay, el Instituto de Bioética, coadyuvó para la gestación de recursos en la construcción de la infraestructura actual. Fue uno de los pocos pensadores que escribió y plasmó su teología en muchos textos.

El teólogo de quien se corría la voz de ser un conservador, iba a su cátedra de Teología moral sexual y Derecho canónico, montado en una bicicleta y un gabán azul, hasta que su salud se lo impidió. Otro gran teólogo que pisó el ISET, fue el padre Luis Jolicoeur omi (+), quien también a bordo de una Phoenix llegaba siempre puntual a su cátedra. Alguna vez con esa humildad tan natural en Miguel Manzanera, escuché elogiar el trabajo de Jolicoeur sobre  El cristianismo aymara: ¿Inculturación o culturización?, como una de las investigaciones más serias que se han realizado en nuestro país. Con celo jesuita y la influencia de la filosofía tomista en su reflexión, Manzanera, jamás renunció a la colaboración entre razón y fe para justificar nuestra esperanza cristiana. Por eso en su proyecto filosófico-teológico razón y fe están estrechamente vinculadas.

Hace años atrás, luego de la lectura de su tesis doctoral acerca del pensamiento de Gustavo Gutiérrez, teólogo peruano de la liberación, le pregunté si continuaba sosteniendo un optimismo preponderante por el socialismo y su rol en la historia de Latinoamérica. Con esa honestidad intelectual, propia de un teólogo, respondió que no. Sin duda, Manzanera ha sido en estos últimos años uno de los críticos más consecuentes de actual régimen, aunque hoy vive en un opresivo silencio, no ha dejado de mermar su postura crítica. También en su momento criticó el neoliberalismo. No es gratuito en ese sentido su libro, Critica filosófica del neoliberalismo I y II. Por eso, desde una fe racional postuló una teología en favor de la vida y la dignidad humana, como condición de posibilidad para no caer en una frustración radical.

La teología de Manzanera nace también a raíz de su honda sencillez. A pesar de los muchos adjetivos que han caído sobre él: conservador, extremista, ortodoxo, neotomista, abogado del diablo y muchas otras críticas de grupos radicales a favor del aborto, la pena de muerte, o grupos marxistas de extrema izquierda, fanáticos y otros, nunca perdió su humildad. Es más. He sido testigo de su misericordia con aquellos caídos a la vera del camino por una u otra razón en la vida.

Su pensamiento pasó por una etapa, sobre todo en la década de los 90, de corte social. Finalmente aterrizó en la Nostridad filosófica y teologal, para concentrar todos sus esfuerzos en la bioética; pues, desde este frente, ha defendido en todas sus formas la concepción de la vida y la dignidad humana. Manzanera, junto a algunos de sus compañeros de la época dorada de la Compañía de Jesús en Bolivia, avanza despacio hacía la última curva del camino. Es justo nombrar su esfuerzo intelectual como una teología de la vida y la dignidad humana. Seguramente no ha sido ajeno en Miguel Manzanera, eso que decía el Cardenal Newman: «Que mis creencias soporten mis dudas».

Por Iván Castro Aruzamen