Opinión

7 de octubre de 2017 16:59

Es mejor dar que recibir


Siempre he creído que la máxima evangélica del título fuera observada escrupulosamente sólo por los boxeadores, pero recientes acontecimientos me han convencido que hasta preclaros exponentes del autodenominado “Socialismo del Siglo XXI” (SS21) la cumplen a la letra.

En efecto, el impresentable Diosdado (don de Dios, para colmo de la ironía) Cabello ha expresado su indignación, mediante un tuit, por la violencia “desmedida” de la policía española en Barcelona. Quisiera entender la angustia del sujeto por esos lamentables hechos, pero me indigna más su cinismo hacia los más de 150 jóvenes asesinados en Venezuela en las protestas de este año. ¡Su interés no es Barcelona, sino Madrid!

Por su lado, el ex Presidente del Ecuador, @MashiRafael, quien se ha puesto a buen recaudo en el exterior, ha reaccionado escandalizado ante el apresamiento del vicepresidente Jorge Glas, por evidencias de corrupción, tuiteando “Basta de la judicialización  de la política”. Obviamente, a él le gustaba darle duro a periodistas y opositores, pero hoy le cuesta recibir el peso de la justicia. ¡Su interés no es la justicia, sino sus acólitos!

Cuando en el 2008 cuatro departamentos de Bolivia, ante la renuencia del Gobierno del MAS a concederles mayor autonomía, realizaron un referéndum, fueron tildados de subversivos y anti patrias. Para contrarrestar ese movimiento se movilizaron columnas aguerridas de movimientos sociales de los valles y el altiplano para cercar a Santa Cruz, reabriendo históricas heridas. Hoy, con la coherencia propia del SS21, los mismos que despotricaban contra los referendos separatistas no ocultan sus simpatías por las medidas secesionistas de las autoridades catalanas. ¡Su interés no es Cataluña, es Rajoy!

La verdad es que para el SS21 no hay acciones buenas o malas, legales o ilegales. Todo depende de: ¿A quién favorece”?  Siguiendo la consigna de Hugo Banzer el día de su golpe: “Para los amigos todo, para los indiferentes nada, para los enemigos palo”, demuestran que, al margen de todas las caretas que les encanta ponerse, tienen capacidades éticas “diferentes”.

Asimismo, estamos en pleno litigio en el tema del mar y nuestro argumento príncipe es el “derecho expectaticio” que “puede ser fruto de una negociación aún no cuajada o como resultado de un acto directo al que una de las partes reconoce otorgador de derechos”. Se tiene la fundada esperanza de que los actos y declaraciones de Chile le otorguen a Bolivia derechos efectivos y eficaces.

Ahora bien, algo similar ha sucedido internamente, en el ámbito ético, con el tema de la reelección. Como fruto de negociaciones, se aprobó un texto constitucional, refrendado por referéndum, y acompañado de declaraciones explícitas del Presidente Evo de que acataría la norma (como si fuera necesario decirlo). Pero no lo hizo, al contrario se inventó la creación de un nuevo Estado. Luego vino el Referéndum del 21F para modificar el artículo 168 de la CPE. El pueblo dijo NO a esa pretensión y, otra vez, Evo aseguró respetar la voluntad popular. ¡Pero no! Faltando otra vez a su palabra y burlándose de la “expectativa” del pueblo y de los políticos, incluso de su partido, los inquilinos del poder se resisten a acatar las reglas de la democracia. De hecho, les encanta dar (en Bolivia), pero no recibir (en la OEA).

De ese modo han creado un clima de inseguridad jurídica y política que, si bien no incide en la demanda de La Haya, sí daña al país ante la comunidad internacional. ¡Por algo estamos a la cola del ranking de competitividad de los países!

En efecto ¿qué confianza puede tener una empresa para invertir en un país en el cual ni el propio Presidente respeta los compromisos y la palabra empeñada?

Francesco Zaratti es físico

Twitter: @fzaratti